8 Claves para entender los ciclos de lecturas de la Misa

  • ¿Qué es eso de los Ciclos litúrgicos A, B y C?…Hoy que comenzamos nuevo Año Litúrgico con el Ciclo A, sacerdote liturgista nos explica esto del “libro llamado Leccionario”…

 

 

Pbro. Francisco Galo Sánchez

Para muchos de nosotros -sobre todo aquellos que no han asistido a cursos de Liturgia- leccionario es una palabra hasta cierto punto novedosa. Lo es para la mayoría de los cristianos.

 

  1. Algo de historia

A partir del Concilio de Trento se empezó a tener un mayor control en la difusión de la Palabra de Dios, sobre todo por la amarga experiencia tenida con el grupo encabezado por Martín Lutero y después sus seguidores. La Iglesia, sin querer, empobreció mucho su lugar en la Liturgia.

Había muy poca vari

edad. Se leía casi lo mismo y en latín, lengua que cada vez se hablaba menos. Para colmo, la lectura de la Palabra se fue considerando como opcional, tanto así que cuando se terminaba la misa, se leía en la sacristía un fragmento del Evangelio de Juan, como acción de gracias.

Sin querer se fomentó una separación cada vez más grande entre el Pueblo de Dios y su acceso a la Palabra; su posibilidad de escucharla, entenderla y como consecuencia, ¡menos practicarla!

La teología se fundamentaba principalmente en estudiar la obra de Santo Tomás conocida como Suma Teológica, porque era un compendio de toda la doctrina. Hasta el mismo Catecismo para los niños era un aprenderse conceptos, saberlos de memoria, pero no usar la Biblia.

 

  1. Movimiento bíblico

Antes del Concilio Vaticano II, se dio un movimiento Bíblico muy fuerte, sobre todo, con los cristianos no católicos, Se despertó mucho interés por difundir la Biblia y tener acceso a ella. Así, la Iglesia se dio cuenta de que tenía que modernizarse y recuperar su tarea de conocer y anunciar a Jesucristo, sobre todo a través del Evangelio.

Reunió a especialistas en aquellas disciplinas importantes y les pidió poner al día el lugar de la Palabra de Dios en la Liturgia. Consultando su historia y aquellas obras en donde se tenía la práctica perdida, se buscó la manera de actualizar y adaptar mejor la importancia y uso, dando por resultado tres libros conocidos como: Leccionario.

 

  1. Jesucristo en el centro

En este esfuerzo, la Iglesia vio importante poner a Jesucristo siempre en el centro. Su Palabra y acciones tenían que servir de inspiración para el creyente. Reunió dicho material en un solo libro, dándole el nombre de Evangeliario, porque era el libro que contenía las Palabras del Maestro.

Por su valor lo destacó, haciéndolo resaltar mediante algunos pequeños signos, como llevar el libro en procesión en la misa, y que es el único que inciensa y besa el ministro.

 

  1. Tres ciclos

La Palabra de Dios reconocida y aceptada en Trento, debería ser escuchada y meditada por el Pueblo de Dios, pues estaba en su derecho. Fue entonces que se buscó lo más sencillo y pedagógico.

Para ello se distribuyeron los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) en tres ciclos, por tener una base común y seguir un esquema muy semejante que lo facilitaba. Luego se decidió distribuir el Evangelio de Juan entre ellos, por ser más empleado en la Liturgia, y sobre todo completando al de Marcos, que es el más breve. Para diferenciarlos se les asignó una letra: el “A” para Mateo, el “B” para Marcos y el “C” para Lucas.

No faltan los comentarios de los especialistas que a cada ciclo le ponen algún adjetivo o característica, queriendo así resaltarlo o darle alguna peculiaridad. Desde luego eso está bien, pero no es necesariamente el criterio empleado para haberlo seleccionado.

 

  1. Biblia completa

La palabra Ciclo quiere decir que es un grupo concreto que tiene un comienzo y un fin, pero no por eso pierde su carácter de Buena Nueva.

Siguiendo la tradición heredada por los judíos en tiempos de Jesús, cuando acudían los sábados a la sinagoga para leer la Ley y los Profetas, también se buscó aquellos pasajes relacionados con el Evangelio seleccionado, con el fin de darle su lugar al Nuevo Tes

tamento, pero de modo independiente.

Se seleccionaron aquellos textos más convenientes, pero de ninguna forma todo el libro o de un modo continuo, más bien, sólo lo relacionado con el Evangelio.

Así, en tres años se podía tener una lectura de toda la Biblia, pero sólo de los momentos más importantes.

 

  1. Sintonía de lecturas

A la Primera lectura se le acompañó de un salmo o un cántico, como respuesta y ayuda para retomar lo enseñado en el texto leído. De este modo a la escucha de la Palabra de Dios, se respondía con la misma Palabra. Así estamos en sintonía.

Además se establecieron dos tipos de textos: una para entre semana, (días feriales en la Liturgia) que se diferencian de los textos dominicales.

 

  1. Una visión general

Luego, como la Palabra de Dios es muy rica y abundante, es difícil escuchar todo en un sólo momento. Por ello se vio conveniente sub dividir la lectura en dos: uno para los años pares y otro para los impares, dependiendo del último número del año civil. Pero esta división no fue aplicada en los Evangelios.

Así, si uno acude a la Eucaristía de lunes a sábado, en dos años tendrá una visión general de toda la Palabra de Dios, pues escuchó los pasajes más importantes.

 

  1. Excepción en la Pascua

En el tiempo de Pascua, se hizo una excepción, se optó por seguir la hermosa tradición de escuchar el libro de Los Hechos de los Apóstoles, por eso es el único tiempo en que se leen solamente lecturas del Nuevo Testamento.

Para cada tiempo litúrgico, se buscaron lecturas propias de lo que la Iglesia vive, para así iluminar mejor el andar de la comunidad que peregrina. También es lo más adecuado para los demás sacramentos y santos o aquellas solemnidades eclesiales importantes.

 


Un Esquema práctico

 

*Los domingos se dividieron en tres ciclos, que se denominan A, B y C; terminado un año C, se vuelve a A. Qué letra le corresponde a cada año se saca del calendario litúrgico, este año, 2017, toca la letra A.

 

* Durante los años A se leen unas lecturas, en los mismos domingos del año B se lee otro juego de lecturas, y durante los mismos domingos del año C se lee otro juego de lecturas, por ejemplo, supongamos los domingos de Pascua:

 

* En los tres ciclos se lee de primera lectura Hechos de los Apóstoles, de modo que en tres años, yendo sólo a las misas de domingo del tiempo Pascual, hemos escuchado al menos una vez prácticamente todo Hechos de los Apóstoles.

-En el ciclo A se lee de segunda lectura la Primera Carta de Pedro

-En el ciclo B la Primera de Juan

-En el ciclo C partes del Apocalipsis

 

* En cuanto a los Evangelios, en los tres ciclos se lee Juan (pero no las mismas lecturas cada año)

* Durante el año, se sigue el orden de los evangelios sinópticos: en el ciclo A se lee Mateo, en el B Marcos y en el C Lucas, y vuelta a empezar; Juan se va leyendo intercalado en los tres.

De este modo, quien participe de la misa dominical, en tres años ha escuchado leer (caso de que el lector vocalice y se le entienda algo, cosa que de por sí requeriría una especial y milagrosa intervención de Dios en las parroquias del Orbe) casi todo el Nuevo Testamento y partes sustanciales del Antiguo.

La rotación ha sido así:

Año 2014: Ciclo A

Año 2015: Ciclo B

Año 2016: Ciclo C

Año 2017: Ciclo A

Año 2018: Ciclo B

Año 2019: Ciclo C

Año 2020: Ciclo A

Y así sucesivamente los años posteriores….

 

 

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