Acompañar, discernir e integrar a la familia

Les saludo con grande afecto y seguimos platicando temas de importancia para todos. En esta ocasión quiero cerrar el estudio, la reflexión en torno a la exhortación del papa Amoris Laetitia en sus últimos dos capítulos, octavo y noveno.

El octavo “Acompañar, discernir e  integrar la fragilidad” y el último capítulo “Espiritualidad conyugal y familiar”.

En el capítulo octavo el papa utiliza esos tres verbos: acompañar. Hay que acompañar a la pastoral familiar con todos los desafíos, con toda la fragilidad a la cual se ve expuesta la familia. Necesitamos nosotros como Iglesia, como pastores, organizar una necesaria gradualidad en la pastoral para acompañar a la familia, apoyarla, estimularla, defenderla,  iluminarla en todo sentido.

El papa utiliza otro verbo: discernir. Es muy importante este verbo que el papa nos invita a reflexionar, nos cuesta trabajo discernir, reflexionar a la luz de la palabra de Dios y de la fe sobre las realidades del mundo y la familia, una realidad  social, eclesial muy importante para nosotros, dice el papa. Por eso nos invita a que como Iglesia busquemos herramientas para que todos reflexionemos, un discernimiento  profundo sobre la importancia y valor de la familia para alejarla de los peligros, defenderla de los ataques y promover el valor de la misma.
El último verbo que utiliza en este capítulo es integrar. Tenemos que buscar una pastoral que integre. En nuestra diócesis hay muchos movimientos, muchas iniciativas a favor de la familia, inclusive también en la sociedad, ¡qué bueno! qué bueno que haya muchas iniciativas, pero haremos más en la medida en que estemos integrados. Integrar todas las iniciativas en una sola línea, en una sola acción pastoral para que así con fuerza, sociedad e Iglesia, luchemos siempre a favor de la familia.

Matrimonio cristiano

El papa es muy claro, con todo ese estudio de los anteriores capítulos se confirma qué es el matrimonio cristiano, que hay que anunciarlo, hay que darlo a conocer en todas partes y se agrega que otras formas de unión contradicen. Lo dice muy claramente el papa. Son palabras muy  fuertes: otras formas de unión contradicen radicalmente este ideal de familia que Dios, desde la creación, nos ha dejado como modelo y como modelo, sin duda alguna está la Sagrada Familia: San José el esposo, María la esposa,  padres entrañables y Jesús el Hijo de esta Sagrada Familia.

Por tanto, la Iglesia no deja de valorar todos los elementos  constructivos que ayuden al fortalecimiento de la familia en nuestros  tiempos. No podemos negar, dice el papa, que hay situaciones irregulares que hay que atender, acompañar. Por eso acompañar, discernir, orientar.

Es necesario estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición, continúa diciendo el papa. se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial para que se sienta objeto de una misericordia inmerecida,  incondicional y gratuita.

Misericordia en la familia

Estamos en el Año de la misericordia y sin duda alguna el papa nos invita, te invita a tí, me invita a mí, a todos a mostrar deveras actitudes de misericordia para con todos, pero en relación a la familia. Es ahí, ahí en la propia familia donde tenemos que comenzar  a vivir la misericordia, comprensión,  acompañamiento,  tiempo,  dedicación,  estudio,  espiritualidad,  sanación,  integración,  fortalecimiento,  valores. Entonces son estrategias, gracias de misericordia que todos tenemos que ir viviendo en relación a la familia.

Más adelante, en general, el papa hace una afirmación muy importante para comprender la orientación y  el sentido de esta exhortación que hemos venido estudiando. Dice el papa, si se tiene en cuenta la innumerable diversidad de las situaciones concretas que viven las familias,  puede comprenderse que no debería esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa pastoral de tipo canónico, aplicable a todos los casos. Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento pastoral y personal de los casos particulares. No esperemos grandes cambios canónicos, ya sabemos lo que tenemos que hacer  ya  tenemos bien claro los lineamientos del Magisterio iluminados por la palabra de Dios para ponernos a trabajar en torno a la Pastoral Familiar.

Espiritualidad conyugal

En el último capítulo, el noveno, el papa dice que todo cristiano, todo hombre de fe, todo ser humano necesita tener una base espiritual, una espiritualidad fuerte cimentada en Dios y la familia no es la excepción. Toda familia debe estar cimentada en Dios, en la Santísima Trinidad. Ya lo veíamos desde un principio, el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, cimentada en Cristo que nos redimió y nos salvó, entregó su vida por nosotros y en el modelo muy humano de la Sagrada Familia de Nazareth,  San José,  la Virgen María y el niño Jesús.

Este último capítulo está dedicado a la espiritualidad conyugal y familiar. La familia tiene muchas tareas: los hijos, el trabajo, los amigos, los parientes, la diversión, lo cultural, lo deportivo, y está metida en tantísimas actividades. Pero a veces descuidamos una muy importante: la vida espiritual, la oración en familia,  la reflexión de la Palabra de Dios en familia, acudir a la Eucaristía los domingos,  inculcar la fe,  el rezo,  es importante. Yo los invito, queridos hermanos, queridos hijos en Cristo, a todas las familias cristianas: recuperemos esa espiritualidad familiar. Hoy hay el peligro de la dispersión,  dispersarnos  los papás por un lado, los hijos por otro, cada quien sus ocupaciones. Y yo los invito a que dediquemos tiempo a la espiritualidad, la fe, la fe es la que nos sostiene, Dios el amor de Dios que sostiene a nuestras familias.

Dice el papa a propósito de esta espiritualidad conyugal y familiar hecha de miles gestos reales y concretos, quienes tienen hondos deseos espirituales no deben sentir que la familia los aleja del crecimiento en la vida del espíritu, sino que es un camino que el Señor utiliza para llevarles a las cumbres de la unión mística, es decir, la espiritualidad es fuente de amor, fuente de vida y al ser fuente se convierte en camino, como un proyecto donde la familia encuentra a Dios,  vive a Dios,  goza,  descansa,  festeja,  celebra,  vive todos los  acontecimientos integrados de familia a la luz de la fe, a la luz de Cristo que murió y que resucitó para salvarnos.

Familias imperfectas

En el último párrafo el papa afirma: ninguna familia es una realidad perfecta y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar. Ésa es la espiritualidad, no somos perfectos, una familia no es perfecta, pero vamos en camino, en una progresiva maduración en la capacidad de amar. Todos estamos llamados a mantener viva la atención hacia un más allá de nosotros mismos y de nuestros límites  y cada familia debe vivir en este estímulo constante.
Concluyo con estas palabras del papa: caminemos familias, sigamos caminando, no desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido. Les saludo con afecto y les pido que sigan retomando el estudio y la reflexión de esta exhortación del papa, que sea un manual que tengamos ahí en la mesa, en el escritorio, en el buró, para que continuamente la reflexionen  y la pongamos en práctica cada día. Les doy mi bendición en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.         

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