Adviento: se hace tarde y anochece

P. Eduardo Hayen Cuarón

 

«Se hace tarde y anochece» es el último libro del cardenal de Guinea Roberth Sarah, prefecto para la Congregación del Culto y la Disciplina de los Sacramentos. El libro es un grito del alma —así lo describe su autor— ante la crisis que vive la Iglesia, y cuyos frutos más amargos han sido los escándalos de pederastia de los últimos años por una parte del clero. En la introducción del libro el cardenal Sarah afirma, con un lenguaje directo, que en estos momentos históricos, la Iglesia está viviendo el misterio de Judas, es decir, el misterio de la traición.

Son palabras duras las del cardenal, pero reales. Ante ello no podemos permanecer pasivos. Hemos de ser conscientes de que sin una conversión personal desgarraremos el Cuerpo de Cristo. En este Adviento fomentemos el amor a la unidad que Jesús quiere para su Iglesia. Podríamos decir que la espiritualidad de la subida, de la peregrinación, es la propia de este tiempo de preparación para recibir al Señor. En su libro el cardenal Sarah propone un camino en cuatro itinerarios o momentos para no desanimarnos ante la crisis eclesial en la que nos encontramos. Así que podemos reflexionar sobre ellos y tratar de afianzarlos en nuestra vida durante el Adviento.

La oración. Si la Iglesia no recupera el espíritu de oración, va hacia su perdición. Mucho nos dedicamos a realizar proyectos pastorales y nos abalanzamos en el frenesí del activismo eclesial: retiros que predicar, homilías que preparar, juntas y reuniones para hacer muchas cosas en las parroquias y grupos. Pero si no recuperamos largos momentos de oración junto al Señor, para adorarlo silenciosamente, terminaremos por traicionarlo. Adviento es un tiempo para recuperar el amor a la oración y preparar el camino al Señor.

La verdad católica. En estos días los obispos alemanes se han aventurado a realizar un sínodo –el Sínodo de Alemania– que, según opiniones de algunos analistas, amenaza con la ruptura de la unidad católica. Una gran tentación de obispos, sacerdotes y laicos es adecuar el catolicismo al espíritu del mundo –el que Cristo condenó– y hacer una Iglesia liberal para estos tiempos. Adviento nos invita a afianzarnos en la verdad católica, sin miedo a la solidez de la enseñanza de la Iglesia sobre los temas más controvertidos, sabiendo que esta verdad, aunque a veces nos incomode, nos conduce hacia la plena libertad.

El amor al papa. «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia», dijo el Señor. Al pescador de Galilea Jesús le entregó las llaves del Reino de los Cielos, así que la figura de san Pedro, representada en el Santo Padre, es signo de unidad para toda la Iglesia. Donde está Pedro ahí está la Iglesia. Podremos simpatizar mejor con unos papas que con otros, pero ellos tienen una asistencia especial del Espíritu Santo para conducir a todo el rebaño hacia la Casa del Padre. En Adviento puedo rezar más por el papa, pero también puedo unirme más a mis sacerdotes, pidiéndoles la fe católica y la vida divina por los sacramentos.

La caridad fraterna. Nuestra Iglesia Católica es un bello mosaico de espiritualidades, carismas, movimientos. Pero a veces se levantan divisiones, incluso se pueden despertar fuertes resentimientos y hasta rencores entre diversas facciones de ese gran calidoscopio eclesial. Esto desfigura a la Iglesia. «Yo soy Cristo a quien tú persigues», dijo el Señor a Saulo, haciéndole ver que Él estaba vivo en sus miembros. El Adviento nos invita a mirarnos con benevolencia y a descubrir la riqueza que hay en unos y en otros. Recordemos que la subida hacia la Casa del Señor es siempre en comunidad, nunca en solitario.

Finalmente el cardenal Sarah nos invita, en la introducción de su libro, a postrarnos ante ese gran fresco de la Capilla Sixtina llamado «El Juicio Final» de Miguel Ángel. Hagámoslo con la imaginación y en la oración. Contemplemos al Cristo que vendrá a juzgar la historia y a cada uno de nosotros. En el mural están los condenados, las almas saliendo del purgatorio y la Iglesia del Cielo con los coros angélicos, los mártires, las vírgenes y todos los santos. Jesús nos pregunta lo que a san Pedro: ¿me amas? Si tu respuesta y la mía son positivas, entonces miremos a Jesús que nos sonríe invitándonos a ir a habitar en su casa. Feliz tiempo de Adviento.

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