En estos días el gobierno del Estado de Chihuahua y el gobierno del Municipio de Ciudad Juárez están abriendo paso a nuevas administraciones. Con esperanza los chihuahuenses vemos la llegada de Javier Corral y de Armando Cabada al poder que Dios, a través del voto popular, les confiere. Siempre que hay un cambio de gobierno se levanta en el corazón de los ciudadanos el deseo y la esperanza de que el futuro sea mejor a través de los nuevos dirigentes. Pero, ¿qué debe haber en el corazón de Corral y de Cabada para que sus gobiernos sean buenos?

La primera virtud en el alma de un político es el amor. En sus campañas Corral y Cabada dieron su mejor esfuerzo por ganar las elecciones. El entusiasmo del triunfo fue efervescente. Pero ahora que llegan al poder para dirigir al pueblo se pondrá en evidencia lo que estaba oculto en sus corazones. Con el paso de las semanas y los meses el pueblo de Chihuahua se dará cuenta si su deseo de servir al bien común era auténtico o no. Los ciudadanos tienen un fino sentido del olfato para detectar si sus líderes son servidores natos o son otra cosa. Así que hemos llegado a la hora de la verdad.

Una primera virtud que podemos desear y pedir a Dios para Armando Cabada y Javier Corral es el amor verdadero hacia Dios y el pueblo. Si Dios les concede a los nuevos gobernantes un corazón como el del rey David, los chihuahuenses iremos adelante. David fue un rey que amaba mucho a su pueblo. No tuvo corte, ni esclavos, ni sometió a su pueblo a servir en su ejército. Fue un rey que trató de impartir justicia. Pero sobre todo la nota que mejor definió a aquel gran monarca fue su inmenso amor a Dios. ¡Cuánto bien hace a una ciudad o a un estado un gobernante que cultiva el amor a Dios, sin exhibicionismos ni pantallas, sino en el silencio de la oración y en la humildad de una banca de iglesia cualquiera!

La otra gran virtud de un gobernante es la humildad. El nuevo gobernador y presidente municipal no vienen en calidad de ángeles ni santos. Son hombres de barro y llevan en su carne la mordedura del pecado. Pueden tomar decisiones erradas. El rey David también se equivocó pecando gravemente contra el Señor. Sin embargo reconoció su grave falta, apeló al perdón divino e hizo fuertes penitencias de reparación. David era humilde y por eso Dios lo amó inmensamente. ¿Se llegarán a equivocar Javier Corral y Armando Cabada en algunas de sus decisiones? Por supuesto. Pero si la humildad los acompaña, ellos aceptarán que otros les señalen sus faltas. Si son humildes sabrán escuchar a quien dice ‘no estoy de acuerdo’, y lejos de mandarles tapar la boca, sabrán reflexionar en silencio.

¡Cuánto debemos de orar por nuestros políticos! De su amor, su humildad, su inteligencia y decisiones depende el bienestar de toda una comunidad. Apoyemos a Javier Corral y Armando Cabada con la oración y no con el golpeteo y la crítica corrosiva. Sumémonos a sus iniciativas que, a nuestro juicio, contribuyan para mejorar el futuro de Chihuahua y Ciudad Juárez. Reconozcamos siempre sus aciertos y felicitémosles por ellos, como los cristianos y ciudadanos maduros que queremos ser, sin importar el partido político de nuestra simpatía. ¡Enhorabuena señor gobernador! ¡Bienvenido señor presidente municipal!