Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Excelente domingo, día del Señor. Les saludo con grande amor de padre y pastor. Hoy domingo noveno del Tiempo Ordinario el tema que la palabra de Dios nos propone  a reflexionar es el descanso.

Podríamos reflexionarlo humanamente hablando. ¿realmente descansamos? ¿cómo descansamos? ¿qué sentido le damos al descanso? A veces pensamos que descansar es no hacer nada, lo cual considero que es erróneo. El descanso es cambiar de actividad, es enfocarnos activamente en otro aspecto de lo ordinario.

 

Activismo que agobia

El descanso es importante para la salud. Hablamos del descanso semanal, del descanso por el sueño, del descanso de una actividad a otra, pero por lo que uno ve y escucha concluimos que no sabemos descansar.

Lamentablemente vivimos en un activismo tremendo, para bien o para mal, envueltos en trabajo, trabajo, trabajo, actividades, actividades, actividades de una u otra índole y no descansamos. Y sobre todo podemos verlo también en el aspecto espiritual, afectivo y emocional. Es clásico escuchar afirmaciones de hoy: “no descansé”, “hace mucho que no descanso”, “estoy muy estresado”, “no me queda tiempo para descansar”, expresiones que reflejan que algo hay qué hacer en este mundo, todos, autoridades, Iglesia, cada uno en su persona para valorar el descanso.

 

El sábado para el hombre

La Palabra de Dios hoy nos ilumina muy de cerca, a propósito del descanso. La primera lectura del Deuteronomio nos habla de que Dios trabajó seis días creando las estrellas, los animales, los vegetales, las plantas, los mares, todo, creó al hombre el último día y el séptimo día descansó. Es una expresión bíblica muy hermosa. Dios no descansa, siempre está trabajando, por así decirlo, siempre está amando, siempre dando vida, pero bíblicamente nos dice el Deuteronomio “el último día descansó, y entonces nos da una norma el Antiguo Testamento: “Santifica el día sábado”. Como el Señor tu Dios te lo manda, dice el texto, tienes seis días para trabajar y hacer tus labores, pero el séptimo día descansa, dice el Señor.

Eso es ciertamente una tradición judía que después se fue haciendo como una norma, al extremo que Cristo da un juicio muy severo, donde tal parece que es más importante el sábado, que el hombre llega al extremo, al fanatismo, a una norma muy estricta del sábado en detrimento del hombre, de la persona.

Por eso también escuchamos en el evangelio de hoy de san Marcos, cómo nos pone Jesús en el verdadero sentido del descanso, del día del Señor.

Es muy importante las palabras de Jesús. A raíz de que los discípulos, andando con Jesús hacen cosas, arrancan espigas al pasar en sábado, cosa que estaba prohibidísimo, y Jesús se molesta y habla fuerte, y le responde: “acaso no has leído lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros”, y empieza a explicar que es más importante el nombre y la frase central que nos invita a darle sentido a toda nuestra vida, pero especialmente al descanso.

Dice: el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado, es decir, el descanso es para el hombre, para estar bien, para ver por el otro. El trabajo es fuerte. Tenemos que trabajar, ir y venir y nos cansamos. Pero el domingo, en este caso ya para nosotros (el sábado para los judíos, el viernes para los musulmanes), para nosotros el domingo, día del Señor, se hizo para el hombre y a través de ese sentido que Cristo nos da, es para Dios, para alabar y bendecir a Dios.

 

Descanso y sacrificio

Por una parte el descanso sabático era abstenerse de trabajar nada más, pero después ya se le dio otro sentido: ofrecer sacrificios, reunirse toda la asamblea en oración. Cristo viene a liberarnos, Cristo viene a darle sentido a nuestra vida, Cristo viene a darle sentido al sábado o al domingo (para nosotros, día del Señor)

Vemos cómo los primeros cristianos entendieron bien el domingo, una vez que comienza la Iglesia, se reunían los domingos para la oración, para el culto, no tanto para el reposo… para la Eucaristía, para reunirnos todos los que compartimos la fe en un mismo espíritu.

Después ya entró esta dimensión del reposo, del descanso, en el sentido estricto de la palabra.

Hoy, en estos días, sobre todo aquí en nuestra ciudad Juárez, que es una ciudad maquiladora, se trabaja mucho, a veces dos turnos, mucha veces turnos extras, sábado y domingo… y se llega a una esclavitud del trabajo. Hay quien dice que este modo del trabajo es esclavizante, una esclavitud moderna.

El papa, cuando vino con nosotros en su visita en el Gimnasio de Bachilleres ahí habló del trabajo: se debe reajustar, reorganizarse para darle más sentido a la persona porque es más valiosa la persona, no el dinero, no la economía, sino la persona, las familias, para que trabajen y obtengan lo justo por el trabajo y puedan convivir en familia, descansar y acudir al encuentro del Señor.

 

¿Cómo descansamos?

Hoy, en este noveno domingo del tiempo ordinario nos invita Jesús: pregúntate, examínate cómo descansamos, si le damos un sentido cristiano y de fe al descanso, o es nada más como lamentablemente en algunos aspectos se vive hoy: en entretenimiento y diversión. Pero no es lo más importante para nosotros cristianos.

El verdadero sentido del descanso es la santificación del domingo, la santificación de la persona a través del descanso, la santificación. Con esto se vive prioridades, jerarquías, la Eucaristía, la convivencia familiar, salir juntos al parque, convivir. Pero que todo lo que hagamos el día del descanso, día del Señor, sea para santificarnos y santificar el día del Señor.

No te estreses, no te deprimas, no caigamos en el activismo. Organízate, organiza tus trabajos y tu descanso en la noche. Descansa. Alguien me decía: señor obispo, usted en la noche deje el crucifijo a un lado de la cama y descanse… bueno, descanso en el Señor. Hay que ponernos en paz, ponernos en las manos de Dios, descansar es santificarnos, santificar la noche, la hora del recreo, el sábado por la tarde, el domingo.

Organízate, haz oración, dale sentido a tu vida, vive el descanso en familia, no exclusivamente en el reventón, la diversión o en el entretenimiento.

Lo más importante es santificar el día desde Dios. Y por eso concluyo con lo que nos dice Cristo en el evangelio: “el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado”. Dios te bendiga y fortalezca, sé feliz, disfruta la vida, pero desde tu amor a Dios, a tu familia, al prójimo. La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes.