Ana María Ibarra

Una vida de paz y una búsqueda incansable de imitar a Jesús es lo que Héctor Servín encontró después de vivir un retiro ignaciano de silencio, tras el cual sigue propiciando espacios silencioso para adentrarse a la contemplación de Jesús y a una dimensión espiritual más profunda.

 

Encuentro con Jesús

Como una experiencia muy hermosa definió Héctor Servín el retiro en silencio que vivió en la Ciudad de Chihuahua impartido por la Compañía de Jesús, hace dos años.

“Todo el mundo debería de vivir un retiro ignaciano cuando menos en su vida. Estos retiros son en silencio y llevan a una dimensión espiritual diferente a la que estamos acostumbrados”, afirmó Héctor.

Reconoció que a mucha gente le aterra el silencio porque actualmente se vive en una sociedad muy ruidosa.

“Jesús vivió en silencio y buscaba el silencio. En el silencio te desnudas frente a Dios. No hay nada qué decir sino sólo escuchar. Es una experiencia hermosa, donde te das cuenta de quién es el centro de tu vida y que lo que a ti te está pasando”, expuso.

Dijo que en el silencio, todas las preocupaciones se iluminan por la gracia de Dios y se convierten en nada, y entonces todo es para bien y gloria de Dios.

Para el entrevistado, feligrés de la parroquia La Sagrada Familia, los retiros ignacianos son una enseñanza de la Iglesia que se debe aprovechar, y una vez que se toma el primero, queda el anhelo de regresar para una experiencia más profunda en el encuentro con Jesucristo.

“He vivido tres retiros. El segundo fue maravilloso. Aprendí a ver a Jesús como discípulo, cara a cara”, compartió.

 

Católico al 100

Héctor agregó que antes de los retiros ignacianos era un católico de 80 por ciento.

“Voy a misa y he ayudado a formar algunos grupos. Hacía mis oraciones, mi rezo del Rosario, obras de caridad. Cuando me jubilé y tuve más tiempo lo dediqué más a Dios. Los ejercicios me llevaron a dar el 95% de amor hacia Dios”.

El entrevistado señaló que todo cristiano debe buscar imitar a Jesús.

“Debemos ir perfeccionando hasta que un día digamos como San Pablo: Ya no soy yo quien vive en mí, sino es Cristo quien vive en mí. Que literalmente sea Cristo viviendo en mí, eso lo vamos a alcanzar al 100 por ciento cuando muramos y estemos cara a cara con Él. Mientras tanto podemos acercarnos y eso es buenísimo para uno mismo y para la familia”.

 

Frutos de la experiencia

Uno de los frutos que ha cosechado Héctor tras la vivencia del silencio en estos retiros, es la creación de un grupo para la evangelización de varones. Pero el fruto principal es, sin duda,  una gran paz en su vida y crecer en el amor a Dios, dijo.

“Antes era un hombre muy aprensivo, hoy me preocupo lo normal pero ya no me angustio, ya no me da ansiedad, aprendí a dejarme en manos de Dios y a reconocer que todo lo que sucede está bien, aunque aparentemente parezca una desgracia… todo es para gloria de Dios”, dijo confiado en haber aprendido esta actitud con la meditación y la contemplación.

 

Cómo practicar el silencio

El entrevistado explicó que para practicar el silencio, ante todo, se debe poner en la presencia de Jesús. Y para lograr escuchar a Jesús en el silencio, se le debe conocer a través de la Palabra.

“Hay muchos templos con el Santísimo expuesto para ir a gozar en el silencio de la presencia de Cristo y escucharlo”.

“Hay que sentarse, leer una lectura del evangelio, quedarse en silencio y dejar que Jesús hable, olvídate de pedir, ese ratito es solo para estar en silencio”, recomendó.

Y agregó: “Busquemos leer el evangelio todos los días, pensar en él todo el día y descubrir la enseñanza. Buscar el silencio para hacer una contemplación y vivir el evangelio desde adentro”.

 

Vivir el silencio

Héctor está convencido de que todos los cristianos deben buscar un momento de silencio al día para crecer significativamente en el conocimiento de Dios.

“Tenemos que apartarnos un rato todos los días. En mi caso, vengo a misa de 8 pero llego desde las 7 y me estoy en silencio meditando el evangelio del día, contemplando a Jesús”.

Añadió que en cualquier momento o lugar se puede hacer silencio.

“Podemos hacer silencio en el carro. Apagar el radio, subir los vidrios, pensar en Dios, pero para eso se debe conocer el evangelio y traer a la memoria un versículo del evangelio y meditarlo. Cuando menos se piensa ya llegamos al destino y se queda uno alimentado de Dios”, afirmó.

Otro momento para la contemplación y la meditación, dijo Héctor, es durante la noche.

“A veces uno despierta durante la noche o más temprano. ¡Qué bueno!, no busques volver a quedarte dormido, quédate en silencio, en tu cama, meditando, alabando a Dios, dando gracias por todo.  Puedes tomar tu misal y leer la lectura del día, no importa que te quedes adormilado pero pensando en el evangelio. Es otra forma de oración que he descubierto”.

Aunque dijo que en todo momento se debe meditar la Pasión de Cristo, en este tiempo de Cuaresma es muy recomendable hacerlo de una manera más profunda, e insistió en ir quitando el ruido y buscar más el silencio.

 

Frase….

“Esta es mi experiencia del silencio y hay que buscarlo activamente. Cuando sucede sin buscarlo, es un regalo de Dios y hay que aprovecharlo”

Héctor Servín