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PALABRA Y TESTIMONIO DE LA IGLESIA CATÓLICA EN CIUDAD JUÁREZ

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Aprendió de la humildad al destinar sus domignos a los migrantes

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Invitado por su suegra, Julián García, un laico de la parroquia San Judas tadeo, decidió ofrecer tiempo de su vida a apoyar el trabajo que se realiza en la Casa del Migrante, sobre todo el pasado mes de diciembre, cuando el cupo de la obra social de la Iglesia se vio rebasado.

Dedicado al servicio de mantenimiento, que le da mucho trabajo cada semana, Julián decidió apartar horas de su vida para cumplir el llamado de Jesús en el Evangelio. No se ha arrepentido, sino mejor dicho, se siente aún más amado por Dios por permitirle servir a los más necesitados, que son el mismo Jesús.

 

Faltan manos

Desde diciembre pasado, Julián dedica buena parte de sus domingos para trabajar en la Casa del Migrante, donde asiste a las personas en cocina, desde picando papas y preparando desayunos, hasta barriendo o lavando trastes.

Julián había servido en algunas parroquias, pero nunca antes se le ocurrió acudir a la Casa del Migrante, que en el fin de año no se daba abasto en la atención a las personas provenientes de Centro América, México y varios otros países.

“Faltan manos en la Casa del Migrante y es una experiencia bonita poder ayudar…nosotos picamos papas, hicimos pan francés, limpiamos el comedor, y así, lo que se necesitaba”, dijo Julián al ser entrevistado por Presencia.

Julián quedó impactado por la historia que le compartió una persona de Honduras, cuando decidió también convivir con los migrantes, no sólo servirlos.

“Me dijo que ellos huyen por la violencia que, más que nada, y que su sueño es irse a trabajar a Estados Unidos, para lograr una mejor vida para sus hijos. ¿Qué papá no desea eso?”, dijo Julián.

“Te quiebras. Es una experiencia que nunca había vivido y me deja reflexionando sobre todo lo que nosotros nos quejamos por el dinero y esas cosas. Ahí (en la Casa del Migrante) nadie se quejaba. Creo que este trabajo me ha ayudado a comprender la humildad y a tratar de ser más humilde.”, dijo

Julián convocó a la comunidad diocesana a seguirse acercando para apoyar a la Casa del Migrante, pero no sólo en ayuda material, sino además en tiempo, trabajo, compañía, escucha, que mucho necesitan los migrantes.

 

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