Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Les saludo con mucho cariño y amor como su obispo, como su padre y pastor. Siempre es importante mantener esa relación con ustedes y darles algún mensaje, una orientación.

Hoy quiero platicar con ustedes acerca de la clausura del Año Extraordinario de la misericordia que está a punto de terminar.

Este fin de semana, 13 de noviembre, será la clausura, más que clausura, una acción de gracias en la sedes alternas de nuestra diócesis (donde se decretaron Puertas Santas) que son El Señor de la Misericordia, San Lorenzo, Nuestra Señora de Guadalupe (El Valle) y también en María Reina del Universo. En esta sedes alternas he nombrado sacerdotes que me representen para que vayan y celebren una misa de acción de gracias y ahí sea el cierre, de alguna manera, por así decirlo, de este Año de la Misericordia, pero la clausura oficial solemne será la próxima semana, el 20 de noviembre, Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.

Quiero invitarlos a todos a participar tanto en las sedes que están celebrando en este fin de semana, como sobre todo el próximo domingo 20 de noviembre, en Catedral, a las 5 de la tarde.

Es muy importante que se organicen en sus parroquias y que acudan los más posibles a este acontecimiento eclesial en el mundo de la Iglesia para clausurar el Año de la misericordia que el Papa Francisco ha tenido a bien regalarnos durante todo este año.

Hemos sido bendecidos por el Señor, hemos experimentado la misericordia de Dios. Me he dado cuenta cómo se han organizado movimientos, agrupaciones, parroquias, decanatos, para ir en peregrinación a un lugar, a uno de los templos señalados por mí para ganar la indulgencia. Pero sobre todo mucha gente, muchos fieles han acudido a Catedral, también para entrar por la Puerta Santa de la misericordia y ganar indulgencia y cumplir con el Año de la misericordia.

Yo quiero felicitarlos a todos y cada uno de ustedes por la fe, por la gran apertura hacia estas gracias que el Señor nos regala, pero también pedirles que no porque termine este año de la misericordia, ya no vamos a ser misericordiosos. Al contrario, este año nos ha potenciado, nos ha llenado la misericordia de Dios, pero como dijo también el papa, para ser misioneros de la misericordia. Yo los invito a que en adelante vayamos por el mundo, vayamos a la familia, a la escuela, al colegio, a la fábrica, a la maquila, al campo, con los amigos y seamos ahí instrumentos misioneros de la misericordia de Dios.

El papa nos estuvo explicando de una manera maravillosa las obras de misericordia cada miércoles de audiencia. Es cuestión de retomarlos permanentemente y reflexionarlos  y aplicarlos a nuestra vida. Tantos enfermos, tanta gente que ignora las cosas de Dios, tanta gente triste, desconsolada, tanta gente que requiere de un gesto de ternura, de misericordia, de cariño y de amor de parte nuestra. Por eso seamos misericordiosos, nunca dejemos de ser misericordiosos.

Estamos viviendo en el mundo, en México y en nuestra ciudad, momentos difíciles. Yo creo que experimentando el amor de Dios y siendo misericordiosos, podemos con la gracia de Dios ir transformando esta sociedad difícil y convertirla en una sociedad de justicia y de paz. Y para que haya justicia y vivamos en paz, se requiere el amor de Dios. Vivir, entender, experimentar todos el amor de Dios, pero también amar, amar como Dios nos ama.

Que este Año de la misericordia nos haya traído tantas bendiciones, que sin duda alguna así fue, y que esas bendiciones que hemos recibido de parte de Dios nos comprometan a ser mejores, a ser misericordiosos todos, el obispo, los sacerdotes que ejerzan su ministerio con alegría, con gozo, con misericordia. Que nuestros consagrados también en los distintos carismas que viven, ahí también practiquen y den ejemplo de misericordia, y sobre todo los fieles ahí donde el obispo, donde el sacerdote, donde el consagrado no puede llegar, pero ustedes sí pueden llegar, ustedes sí pueden llegar a esos rincones del barrio, esos rincones del trabajo, de la maquila; esos rincones de desafíos fuertes donde ustedes están viviendo y ahí pueden misionar a través de la misericordia de Dios.

Yo los animo y los invito a que se comprometan con Dios, a que lo que hemos recibido durante este año lo pongamos en práctica, lo vivamos, demos testimonio de la gran misericordia que el Señor ha tenido a bien regalarnos siempre en su Hijo Jesucristo.

Los espero pues con mucha alegría el próximo domingo 20 de noviembre a las 5 de la tarde en Catedral, para que juntos cerremos, concluyamos el Año de la misericordia y así prepararnos a la siguiente etapa.

Se cierra el año litúrgico con la solemnidad de Cristo Rey  que también es importante reflexionarlo, el Año Litúrgico se cierra con la solemnidad de Cristo Rey para empezar un nuevo año litúrgico que es el Adviento. Ya esto lo platicaremos también y lo empezaremos a reflexionar en torno al Adviento la próxima semana.

Que Dios los bendiga. Los quiero mucho, estoy con ustedes. Pídanle a Dios que derrame su paz entre nosotros, que sea siempre misericordioso con su pueblo. La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo los acompañe siempre.