Rodeado de sus hermanos sacerdotes, de su familia y fieles de su comunidad en Ejutla del Crespo, Oaxaca, donde nació su vocación al sacerdocio, el padre Pedro Luis Reyes, celebró 25 anos de sacerdocio.

 

Claudia Iveth Robles

Fue el pasado mes de abril cuando el padre Pedro Luis viajó a su comunidad de origen, en Oaxaca, para realizar su celebración en la que lo acompañaron once sacerdotes de la Diócesis de Ciudad Juárez, también felices por tan especial acontecimiento.

En entrevista, el padre Pedro Luis Reyes dijo sentirse muy agradecido con Dios por su presencia en su vida familiar y con el pueblo al que ha servido en cada parroquia en sus 25 años de sacerdocio, 21 de ellos en Ciudad Juárez.

Llamado de Dios

El padre Pedro recordó la importante misión que tuvo su mamá Doña Margarita (qepd), quien siempre cuidó que sus hijos asistieran a misa, y a la Confesión.

“Le regalaban el folleto de los misioneros (guadalupanos), y ahí me llamó la atención la labor que realizaban en otros países. Me preguntaba cómo sería hacer eso y entró en mi corazón la inquietud de, algún día, misionar”, dijo. 

Luego, en Oaxaca capital, el padre Pedro conoció al padre José Miguel, fundador de “La Ciudad de los niños”, con quien colaboró en la atención a de huérfanos, a quienes llevaba a a la escuela.

La realidad de estos menores hizo al padre Pedro, entonces de 30 años, cuestionar su misión de vida.

“La pregunta fue: Si un día consagro mi vida ¿valdrá la pena por estos chiquillos?.”, dijo.

Y la respuesta al interior fue: vale la pena consagrarse por alguien que carece de lo más fundamental”, compartió el sacerdote. 

Con el mismo padre José Miguel, Pedro apoyó en la formación de catequistas y luego ingresó a la Escuela de Diaconado Permanente, pues, aunque no estaba casado, quería servir a Dios.

Cuando estaba por finalizar su formación acudió con el arzobispo, quien le dijo: “Contigo hay un problema, el diaconado permanente es para los hombres casados y tú no estás casado”.

Entonces le dio opciones: La primera era que si se casaba en los siguientes tres años, lo ordenaría diácono permanente. La segunda era ordenarlo diácono permanente aún sin casarse, pero en ese caso, ya no podría contraer matrimonio.

“Mi ánimo se cayó. Pensaba: no pude entrar al Seminario por mi edad, no se hizo el matrimonio, no se hace lo del diaconado… pues ¿qué hago?… ya tenía 36 años” recordó el padre Pedro.

Sueño realizado

Relató que entonces llamó a un amigo sacerdote, el padre Antonio de Santiago, de los Hijos de Dios Caridad, quien lo canalizó con la Pastoral Vocacional de la congregación, desde donde lo invitaron a un encuentro vocacional.

“Me emocionó mucho porque eran personas adultas como yo. Viví el encuentro”, recordó el padre Pedro, quien a su regreso a Oaxaca, recibió la carta de aceptación de la Congregación.

“Fue la emoción de mi vida”, recordó con entusiasmo el sacerdote.

Debido a los estudios que ya tenía, el padre Pedro comenzó en Filosofía. Luego hizo la Teología y el 18 de octubre de 1992 fue ordenado diaconado transitorio, mientras que recibió el sacerdocio el 25 de abril de 1993.

“Cuando me ordenaron tenía 45 años, fue una emoción desbordante, un acontecimiento importante”, expresó.  

Su llegada a Juárez

Luego de su ordenación el padre Pedro sirvió en la formación de postulantes de su congregación, pero un día fue llamado a servir en Ciudad Juárez, en sustitución de uno de sus compañeros sacerdotes, enfermo.

El padre Pedro llegó a Ciudad Juárez el 11 de febrero de 1997, a la parroquia El Señor de los Afligidos.  La idea era ir a la maquila, por la espiritualidad de la congregación que acompaña el mundo del trabajo. Sin embargo el obispo don Renato pidió a la congregación apoyar en la parroquia, por la falta en la diócesis de más sacerdotes.

Así fue como el padre Pedro se quedó en el trabajo parroquial, donde sufrió recaídas debido al clima, que finalmente aprendió a enfrentar.

El padre Pedro hoy reconoce que le parecía difícil la vida en Ciudad Juárez, pero recuerda las palabras de monseñor Blanco, quien le recordó que debía aprender a descubrir que “también en el desierto hay vida”.

 

Crisis en Congregación

Al padre Pedro le tocó vivir la crisis vocacional de su congregación, cuando decidieron permanecer solamente en Toluca y el Distrito Federal. Y cuando el padre Pedro comenzó a sentir cierta depresión, pues incluso querían mandarlo a Guadalajara lo comentó con su superior, quien le recomendó acudir a terapia.

Pero en una misa de Confirmaciones en Juárez,  encontró a monseñor Blanco, quien de nuevo platicó con él y le dijo: “Usted no necesita ni psicólogo, ni alejarse. Sólo necesita con quien dialogar”.

Cada miércoles, desde entonces, padre Pedro acudió a platicar con monseñor Blanco y luego pudo discernir su incardinación a la Diócesis de Ciudad Juárez, proceso en el que recibió el apoyo del obispo don Renato Ascencio.

Y fue así como en 1999 padre Pedro se integró al presbiterio diocesano y tras algunos años de servir en El señor de los Afligidos, fue enviado como párroco a Santa Inés (2002-2010) y luego a San Carlos Borromeo, donde actualmente es párroco.

 

Un festejo muy especial

Para su aniversario 25 de ordenación Sacerdotal, el padre Pedro no tenía planeado un festejo especial. Y cuando sus hermanos sacerdotes le consultaron y dijo que sólo iría a su tierra natal a festejar con su familia, algunos lo animaron y le dijeron que lo acompañarían en su celebración en Oaxaca.

Muchos comenzaron a ahorrar y fue así como el 24 de abril, en Ejutla la fiesta se hizo en grande. De su barrio, el padre y sus hermanos fieles y sacerdotes de Oaxaca y Ciudad Juárez se fueron caminando al pueblo. Ahí fue recibido con banda y marmotas, hasta llegar  a la misa que celebró en Santa María Ejutla, al mediodía.

“He caminado toda la vida y ya llevo 25 años de camino. Yo no me esperaba esto, pero aquí volvimos a caminar y caminar”, dijo alegre.

El padre Pedro agradeció al padre Luis Alberto, párroco de Santa María Ejutla, quien los recibió y atendió con gran amabilidad, tanto en el templo, como en el convivio que luego de la misa se realizó para celebrar sus Bodas de Plata.

“Ese festejo me deja marcado profundamente, yo no lo había planeado así, ellos son los culpables de este acontecimiento muy grande, gracias a Dios”, dijo el padre agradeciendo con mucho cariño a todos sus hermanos de presbiterio, a su familia, a la comunidad de su Oaxaca querida y a todos quienes han cruzado por su vida.

 

Sacerdotes que acompañaron a padre Pedro en Oaxaca

Benjamín Gaytán, Freud Cuéllar, Roberto Ríos, Rene Murillo, Rodolfo Murillo, Martín Magallanes, Salvador Magallanes, Jesús Tovar, Francisco García, Arturo Veleta, Diácono Ricardo Reyna