Una de esas personas que han hecho de su vida el buen ánimo, la disposición al trabajo y el servicio, recién tuvo un lamentable accidente que lo tiene postrado. No quería salir de vacaciones hasta que su patrón resolviera todos sus pendientes, y una vez que estuvo libre de trabajo, se ofreció a reparar un techo de una comunidad cristiana no católica a la que pertenece junto con su esposa.

Mientras trabajaba, el techo cedió y cayó de una altura mayor a cuatro metros, además de golpearse la cabeza y lastimarse las cervicales, se fracturó parcialmente una de las plantas, pero la tibia y el peroné de la otra pierna se separaron y fracturaron; además prácticamente pulverizó el calcáneo, ahora los médicos deben esperar a que se reduzca la inflamación para poder operar y tratar de reconstruir, con un escenario muy complicado para la recuperación.

La fe y alegría de Chilo, más el apoyo de su familia y de su cuasi hermano Carlos le hacen llevadera esta convalecencia. Su espíritu de trabajo y servicio no lo abandona ni siquiera ahora que está postrado, inmovilizado y con drogas para mitigar el dolor, ¡se ha soñado construyendo un piso! y está preocupado porque ¡no podrá seguir ayudando a su patrón!

Esta sencilla historia me llevó a la meditación sobre la fe y el servicio en la pequeña comunidad cristiana de Bakú en Azerbaiyán, hasta donde el Papa Francisco fue a predicar fiel a su convicción de ir a las periferias, de estar con los pequeños y solos, en este caso la minoría católica y ortodoxa en un país predominantemente musulmán.

El Papa explica que el hombre vivirá por su fe, y a pesar de que nosotros siempre estamos pidiendo una intervención divina e inmediata en la oración, Dios “no favorece nuestros deseos de cambiar el mundo y a los demás de manera inmediata y continuamente, sino que busca ante todo curar el corazón, mi corazón, tu corazón, el corazón de cada uno; Dios cambia el mundo cambiando nuestros corazones, y esto no puede hacerlo sin nosotros.”

La fe que es un don de Dios, necesita de nuestro servicio para crecer, para mantenerse y para que no se convierta en una fe estéril sin obras, el Papa usó la metáfora de las alfombras para explicar la vida cristiana: “hay que tejerla cada día pacientemente, entrelazando una trama y una urdimbre bien definidas: la trama de la fe y la urdimbre del servicio. Cuando a la fe se enlaza el servicio, el corazón se mantiene abierto y joven, y se ensancha para hacer el bien. Entonces la fe, como dice Jesús en el Evangelio, se hace fuerte y realiza maravillas. Seguro tenemos ejemplos de solidaridad, de cariño puesto en el trabajo bien hecho, en el amor y el buen trato entre compañeros de trabajo, entre amigos y familiares que nos recuerdan la presencia de Dios a cada momento en los demás.

La exigencia cristiana es total “no estamos llamados a servir sólo para tener una recompensa, sino para imitar a Dios, que se hizo siervo por amor nuestro. Y no estamos llamados a servir de vez en cuando, sino a vivir sirviendo. El servicio es un estilo de vida, más aún, resume en sí todo el estilo de vida cristiana: servir a Dios en la adoración y la oración; estar abiertos y disponibles; amar concretamente al prójimo; trabajar con entusiasmo por el bien común.”

¿Qué parte del bien común nos entusiasma? ¿En qué tarea concreta estamos comprometidos con los demás? Sean nuestros hijos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros alumnos, o simplemente gente a la que le podemos brindar un servicio, estamos llamados a darlo todo, con entusiasmo, con alegría, teniendo presente que imitar a Dios es dar la vida por el otro.

Chilo, que a ti y a miles que convalecen como tú, Dios les de la salud y les mantenga el corazón lleno del deseo de servir, y que a quienes los quieren, les de fortaleza y consuelo para acompañarlos en la oración y la espera.