Sacerdotes que practican algún deporte reflexionan sobre el documento presentado por el papa (Dar lo mejor de uno mismo) y animan desde ahí la vivencia de la comunidad…

 

Claudia Iveth Robles

En nuestros días, los gimnasios siempre están abarrotados de gente que acude a ejercitarse físicamente. Muchos perseveran, algunos no. Pero sobre todo se nota que “las primeras semanas demandan un esfuerzo físico tremendo y duele todo, cuesta la perseverancia”.

“El camino de la fe es igual: siempre demanda esfuerzo y cuesta la perseverancia: cuando, como cristianos dejamos de esforzarnos en la vivencia de la fe, es cuando decae hasta llegar a que a la persona no le importe perderse en el mundo sin llevar la radicalidad de la cruz”.

Así reflexionó el padre Víctor Manuel Ortega, vicario de Catedral, al comentar la importancia del documento “Dar lo mejor de uno mismo. Documento sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana” que el pasado mes de junio presentó el papa al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Vivencia moral

“Me ha llamado la atención la invitación que hace Papa Francisco a no contentarse con un empate mediocre y, por lo tanto a adentrarse al juego tanto con los demás, como con Dios: gastando la vida por lo que de verdad vale y dura para siempre”, dijo el sacerdote.

El padre Víctor, quien es un aficionado del deporte y hoy practica basqeutbol, opinó que una cualidad moral que debe sostener el esfuerzo (en el deporte, como en la fe) es: “el fin no justifica los medios”.

“Nuestra vivencia moral no puede estar desligada de nuestra fe. Las cualidades morales también terminarán sosteniendo nuestro esfuerzo por vivir la gracia de Dios: vivir con bondad, con amabilidad, con benignidad, entre otros frutos del Espíritu Santo”, dijo.

 

Deporte y comunidad

El padre Víctor habló sobre cómo el deporte puede ser un instrumento de encuentro, de formación, de misión y santificación, y así, ayudar a hacer comunidad:

Si hemos asistido a un estadio, sin importar de cuál deporte sea, podemos ver ahí personas muy diversas: deportistas, entrenadores, médicos, comentaristas deportivos, vendedores. Y los espectadores tan diferentes, niños, ancianos, hombres, mujeres, de distintas clases sociales…indudablemente asistimos, más que a un partido, a un encuentro con los hermanos”.

El padre Víctor, quien también es músico, recordó un canto cuyo coro dice: “Eucaristía, banquete celestial, acción de gracias, fracción del pan, el encuentro de los hermanos, con Jesucristo que nos ha llamado”. Y dijo que la vida cristiana es eso: vivir en comunidad, en encuentro.

Pero igual es en el deporte, pues ahí, como en la vida, “los grandes objetivos se logran en equipo”.

 

En el Mundial

Al referirse al próximo inicio del Mundial de fútbol, que tendrá también a muchos cristianos atrapados durante un mes, el padre Víctor dijo:

“No olvidemos que hay algo más grande que la copa del mundial de fútbol: la vida eterna que nos da Jesús. Sigamos dando lo mejor de nosotros, sin mediocridad y con abundante generosidad: más altos, más rápidos, más fuertes” puntualizó”.

 

Deporte para hacer comunidad

El padre Istibal Valenzuela es identificado en la diócesis como un ágil jugador de basquetbol.

Ha participado en los partidos que suelen enfrentar los sacerdotes frente a locutores juarenses, en el clásico fundado por otro sacerdote deportista por excelencia, monseñor Isidro Payán.

Para el párroco de San Isidro Labrador, si el ser humano es unidad, cuerpo  y espíritu, entonces el deporte ayuda a su formación porque implica disciplina, interacción, ya que al disciplinar el cuerpo, la persona se encamina a una disciplina interior,  que es la espiritualidad.

“El deporte ayuda a disciplinar la fisiología, la alimentación, pero también el sentido comunitario, porque necesita interacción. No es lo mismo hacer ejercicio, que hacer deporte, el deporte implica interacción, respeto y valores”, dijo.

Haciendo una analogía del deporte con la comunidad, el padre Istibal dijo que en todos los deportes hay posiciones, “aún en los ciclistas” y cada uno debe descubrir y asumir su lugar en la cancha.

Además de que “un deporte gráficamente te enseña a ver para qué eres bueno”. Y así en la comunidad: “cada uno descubre su lugar en la cancha para lograr el triunfo del equipo, opinó.

 

Aprendemos perdón y reconciliación

El padre Francisco Sánchez, vicario de Nuestra Señora de la Paz también es un aficionado y practicamente de deportes, los cuales promueve en su comunidad. Pues “ayuda a fortalecer la fe en el sentido de la espiritualidad”.

“Para el deporte hay que hacer ejercicio, y es el ejercicio el que disciplina y genera un gusto. Es una especie de proceso: entre mas ejercicio haces, más condición agarras, soportas más. Y cuando estás disciplinado sigues jugando aunque te hayas cansado… también es así en el aspecto de la espiritualidad: mientras ejercitas la oración, agarras condición y rezas cada vez más y mejor”, dijo.

Señaló que en el deporte, como en la espiritualidad, se puede forjar la voluntad. Y también se aprende del perdón y la reconciliación, como cuando hay ‘pleitos’, en los equipos, que deben ser superados.

“En el deporte nos conocemos, enojamos, nos apasionamos, pero cuando hemos fortalecido la voluntad, y hemos crecido en  disciplina, ensayamos el perdón, la reconciliación, dejar rencores atrás”.

Por otra parte, dijo que el deporte ayuda a la comunidad a armar buenos equipos:

“Podemos saber con quién contamos, porque haciendo un buen equipo dentro de la cancha, se puede hacer fuera de ella.  Se puede hacer una bonita comunidad a partir del deporte, forjándola en la espiritualidad”, puntualizó.

 

Crecer en virtudes

Para el padre Juan Manuel Orona, otro basquetbolista reconocido de la diócesis, Dios puso en el corazón de la persona el don del encuentro y de la lucha, lo que se ve en el deporte, como en la vida cristiana.

“El deporte fortalece nuestra fe porque nos ayuda a crecer en la virtud del trabajo en equipo, en la virtud de la solidaridad, del aprender del otro, donde es más importante el trabajo en conjunto”

Y dijo que el deporte igual ayuda a construir comunidad, pues cuando se tiene tal o cual habilidad y se ponen al servicio de un equipo, las cosas salen mucho mejor y se logra que el equipo sobresalga.

“Cuando aprendemos de los talentos del otro, salimos de las búsquedas individualistas es cuando logramos metas en conjunto. Así es el deporte y así es la comunidad”, sentenció

 

Yo creo que no hay disciplina tan reveladora de la propia persona, como el deporte.

Pbro. Istibal Valenzuela

 

 

 

Las personas con su testimonio de alegría, con la práctica deportiva en comunidad, pueden ser mensajeras de la Buena Noticia.

Pbro. Victor Ortega