Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez 

Les saludo con gran afecto y amor de Padre y pastor deseando estén bien y que el amor de Dios los acompañe. Hemos terminado el tiempo de Pascua con la Solemnidad de Pentecostés. Hemos vivido un fin de semana hermoso dando inicio al Año de Pastoral con una asamblea diocesana de pastoral para empezar un proyecto de pastoral diocesano hacia un Plan Diocesano de Pastoral 

Terminamos pues con Pentecostés iniciando un año de trabajo, de Pentecostés a Pentecostés. Nuevamente los invito a colaborar, a ser parte, todos están convocados a participar de una u otra manera desde sus parroquias. Que el Espíritu Santo nos ilumine y acompañe en este proyecto pastoral diocesano. 

Retomamos el Tiempo Ordinario. Apenas este jueves pasado celebramos la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote de la cual todos participamos, todos somos sacerdotes porque todos participamos del sacerdocio de Cristo por el Bautismo. Somos sacerdotes,  profetas y reyes, participamos del único y eterno sumo sacerdocio de Cristo. Nosotros, el obispo y los presbíteros participamos del sacerdocio ministerial como un don que el Señor nos da. 

 

La Santísima Trinidad 

Este domingo celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, una fiesta muy importante. Todo lo hacemos en el nombre de la Santísima Trinidad, toda nuestra vida en las manos de la Santísima Trinidad: Dios Padre, un Padre bueno, un Padre amoroso, un Padre misericordioso que nos da la vida. Un Dios hijo que se hizo hombre, que se encarnó para salvarnos, murió en la cruz y nos ha redimido y ha resucitado y vive. Y el Padre también nos envía al Espíritu Santo. 

Acabamos de celebrar Pentecostés, la venida del Espíritu SantoSeñor y dador de vida. Todo lo hacemos siempre en oración: la liturgia, la Eucaristía, los sacramentos, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, siempre lo invocamos, incluso un saludo muy típico de Pablo y que lo utilizamos en la liturgia es la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo’: la Santísima Trinidad. 

En el evangelio de hoy de San Juan, Jesús comienza diciendo “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender, pero cuando venga el Espíritu de Verdad, Él los irá guiando hasta la verdad plena”.  

Más adelante dice: todo lo que tiene el Padre es mío. Siempre Jesús  hace referencia a esa comunión. Podemos definir con varias palabras claves la Santísima Trinidad: comunión de amor, de vida, de gracia Como San Agustín trata de explicar el misterio de la Santísima Trinidad diciendo el Padre es el amor, es el amante, el que ama.  

El hijo es el amado. Dios Padre, que es el amante, ama al Hijoque es el amado, y el Espíritu Santo es el amor. Por eso qué bueno que San Juan nos recuerda que cuando venga el Espíritu Santo, Él los irá guiando en la verdad del Padre que se nos revela en Cristo, su Hijo, el Señor. 

 

Dejarnos guiar 

Por eso qué bueno que hace ocho días recibimos la plenitud del Espíritu Santo y dejarnos guiar por el impulso del Espíritu, Señor y dador de vida, para que nos conduzca por el camino que es el Hijo, que es Cristo, al Padre, que es el amor mismo que se nos revela. 

Por eso hemos cantado en el salmo responsorial: “Qué admirable Señor es tu poder”, un poder que es el amor de Dios. Allí está el poder de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en su amormisterio de comunión, de vida. La presencia en mi  vida del Padre que me ama, que me creó; la presencia en mi vida del Hijo que me ha salvado, redimido con su Muerte y Resurrección; la presencia en mi vida del Espíritu Santo que derrama en nosotros sus dones y nos dejamos conducir en el amor, en la gracia, en el conocimiento de Dios Padre.  

Ya desde la oración colecta decimos Dios Padre, dirigimos nuestra oración siempre a Dios Padre y dice la oración que al enviar al mundo la palabra de Verdad y el Espíritu Santificadorel Padre nos envía la Palabra de Verdad que es Cristo, su Hijo, el Verbo Encarnado. Y a través del misterio de su Hijo, la Palabra y el Espíritu santificador nos revela un misterio admirable que le pedimos: concédenos vivir en la fe, concédenos vivir en el amor, concédenos tu gracia para que experimentemos tu amor de Padre, tu amor de Hijo y tu amor de Espíritu Santo 

 

Traducirlo en la vida 

Queridos hermanos, importantísimo este misterio de la Santísima Trinidad; imposible a la luz de la razón de nuestra pobre mente entender este misterio tan grande. Eun misterio que vivimos en la fe, en su presencia sanadora, santificadora y amorosa entre nosotros. 

Los invito a que este misterio de comunión, de unidad y amor de la Santísima Trinidad se traduzca en amor, en vida,  en comunión en nosotros mismos: hacer vida el misterio de la Santísima Trinidad en la familia, en la sociedad, en la Iglesia, en la diócesis, en la parroquia en nuestra vida ordinaria, en la sociedad. Emisterio de la Santísima Trinidad traducido en amor, en vida, en gracia, en santidad en cada uno de nosotros. 

Que el Señor les bendiga y les fortalezca les invito a seguir trabajando seguir con fidelidad.  Mantengamos el inmenso amor,  el fervor, la constancia, la perseverancia, la fidelidad a Cristo en el servicio de la Iglesia y a nuestros prójimos. La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu  Santo permanezca siempre con ustedes. Un abrazo. Estamos en comunicación.  

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