Muy amados hermanos todos, por la vida y por el amor de Dios que nos tiene, por el llamado que a todos nos hace, en particular a monseñor Isidro Payán y a su servidor, 65 y 33 años de ser su sacerdotes, de haber sido llamados a este hermoso ministerio del Orden, presbítero y obispo, servidores a ejemplo de Cristo Sumo y Eterno sacerdote, a ejemplo de Cristo buen pastor.

 

El profeta, llamado a dar y anunciar cosas buenas.

La figura de Eliseo resalta dos aspectos muy importantes (2Reyes 4,8-11.14-16a.) Aquella mujer que ve en Eliseo, a un hombre de Dios, le platica a su esposo: “Sé que este hombre es un hombre de Dios, un profeta”. Como hombre de Dios manifiesta a Dios, revela el plan de Dios, comunica la Palabra de Dios, a un Dios bueno compasivo que salva, que está con su pueblo. El segundo aspecto importante en relación a Eliseo que da noticias buenas de parte de Dios: “ ¿Qué podremos hacer, -le dice a su ayudante- por esta mujer? y le anuncia: “El próximo año tendrás un hijo”. A pesar de la ancianidad o dificultades que aquella mujer tenía para tener un hijo.

El profeta está llamado a dar y anunciar cosas buenas. Dios bendice, Dios acompaña a través de la acción del profeta, en este caso Eliseo. El sacerdote, nosotros sacerdotes, hemos sido llamados y todos, todo cristiano por su sacerdocio común por el bautismo participamos de esta gracia de Dios.

Nosotros sacerdotes estamos llamados a ser hombres de Dios. Detrás de nuestra humanidad frágil, débil, está el ser, el don, el regalo del llamado a ser hombres de Dios. El sacerdote hombre de Dios, su tarea a través de su ministerio, es revelar a Dios, dar a Dios, mostrar a Dios. Es dar el anuncio de cosas buenas como Eliseo “el próximo año habrás tenido un hijo”, el bendecir, el consolar el servir al pueblo de Dios que se nos confía, el dar cosas buenas de parte de Dios, es dar a Dios, todos los días a través del ministerio, es bendecir, un regalo es hacer presente a Dios, un Dios que nos da la vida, la salud que nos da su amor día con día, hora tras hora siempre.

Detrás de nuestra humanidad, la grandeza de Dios es que a través del ministerio sacerdotal se hace presente; hombres de Dios para dar buenas nuevas, para anunciar noticias buenas, de consuelo, satisfacción, alegría para toda la gente que de una manera muy sencilla nos dicen: “Háblenos de Dios, predíquenos a Dios, dénos a Dios”. Todo nuestro ministerio es dar a Dios mostrar a Dios, eso implica una renuncia, un sacrificio, entrega, donación.

En el Santo Evangelio de san Mateo nos advierte Jesús duramente que el “que no renuncia a su familia, a su padre, a su madre, a sus hijos, etcétera, nos es digno de mí, el que no toma su cruz no es digno de mí”. Todo cristiano, todo bautizado y consagrado está llamado a hacer de Jesús el centro de nuestra vida, que sea Cristo el que dé sentido y fundamento a nuestra vida.

¡No es que Jesús esté en contra de la familia, de la esposa, el esposo, los hijos o las personas, no!, lo que nos quiere enseñar el Evangelio, es que Cristo es el que da sentido al matrimonio, al sacerdocio al trabajo, a la vida cristiana.

Tomar la cruz, abrazar la cruz, seguir a Jesús, a Cristo crucificado, imitando a Cristo todo cristiano.

Nosotros sacerdotes estamos llamados de manera muy particular no solo como dijimos en la oración colecta de configurarnos con Cristo por el bautismo.

Por el orden sacerdotal todos nos configuramos con Cristo sacerdote, el sacerdote más todavía se configura con cristo por el sacramento del orden.

Ahí está la entrega, el abrazar la cruz, el decir dejo todo para seguirle con fidelidad, es lo que el Señor nos confía a todo cristiano: como sigo a Jesús, como amo a Jesús, me entrego a Jesús en mi vida como obispo, sacerdote, diácono, religiosa, joven, niño.

Jesús porque nos ama, nos ha elegido, pone su confianza en nosotros y nosotros estamos llamados a proclamarlo y anunciarlo.

Como hemos cantado en el salmo responsorial: “Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor”, proclamará cada cristiano con sus palabras, con sus acciones, sus obras. Proclamará la misericordia del Señor siendo misericordioso, siendo bueno, siendo servidores, siendo gente que se preocupa a ejemplo de Cristo por los demás.

 

 

 

 

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