Presos compartieron sus testimonios de conversión luego del retiro, pidieron perdón a quienes hicieron daño y algunos se ofrecieron como misioneros…

 

Ana María Ibarra

Convencidos de que “no hay pobre más triste y más pobre que el preso”, y después de la experiencia del primer retiro realizado en el área varonil del Cereso, Laicos en Misión Permanente regresó con un segundo retiro el pasado 17 de febrero, al que asistieron más de 70 internos, deseosos de encontrar lo que sus compañeros ya habían hallado unos meses antes.

“La mayoría fueron porque los del retiro pasado están muy diferentes, querían “eso que les dieron”. Nos dieron detalles: el que era peleonero, ya no lo es; el que se drogaba ya no lo hace, quien era malhumorado ahora tiene la sonrisa en su rostro… como ellos viven encerrados, se nota más el cambio”, compartió David Blancas, quien conmovido compartió que en el segundo retiro fue recibido con mucho aprecio.

Por su parte, el doctor Ruiz dijo que que al igual que en el retiro de mujeres, se permitió entrar a las visitas de los varones, lo que llenó de esperanza a las familias.

“Ellos vieron a sus presos sin ninguna esperanza y al ver que se abrió esa esperanza de que su familiar puede cambiar, salieron con una sonrisa”, dijo.

 

Se confesaron

De acuerdo a los misioneros, el proceso de conversión de los internos del Cereso se reflejó en el sacramento de la Confesión al cual se acercaron todos los participantes, (en el primer retiro de hombres en noviembre), al igual que todas las mujeres del retiro en el Cereso Femenil.

En el tercer retiro, realizado el mes pasado, se acercaron a Confesión más de la mitad de los 70 internos que asistieron.

“Durante el retiro tuvimos un tiempo para entrevistas, donde los pastores oraron y conversaron con los reos, quienes abrieron su corazón”, compartió el doctor Ruíz.

Fue en este momento, al sentirse amados y descubrir que Dios les perdona sus pecados, cuando los internos se acercaron al padre Gilberto Pérez, capellán del Cereso, para recibir el sacramento de la Confesión y así experimentar el perdón de Dios en sus vidas, relataron los misioneros.

Después de ello muchos se dieron cuenta del cambio que obró en los internos, de acuerdo a lo que han podido constatar los Laicos en Misión Permanente.

 

Libres en el encierro

Tocados por el amor de Dios y confortados en el perdón, los internos e internas del penal, después de haber pedido perdón a Dios se acercaron a comulgar durante la misa de cierre del retiro, y en ese encuentro con el alimento divino, aún privados de su libertad, se sintieron liberados y fortalecidos para continuar con su condena.

Luego de ver el proceso de conversión de los internos e internas, reflejado en el sacramento de la Confesión, los integrantes del equipo Laicos en Misión Permanente regresarán al Cereso a seguir realizando su misión evangelizadora, pero ahora en otras áreas del penal.

 

Apoyo de la Pastoral

En todas las actividades realizadas como parte de los retiros en el Cereso, Laicos en Misión Permanente contó con la colaboración de la Pastoral Penitenciaria, hoy coordinada por el padre Gilberto Pérez y la hermana Jacinta Martínez, religiosa de la Unión de Nuestra Señora de la Caridad, quienes también cuentan con un equipo de colaboradores siempre prestos en el servicio.

“La pastoral penitenciaria es la expresión viva del amor. El voluntario cristiano de la prisión debe sentirse enviado por la Iglesia en una verdadera vocación a servir a sus hermanos los presos”, dijo el doctor Ruíz.

 

Testimonios que sorprendieron

Laicos en misión permanente ha documentado la experiencia de estos primeros tres retiros en el penal con fotografías, audios, videos y testimonios escritos.

Y debido a las políticas internas del Cereso que impiden el acceso de medios de comunicación en este tipo de actividades, los misioneros compartieron con Periódico Presencia algunos de estos testimonios, bajo consigna de respetar el anonimato de los internos.

 

Pidieron perdón

Uno de los testimonios presentados es el de un interno que pidió perdón a nombre propio y de otros compañeros “por el dolor que causaron a familias juarenses”.

La participación se dio luego de que los presos escucharon el testimonio de algunos integrantes de Laicos en Misión Permanente que perdieron un hijo a causa de los crímenes perpetrados en los últimos años en Ciudad Juárez, bajo el clima de violencia recrudecida.

Conmovido, el reo incluso pidió a sus compañeros levantarse y también pedir perdón.

“Pedimos perdón por aquellas personas que les robaron, por quien que les quitó a su hijo, que les quitó algo de su vida. En nombre de esa persona, que a lo mejor ya perdió la vida, te pido perdón”, expuso para luego enfatizar:

“Ustedes están abrazando secuestradores, violadores, asesinos, rateros, calumniadores, estafadores, pero créanme que estamos arrepentidos”.

Los integrantes del equipo LAMP no pudieron estar más impactados y agradecidos por el regalo que Dios obraba ese día, cuando este interno prosiguió:

“Soy responsable de la humillación que vivo todos los días. Jesús siendo inocente fue a la cárcel, humillado, azotado por mí, pero nosotros lo merecemos. Me acabo de dar cuenta que estoy en un lugar privilegiado, aprendiendo realmente el propósito de ser humilde. Lo más valioso que tengo es este traje gris, agradezco a Dios por esto”, expresó el interno.

 

Respuesta al Papa Francisco

Tras las experiencias vividas, los internos agradecieron haber recibido la Palabra de amor de Dios y tomaron conciencia no sólo de sus faltas, sino de la misión a la que son llamados dentro del penal.

Asumieron así una de las encomiendas que les dejó el papa Francisco en su visita al penal, en febrero de 2016, cuando les dijo en su discurso:

“Ustedes han conocido la fuerza del dolor y del pecado, no se olviden que también tienen a su alcance la fuerza de la resurrección, la fuerza de la misericordia divina que hace nuevas todas las cosas … luchen desde acá adentro por revertir las situaciones que generan más exclusión. Hablen con los suyos, cuenten su experiencia, ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión. Quien ha sufrido el dolor al máximo, y que podríamos decir «experimentó el infierno», puede volverse un profeta en la sociedad. Trabajen para que esta sociedad que usa y tira a la gente no siga cobrándose víctimas”.

Otrois testimonios de internos e internas del Cereso fueron presentados en cartas o en audios. Aquí algunas frases de lo que compartieron los presos luego de vivir el Kerygma:

 

“Nos dieron palabras de aliento, dejaron sus familias afuera para estar con nosotros, en nombre de todos mis compañeros les damos las gracias”.

 

“Gracias por creer en nosotros. Gracias por estos dos días que nos regalaron su tiempo”.

 

“Gracias por presentarme a ese Dios de amor, por enseñarme a un Dios vivo que no sentía en mi corazón y ya lo siento, un Espíritu Santo que me llenó de Él. Ya no me voy a sentir solo, no me voy a sentir triste porque sé que voy a estar en sus oraciones”

 

“Los invito a que día tras día trabajemos en ayudar a los otros internos a experimentar lo que experimentamos hoy, de cada cien que hablemos y con uno o dos que ayudemos estarán agradecidos”.

 

FRASE….

“Estamos emocionados, conmovidos de haber sido invitados, fue una experiencia maravillosa. Es increíble la respuesta que le han dado a Dios estas personas”.

Dr. José Ruiz, Laicos en Misión Permanente