La Iglesia nos presenta en el presente Ciclo la Cuaresma como un camino para la Pascua: ¿Con qué actitudes y disposición debemos prepararnos para que entremos de lleno a la Fiesta de la Resurrección?

Pbro. Francisco Galo Sánchez/ Párroco de Nuestra Señora del Carmen

Sabemos que la Cuaresma es el tiempo de preparación que nos conduce a entrar en la Pascua, la oportunidad más central de la vida de los discípulos del Señor y que no podemos dejarlo a la deriva. Conviene aprovechar este espacio para reflexionar nuestra fe, así como lo hacía Nuestra Madre Santa: “meditaba todas estas cosas y las guardaba en su corazón” (Lc 2,19).
La Iglesia nos presenta en el presente Ciclo la Cuaresma como un camino para la Pascua: ¿Cuál camino nos ofrece?, ¿Qué proceso se nos presenta?, ¿Con qué actitudes y disposición debemos prepararnos en esta Cuaresma para que entremos de lleno a la Pascua?

1.- Un camino lleno de tentaciones
Se narran las tentaciones experimentadas por Jesús en el desierto. ¿Qué camino se nos presenta? Jesús es presentado como “lleno del Espíritu Santo”; no entra sin fuerza, sin respaldo, sin nada, al contrario, lo recibe “y conducido por el mismo Espíritu”, se deja guiar por él para entrar en el silencio y la soledad del desierto y así enfrentar y salir victorioso. Ya aquí se nos propone: llenarnos del Espíritu de Dios, sin él, no vamos a salir adelante, no sólo caeremos, sino que difícilmente saldremos victoriosos o veremos con claridad lo que debemos hacer. Es el mismo Espíritu el que nos llevará a dónde nos pongamos delante de aquello que nos impide seguir más de cerca al Señor. Él no es la tentación, pero nos da la fuerza para no dejarnos vencer.
El texto termina en el Templo: “en la parte más alta”, de este modo hasta el lugar santo también llega ahí el diablo a ponerlo a prueba. Todos podemos caer como lo hizo Israel o bien cualquiera de sus miembros. Ayunando en el desierto durante cuarenta días es el modelo y la imagen de lo que la Iglesia se propone realizar durante la Cuaresma: renovarse en el camino hacia la Pascua. Las tentaciones se vencen en la medida en que trabajemos por tener el Espíritu Santo y en la Pascua se nos da con mayor fuerza.

2.- Un camino para ser Transfigurados
La narración de la Transfiguración por Lucas, pone unos acentos muy en sintonía con este modo que estoy señalando. La alusión a la plegaria: “y subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba…” son expresiones muy propias de él, nos permiten entender el texto como la perspectiva desde dónde debemos mirar nuestro camino, es la gloria que se ha de revelar.
La palabras: “Y hablaban del éxodo que Jesús debía realizar en Jerusalén” solamente viene en este Evangelio, son palabras muy peculiares que ya nos permiten darle un sentido a todo lo que vamos también nosotros a tener y vivir. Todo lo que hagamos durante la Cuaresma tenemos que verlo desde la Pascua, pues de lo contrario podemos quedarnos en actitudes superficiales que nos llevan por otro sendero.

El discípulo que sigue a Jesús se está transfigurando porque se deja conducir por el Espíritu quien es el que lo hace ser Santo. Ser transfigurado no es hacer acciones prodigiosas o grandiosas, más bien hay que permanecer en expectativa para contemplar lo que nos espera y no nos sorprenda. La Pascua es para ser plenamente reveladores de su persona, ya ahora nos anticipamos a mostrarlo y experimentarlo.

3.- Un camino que asume la vida
Es un texto exclusivo de Lucas que narra hechos concretos que nos invitan a la conversión. La conversión cristiana es en la historia y teniendo en cuenta la vida cotidiana, no los hechos portentosos o llamativos. Es un claro llamamiento a la conversión para un seguimiento personal que no significa individual. Es un examen de conciencia a la propia vida. Es verdad que Dios perdona, pero hay que estar atento en las decisiones que asumamos y no hacer “concha” o “dormirnos en nuestros laureles”.
El camino por el cual somos conducidos en la Cuaresma es aquel que toma en cuenta lo vivido por cada uno para hacerlo momento de Pascua, es decir de paso del Señor. Todos hemos vivido momentos buenos y malos, todos ellos son para acrecentar nuestra conversión, para no desalentarnos en ella y así llegar convencidos a la Pascua de que nuestras debilidades no son impedimentos o frenos, al contrario, a través de ellas el Señor nos acompaña.

4.- Un camino de misericordia
Es la descripción que como discípulos debemos recorrer; unos como el hermano menor, otros tal vez, como el mayor que no quiere entrar en la fiesta, sin embargo, a ambos los ama su padre. De igual manera nosotros somos amados por el Padre de Jesús que para eso lo ha enviado. Habemos muchos que nos olvidamos de que somos de la misma familia, que nuestro Padre es en común y vivimos peleados o bien agrediéndonos. Se nos invita entonces a que entremos todos en la fiesta, esa fiesta que el Padre nos ha preparado a todos sus hijos. La Pascua es el tiempo más festivo, el tiempo en donde el Padre nos abre sus brazos para recibirnos a quienes quieren entrar en su Casa.

5.- Un camino para todos
El texto de la pecadora adúltera (Jn 8,1-11) nos presenta a Jesús como Señor de la Misericordia y del perdón, que entra en lo más íntimo del corazón del hombre, si este lo permite. Sólo una comunidad que perdona puede ser perdonada por Dios y sólo una comunidad que sabe acoger el perdón de Dios será capaz de perdonar de verdad. La comunidad eclesial reconoce su pecado y da testimonio de conversión a Dios, recibiendo así el perdón del Señor. Por otro lado la Iglesia con Jesucristo y en su nombre, es mediación del perdón y la paz de Dios. La Pascua es precisamente el tiempo más comunitario, en donde la Iglesia reúne a todos los hijos de Dios a compartirles el gozo y la alegría que nos espera. No esperamos un final triste o desagradable, caótico o generador de miedo, sino el participar ya desde ahora de la presencia de aquél a quien amamos y seguimos.

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