De estampas, pandemias y responsabilidades

Felipe Monroy

Tengo una estampa del Justo Juez en mi cartera. Me la obsequió hace años una señora mayor mientras hacía trabajo reporteril en la ciudad. Nunca le he dado valor mágico ni algún grado de protección mística. Pero me gusta pensar que, como aquella mujer, muchas personas en mi vida desean que me encuentre bien mientras ejerzo una de las profesiones más riesgosas en el país.

Ha causado inmenso revuelo que el presidente de México mostrara los emblemas de la Salvaguardia del Sagrado Corazón de Jesús (conocidos como ‘Detente’) que lleva en su cartera mientras intenta responder a una crisis sumamente obscura cuyo detonante es una terrible pandemia viral que mantiene en vilo a no pocas naciones. Se han vertido infatigables críticas al presidente. Y a muchas no les falta razón.

Es bien sabido que López Obrador parece mirar los graves desafíos de la realidad como si fueran imágenes de Epinal (estampas populares tradicionalistas que muestran con ingenuidad y simpleza sólo lo bueno) y por ello, mucha gente considera preocupante que el titular del ejecutivo de una inmensa y compleja nación simplifique -desde su visión, sus palabras o actos- las funciones y su responsabilidad en el alto cargo que se le confirió, máxime en medio de un panorama crítico.

Pero ¿qué es el ‘Detente’?

La historia adjudica a santa Margarita María Alacoque, profunda mística católica del siglo XVII, como la vidente y divulgadora de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Sin embargo, parece que su función como salvaguarda ante calamidades se debe a que los fieles de Marsella utilizaron este pequeño símbolo durante la plaga de 1720; la historia cuenta que Ana Magdalena Rémuzat y sus hermanas anticiparon el azote de la plaga en la ciudad y por ello manufacturaron miles de estos emblemas que repartieron entre todos los fieles para su protección.

El ‘Detente’ nació como un símbolo del abandono del creyente ante la voluntad de Dios y su entera confianza en el Sagrado Corazón de Jesús; sin embargo, rápido fue utilizado como escapulario protector ante epidemias de cólera, peste y otros azotes, como la guerra. Para el siglo XIX y XX, el ‘Detente’ se popularizó entre los soldados pues se confiaba en que ‘detenía las balas enemigas’.

Se dice que las estampas y escapularios de la devoción popular son el “único lujo del pobre” y por ello, desde el siglo XVI, la iglesia católica promueve su producción y su utilización. En principio, no les confiere ninguna cualidad sobrenatural y de hecho siempre condena las prácticas mágicas de estos símbolos mientras intenta ‘purificar’ las prácticas devocionales de la grey con estos objetos. Sin embargo, a veces más interesada en la difusión que en la profundización, la iglesia ha aprovechado la alta divulgación iconográfica de estos emblemas al tolerar usos místicos y trascendentales de las imágenes entre la gente.

Sí, el presidente guarda en su cartera no uno, sino varios emblemas del Sagrado Corazón de Jesús; los considera apenas símbolos de aquellos deseos de bienestar que no pocas personas le prodigan. Y, según afirmó, no le importa qué reliquia sea ni de qué credo provenga, católica, chamánica, panteísta o naturalista, a él le sirven igual cuales amuletos, aunque los puristas de insignias hagan precisiones sobre las fórmulas autorizadas para un milagro.

Quizá sea sólo un acto irracional de su parte, quizá sin querer se ha mofado de la gente sencilla y de sus creencias, quizá le esté tomando el pelo a todos mientras provoca el desconcierto de los propios y la ira de sus adversarios. Esa respuesta sólo está en su fuero interno, está en el terreno de la moral y sólo desde allí es posible analizarlo. Se lo advirtió Hugo López-Gatell, el funcionario técnico que lleva las medidas sanitarias contra la pandemia del COVID-19, “la fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio”. Tenía razón, el proyecto de nación que representa López Obrador tiene absolutos y referentes trascendentales, tiene horizontes que van más allá del bienestar material y en el presidente se concretan todos los ejemplos. Como individuo, porta la misma carga viral en la pandemia; como presidente, carga mucho más peso moral sobre sus hombros.

Personalmente, cuando he cambiado de cartera y emerge entre las identificaciones la estampa del Justo Juez, pienso en aquella mujer de la que desconozco su nombre o sus intenciones; pero deseo que se encuentre bi

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