¿De qué va mi paro este 9 de marzo?

Pilar Rebolledo

 

Reconozco que no le daba mucho juego al 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) como algo histórico, hasta que el presente nos volvió a dar motivos. No me parece una conmemoración, ni una fiesta para obtener privilegios o ventajas, sino una fecha para exigir garantías.

Que esta fecha sea una puerta para que la sociedad entera pueda estar tranquila. No sólo las mujeres tienen miedo, no sólo las mujeres mueren o son acosadas, pero sí es por medio de las mujeres que podemos matar o sanar a la sociedad, a la humanidad.

Muchas, muchas, pero muchísimas manifestaciones en el Día de la Mujer o en otras fechas coyunturales han sido organizadas y sobre todo concurridas por colectivos feministas, y no todas las mujeres nos identificados con sus métodos ni con todas sus demandas. Prueba de ello es la gran diferencia que hay entre la marcha del 8 de marzo y el paro del día siguiente que, estoy segura, tendrán formas, alcance e impacto muy distintos.

Claro que México no se solucionará después de esos dos días, pero habremos logrado algo que hacía mucho no vivíamos: unidad y cohesión.

¿Por qué haremos diferente este Paro Nacional de Mujeres?

Ni a los conservadores ni a los progresistas les gusta que los vean juntos, mucho menos llevar agua al molino del otro, pero en esta ocasión, los intereses políticos y las diferencias irreconciliables deben quedar de lado para unirnos a favor de nuestra naturaleza, nuestro sexo Femenino.

Las mujeres unidas y preocupadas por México haremos paro para recordarnos nuestro valor, nuestra fuerza, lo mucho que aportamos y el equipo que somos. Teniendo como intercesora a Nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe. Ella, que eligió este país, donde pidió su casa y supo cambiar nuestra historia haciendo equipo con los hombres: San Juan Diego, su tío Juan Bernardino y Fray Juan de Zumarraga.

Tengo muy claros mis principios y valores, así como muchas feministas tienen claros los suyos, pero eso no nos detendrá para concientizar a un país entero del valor de la mujer y de cada vida, de la urgencia nacional ante la violencia, el abuso y cosificación del que las mujeres estamos siendo objetos.

Comparto el temor de muchas de nosotras, las católicas, que por naturaleza nos oponemos al aborto y al antagonismo entre hombre y mujer, pero también consideró que estamos llamadas a ser parte de esta demanda social, a dar esta lucha por la defensa de la paz y la vida. En lo personal, siento una necesidad de apostarle a una manifestación pacífica, pero sin renunciar a mis principios.

No pido la legalización del aborto, privilegios sobre los hombres, ni que se ignoren los demás conflictos sociales, Como muchas otras mujeres, pido que se garantice la paz en nuestras jornadas, que una vez que lleguen al poder, nuestros políticos dejen de buscar más poder y se aboquen en atender, servir y solucionar este espiral de violencia.

Nuestra demanda es muy clara: justicia, seguridad, el fin de la impunidad y que el proceso para denunciar a los agresores sea un proceso humano y no uno en el que debamos revivir el acoso, el descrédito y la frustración.

Este 9 de marzo, haremos la diferencia si cada una hace un compromiso, porque además de exigir, debemos comprometernos a formar iglesias domesticas, hombres respetuosos, hijos amados y familias integradas, con valores cristianos y resistentes a la frustración, para que nunca dejemos de luchar, nunca dejemos de respetar y de acatar ciertos límites que tanta falta nos hacen.

Los hombres ayudarán mucho tendiendo la mano y levantando la voz cuando atestigüen casos de abuso laboral, social o sexual contra las mujeres. La oficina, el metro, la calle o cualquier otro escenario es ideal para la solidaridad y hacer la diferencia.

Si la impunidad legal tardará más tiempo en eliminarse, que la indiferencia social no de cabida ni normalice la violencia familiar, social o laboral. Prevengamos las desgracias y ayudemos en momentos oportunos, denunciemos, respetemos los duelos y los procesos de cada víctima. Eso hará diferente a nuestro país que se arrastra para no morir.

México renacerá cuando revaloremos a sus mujeres, su vida, su dignidad, su inteligencia, y sí, su maternidad. Renacerá cuando reconciliemos los derechos con las obligaciones, el respeto con la acción. Pongamos a este México tan lacerado en nuestras oraciones, que esta Cuaresma, período de conversión, sea por México. Las buenas intenciones ayudan, pero el Ayuno y la Oración sacan demonios, y necesitamos sacar muchos de esta generación.

Por eso haré paro este 9 de marzo, porque elijo una manifestación pacífica, que no ponga colores a mi silencio, ni banderas a mi hartazgo, haré paro porque reiniciaré la dinámica familiar, para generar una espiral de paz y respeto desde mi casa. Ese es mi compromiso.

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