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PALABRA Y TESTIMONIO DE LA IGLESIA CATÓLICA EN CIUDAD JUÁREZ

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Dios lo llevó por el camino de la Cruz… a servirle en el Altar

Carlos Herrera es un joven juarense que enfrentó la muerte cara a cara en su proceso vocacional al sacerdocio…Ya es diácono e hizo una alianza con Dios para llegar a la meta…Aquí su historia

 

Ana María Ibarra/ Primera Parte

Convencido que su vocación ha sido un llamado de Dios, Carlos Herrera Holguín se ha dejado guiar por los caminos a los que Él lo ha llevado, incluido el camino doloroso de la cruz de la enfermedad.

Originario de Ciudad Juárez, Carlos se encuentra incardinado a la Arquidiócesis de la Ciudad de México, donde ha vivido no sólo su proceso de formación sacerdotal, sino también donde ha combatido su lucha contra el cáncer de páncreas.

A casi un mes de haber sido ordenado diácono transitorio, el 15 de junio, Carlos visitó su diócesis y su comunidad Jesús Obrero, donde compartió con la comunidad la acción de gracias, y con Presencia su testimonio.

 

Vocación

Siendo el menor de los 13 hijos de Jesús y San Juana, personas muy comprometidas en la parroquia Jesús Obrero, la vocación de Carlos nació desde niño, como él mismo lo reconoce. 

“No había templo, veníamos a misa en un jacalito. Después se construyó una pequeña capillita, hasta que se construyó el templo. Fue un ir viendo el esfuerzo de muchas personas que junto con mis padres hoy gozan de la presencia de Dios”, expresó Carlos. 

Recordó que su mamá lo llevaba a Hora Santa los jueves y él se quedaba dormido.

“El murmullo de la oración de los viejitos me arrullaba, hasta que el padre daba la bendición me despertaban y nos íbamos. Eso me hizo tomarle mucho amor a la Eucaristía después, así como el testimonio de mis padres, de vivir su fe, a lo mejor muy sencilla, pero muy comprometida”, resaltó.

Carlos fue monaguillo y sintió el llamado a la vocación, pero en la adolescencia ese llamado quedó en silencio.

“Una apuesta que le hice a uno de mis amigos hizo que retomará la vocación y viví un Preseminario. Ingresé al Seminario, pero por cuestiones de la vida, tuve que dejarlo al morir mi papá, para hacerme cargo de mi mamá y así pasaron muchos años”, señaló. 

 

Camino doloroso

Casi 20 años después, al morir su madre, Carlos volvió a plantearse su vocación y decidió iniciar un proceso, pero sintiendo el llamado de Dios a la vida religiosa. 

“En Juárez no había mucha presencia religiosa y me fui a México por consejo de mi director espiritual aquí. Empecé a estudiar en el Seminario en México como laico. Conocí a una comunidad religiosa en la cual estuve un año y medio, hasta que me diagnosticaron cáncer de páncreas, eso hace cuatro años”, compartió. 

Durante ese tiempo Carlos trabajó evangelizando en los basureros y cárceles, lo que fue su motor vocacional, pero su primera cirugía lo tuvo al borde de la muerte y fue despedido de la congregación.

“Un amigo sacerdote, formador del Seminario Conciliar en México, me invitó a tocar puertas para quedarme en la Arquidiócesis. La verdad lo dudé porque con el antecedente de haber sido sobreviviente de cáncer y conocer todas las consecuencias que esto trae, pensé que difícilmente me iban a abrir las puertas”, dijo.

Carlos decidió acudir a promoción vocacional y fue el padre Efraín Hernández, encargado en ese entonces de la pastoral vocacional a nivel arquidiocesano, quien le abrió las puertas.

“Empecé un proceso de selección como cualquier jovencito cuando ya estaba en ese tiempo terminando el segundo año de teología. Bendito Dios fui aceptado. Hice el Curso Introductorio y regresé a tercero de teología”, dijo agradecido.

 

Recaída

Carlos tuvo una recaída con el cáncer que lo llevó a una segunda cirugía, de la cual salió bien por lo que pudo terminar el cuarto grado de teología. Así, el cardenal Carlos Aguiar y el equipo formador decidieron otorgarle la ordenación diaconal, esperando el próximo año la ordenación presbiteral. 

“Ha sido un proceso largo, a veces doloroso, pero también ha sido muy didáctico. Dios me ha llevado por caminos que Él quiere. Yo quería la vida religiosa y Él dijo no, diocesano. En todo esto veo la mano de Dios que ha ido construyendo esta vocación, con mucho dolor, con mucha Pasión, pero también con mucha Resurrección”, externó. 

 

Regreso a sus raíces

Estar de visita en Ciudad Juárez como diácono, ver a sus amigos, su gente y su comunidad, fue para Carlos regresar a raíces, sin embargo, reconoció que Dios le ha llamado para estar en la Arquidiócesis Primada de México.

“Me llena mucho de alegría estar aquí. Ciudad Juárez siempre estará en mi corazón, en mi oración, en mi mente, pero siento que después de tanto pedirle a Dios, es allá donde me quiere. Mi apostolado ha sido con los pobres, con los necesitados, con aquellos que en realidad necesitan en una ciudad tan llena de tantas cosas, pero tan alejada de Dios”, afirmó.

El diácono dijo sentirse acogido en CDMX a donde, dijo, ha llevado la riqueza de todo lo que aprendió de los sacerdotes, religiosas, y laicos comprometidos de Ciudad Juárez. 

“Todo esto que bebí, que me formó, me ha ayudado para trabajar con la gente allá, respetando que la Ciudad de México es una ciudad con tanta tradición que me ha enseñado mucho a valorar y también a entender a la gente”.

 

 “Los espero con las manos abiertas Cuando quieran ir a visitarme a la Ciudad de México y a visitar a la Morenita. Sigan pidiendo a Dios que envíe obreros, no nos cansemos de pedir por las vocaciones”.

Diác. Carlos Herrera

 

Vivir con cáncer: consejos

de un sobreviviente

Como muchos entienden, hablar de cáncer es muchas veces sinónimo de muerte. No así para Carlos, quien asegura que todo es cuestión de saber procesarlo. 

“Le pedí a Dios que me enseñara a vivir el cáncer desde la fe. Cuesta mucho trabajo entender, aceptar, pero el cancer, como todas las enfermedades, es cuestión de actitud”, afirmó.

Al igual la vejez, la enfermedad se puede vivir o peleando o esperando la muerte, dijo.

“Así se lo dije a Dios: Yo no te lo pedí, tú me lo diste y tú me vas a enseñar a vivir con esto, Tú me sacas de esto”, recordó. 

y reconoció también: “Ese proceso duele, cuesta lágrimas, soledades, tristezas, pero es abandonarte, confiar. Cuando te abandonas y confías, Dios hace maravillas”, afirmó el diácono agradecido por el “ejército de gente” que oró siempre por él. 

“El poder de la oración me queda claro, Dios hace lo demás. Nada más es disponerse como canal de gracia para todos los regalos que Dios quiere dar a través de uno, del testimonio, de la fortaleza, que no es mía sino de Dios. Es el Espíritu Santo el que trabaja y obra en uno”, setneció.

 

Desde la cruz del cáncer

Carlos dijo que descubrió, a través de su director espiritual, que Dios lo invitaba no sólo a contemplar su Pasión, sino a subirse con Él en la cruz. 

“Logré ver la necesidad de mis hermanos, y ahí, crucificado en la enfermedad, pedí por mi pueblo, por mi gente, y por tanta gente que me he encontrado y me encontraré a lo largo de este proceso y que volvieron a creer en Dios por la actitud que tengo para vivir, para regalar una sonrisa a pesar del dolor”.

Así, de pie a pesar de su fragilidad y aún sintiendo malestar, Carlos ha logrado darle un rostro bonito a otros enfermos. 

“Es como si fuera un tubo o una toma de agua donde los demás van, no por mí, sino por lo que Dios hace en mí y por lo que hace en los demás a través de mí”.

 

Alianza con Dios

Actualmente, el cáncer está controlado, sin embargo, Carlos sabe que debe cuidarse toda la vida. Y lo hace mediante una “alianza” que hizo con Dios desde que estuvo al borde de la muerte. 

“Le dije: si esto es tu voluntad, la enfermedad y darme el don del sacerdocio, solo te pido dos cosas: concédeme celebrar una Eucaristía y confesar a un preso, después de esto haz de mi lo que quieras. Si me la cumple, bendito sea Dios. Si deja que sea más de una Eucaristía y más de una Confesión, valdrá la pena”. 

“No tomo ningún medicamento. Trato de no estresarme y hacer lo que me toca hacer con alegría y gusto. Esa es una manera de vivir diciéndole al Señor: gracias por este día y por la oración de mucha gente que sigue pidiendo por mí”.

 

frase 2.

“Siempre pido por la diócesis, por mi Ciudad Juárez tan lastimada por la violencia, sé que también lo enfrentan con mucha fe. Siempre que voy a la Basílica, pongo en el corazón de la Virgen a la gente, a mi pueblo que me sigue doliendo, pero que también confío que la gente sigue trabajando”.

 

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