Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Con grande amor y cariño los saludo viviendo con mucha intensidad estos días de Pascua. Los saludo con gran alegría en el Señor Resucitado. En este segundo domingo de Pascua, día en que celebramos la Divina Misericordia, contemplamos a un Dios misericordioso y el rostro palpable, cercano y hasta humano de la misericordia de Dios:

Es Jesucristo, el Señor de la Misericordia. Dios nos ama y nos ama en su Hijo que, como celebramos siempre, pero en especial en estos días de Pascua, murió y resucitó para que tengamos vida, vida en abundancia.

El Señor nos ama. ¡Qué gran don de su amor!… valoremos y vivamos siempre en esta dimensión de la misericordia de Dios en doble aspecto: recepción pero también misión. Recepción: recibir la misericordia de Dios, sentirla, experimentarla. Saber que Dios me ama, entonces la experiencia diaria, y sobre todo el domingo, día del Señor, vivir la misericordia del Señor.

Pero también ser misericordiosos, es decir, imitar a nuestro Padre Dios en su hijo Jesucristo, siendo misericordiosos.

La misericordia implica muchas cosas, implica la paz, escuchamos en este domingo cómo Jesús da el saludo de resurrección a sus discípulos: “la paz esté con ustedes, la paz esté con ustedes”. Recibir la paz, vivir en la paz y recibir la paz es recibir a Cristo, príncipe de la paz. Recibir la paz del Señor es recibir a Jesús en nuestras vidas, que murió y resucitó por nosotros. Recibir la paz es trabajar por la paz, construir la paz, ser hombres y mujeres de paz, instrumentos de la paz de Cristo.

 

Vivir la Misericordia

Vivir la misericordia es vivir conforme al Espíritu Santo. Además de saludarles diciendo “la paz esté con ustedes”, Jesús enseguida sopla sobre ellos diciendo: reciban al Espíritu Santo. Entonces vivir la misericordia es recibir el don del Espíritu Santo.

Y es tanto su amor, que nos da su Espíritu al decir ‘reciban al Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que nos da sus dones, que nos santifica, que nos conduce en la verdad, que nos va guiando en la verdad, que nos va guiando en Cristo a la Casa y al encuentro definitivo con el Padre.

Vivir la misericordia también implica el perdón, recibir el perdón de Dios, pero también perdonar. Dios me ama y me perdona, pero también a todos mis hermanos. Y un fruto de la misericordia, como expresión comunitaria, es precisamente la vida fraterna, la comunión fraterna.

Hermosísimo el texto de hoy, ojalá que lo repasemos, lo meditemos una y mil veces este texto que escuchamos hoy de los Hechos de los Apóstoles. Los primeros cristianos vivían en fraternidad, todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común.

Entonces vivir la misericordia, experimentar la misericordia nos lleva a la comunión, al amor, a la fraternidad, a compartir lo que Dios nos da, que no es nuestro, sino es de Dios, y nosotros sólo somos administradores. Y nos lo da, sí, para realizarnos como personas, como cristianos, pero también para ayudar a la felicidad, a los demás, a hacer feliz al otro, sirviendo al otro, compartiendo los dones que Dios nos da. En aquellos tiempos todo lo ponían al servicio de los demás, entonces es el ideal de la verdadera comunidad cristiana.

Este domingo segundo de la Pascua, Domingo de la Divina Misericordia, aceptemos la misericordia de Dios y encarnemos como Iglesia, como parroquia, como diócesis, como familia, como amigos, como sociedad y por eso lo cantamos en el salmo responsorial: “la misericordia del Señor es eterna”.

Que siempre se lo digamos y que siempre lo actuemos, que nunca nos cansemos de cantarle, repito, su misericordia es eterna.

Queridos hermanos: sigamos con gozo y con entusiasmo la vivencia de la Pascua. Todos estos cincuenta días hasta Pentecostés.

 

Congreso pro vida

También la misericordia implica amor a la vida, respeto a la vida y aprovecho para invitarlos a que participen en el Congreso Binacional a favor de la vida, a realizarse el próximo sábado 29 de este mes. Los invito con tiempo para que adquieran sus boletos. Los jóvenes van al Gimnasio de Bachilleres, y los adultos, matrimonios, a las instalaciones del Cibeles.

Es importante que asistas para experimentar a través de este congreso binacional, la misericordia de Dios, los valores de la vida, del noviazgo, de la buena moral, de la fe, del buen comportamiento, del valor y el respeto por la vida. Infórmense en sus parroquias y ahí los esperamos.

Que Dios los siga bendiciendo. Les doy un abrazo de Pascua y también me despido dándoles mi bendición en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.