Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

A propósito del Día de las Madres que se avecina, les invito a reflexionar unas ideas sobre el capítulo quinto  de la Exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, del Papa Francisco, que lleva el título “Amor que se vuelve fecundo” y habla sobre el don de los hijos y la maternidad –paternidad-.

 

Maternidad/paternidad

Lo primero que el papa nos dice en este capítulo es “el amor da vida”, Dios es amor y nos da la vida. Cristo dio su vida por nosotros. Tanto nos amó que dio la vida por nosotros. Así debe ser el amor conyugal. El amor conyugal no se agota dentro de la pareja. Los cónyugues, a la vez que se dan ese amor entre sí, esa entrega entre sí, van más allá de sí mismos: la realidad de los hijos, de una vida nueva, de un hijo, y este hijo, esta vida nueva que es fruto fecundo del amor de los esposos, dice el papa, primero, es reflejo viviente de su amor: ese hijo es un reflejo del amor de los esposos; segundo, es un signo permanente de unidad conyugal.

El hijo es eso, un signo de la unión permanente, estable, para toda la vida del amor conyugal; y tercero, el hijo, el fruto del amor de los esposos es síntesis viva e inseparable del padre y la madre, síntesis, porque es hijo de los dos: de papá y mamá. Los dos lo engendran y el hijo es síntesis de ambos, de la vida, del amor del padre y la madre.

Este capítulo quinto está todo concentrado sobre la fecundidad y la generatividad del amor.

El don de un hijo que Dios da al papá y a la mamá comienza con la acogida, dice el papa, primero acogemos, recibimos esta nueva vida, por eso estoy abierto a la vida. Luego de acogerlo viene el segundo momento: la custodia de ese hijo, el cuidado de ese hijo desde su nacimiento hasta siempre. Nunca, dice el papa, nunca dejan de ser papás, nunca dejan de tener esa custodia de los hijos; y tercero, tiene como destino final el gozo de la vida eterna. Finalmente ese hijo que engendran, que acogen, que custodian, lo educan y forman para que ese hijo un día alcance el gozo de la Vida Eterna. Es entonces como se comprende que es la manera espiritual y psicológica de recibir una nueva vida.

 

La mamá embarazada

El papa hace un especial énfasis en el tiempo del embarazo. Dice, es una época difícil para la mamá, porque puede tener muchas reacciones, muchos sentimientos. Es una época difícil, pero también es una época dice maravillosa. La época del embarazo es una época maravillosa porque la mamá va conociendo al hijo desde que se mueve, desde que lo siente, desde que sabe que ya viene aquel hijo y por lo tanto, aunque son momentos difíciles, es un momento maravilloso.

La mamá embarazada necesita pedir siempre la luz de Dios, la gracia de Dios para conocer más profundamente a su propio hijo, y para esperarlo con mucha alegría, gozo y amor, y de esta manera, dice el papa, que el niño se sienta esperado y deseado, anhelado. Entonces el tiempo del embarazo desde la concepción es muy importante, hay que darle su debida atención. El papa Francisco pide a cada mujer embarazada cosas muy bonitas. Dice: cuida tu alegría, ¡que nada te quite el gozo interior, en tu matrimonio! ¡Ese niño merece tu alegría!

 

Otra maternidad

Es importante el amor de papá y de mamá para con el hijo de ambos, de ahí la importancia que el matrimonio sea entre hombre y mujer, papá y mamá. Ambos contribuyen a la crianza desde el seno, y a la custodia y al gozo y crecimiento de su hijo, y por eso les pide el papa, al papá  y a la mamá, muestren el rostro materno y paterno de Dios a sus hijos. ¡qué hermoso!, hermosas palabras del papa al hacer ese llamado.

El papa habla en el documento de la fecundidad ampliada, es decir, de la adopción, tanto de aquellos que han concebido uno o dos o más hijos y quieren adoptar o adoptan, o aquellos inclusive que no pueden tener familia, pero también desean adoptar. Entonces es un camino para realizar también la maternidad y la plenitud de una manera muy generosa.

Adoptar es el acto de amar, de regalar una familia a quien no la tiene, es una experiencia de fecundidad muy particular de los cónyuges, de valorar y de reconocer.

La familia, el adoptar, tener uno, dos, tres hijos o má y estar abiertos a la vida, es poner en práctica en plenitud esta cultura del encuentro.

 

Ser hijo

Aparte el papa también invita a los hijos saber ser hijos. A nadie hace bien perder la conciencia de ser hijo, ¡que nunca perdamos la conciencia de ser hijo!: soy hijo, tengo mi papá, mi mamá…El papa hace referencia en ese sentido al cuarto mandamiento: “Amarás a tu padre y a tu madre”,  así que no pierdas la conciencia de que eres hijo, de que tienes una historia, tienes a tus padres que te engendraron, que Dios, a través de ellos te dio la vida, entonces tú siempre hacer referencia de amor, respeto y reconocimiento. Una sociedad de hijos que no honran a sus padres, es una sociedad sin honor.

Que nosotros como mexicanos, que nosotros en la Diócesis de Ciudad Juárez, tú y yo y todos, conservemos lo maravilloso que es la familia, el valor de la familia, el valor de ser hijo, de ser mamá, de ser papá.

Que Dios nuestro Señor los cuide, los proteja, los anime en todo, y como siempre, estamos en comunicación y que los bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.