El mensaje para la Cuaresma 2019 del Papa Francisco usa el lenguaje de la ecología y muestra una gran esperanza: “Volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad”.

Agencias

Convertir el desierto de la creación en un jardín de comunión con Dios…¿Cómo se puede lograr esto? Francisco vuelve a proponer, en su mensaje para la próxima Cuaresma las 3 herramientas de los tiempos de crecimiento espiritual: el ayuno, la oración y la limosna.

1. Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón.

2. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.

3. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece.

Su mensaje:

En el mensaje titulado “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”, el Santo padre destaca que “el misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación”.

Desde ese punto de vista, realiza una reflexión sobre tres puntos que acompañan el camino de conversión en Cuaresma. Aquí algunos fragmentos de estos tres puntos:

1. La redención de la creación

Francisco señala que “la celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo es un don inestimable de la misericordia de Dios”.

“Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo, y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención”.

Sin embargo, “en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte”.

2. La fuerza destructiva del pecado

A continuación, el Papa explica que “cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas, y también hacia nosotros mismos, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca”.

“Como sabemos”, continúa, “la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo”.

“Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás”.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Finalmente, se llega al arrepentimiento y al perdón. “El camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual”.

“La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna”.

Corolario

El Papa Francisco concluye su mensaje de Cuaresma haciendo un llamado a abandonar “el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos”.

“Dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación”.

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