Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Muy buen domingo tengan todos. Les saludo con mucho amor de padre y pastor con esta reflexión del décimo octavo domingo del tiempo ordinario. Les comentaba el domingo pasado que iniciamos una serie de 5 domingos donde se toca el tema de la Eucaristía, central para la vida del cristiano.

Hace 8 días, reflexionamos en torno al milagro de la multiplicación de los panes, como ese milagro causa gran expectativa entre la gente, un gran alboroto y mucha gente lo busca cada vez más. Pero escuchamos hoy al inicio del evangelio de san Juan decir cuando la gente vio ese milagro en aquella parte del lago, lo sigue, lo busca, no lo encuentra. Jesús buscando tranquilidad y un poco de calma, de silencio se traslada a otro lugar, la gente se inquieta y lo busca, unos por tierra, otros atraviesan el lago hasta que finalmente lo encuentran.

Cómo la figura de Jesús, su palabra, sus acciones, sus milagros causan admiración, causan efectos positivos en la gente.

En este segundo domingo de esta temática eucarística, Jesús hace dos afirmaciones muy importantes. Primera: “no trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna”. Cómo a veces nos afanamos por un pan meramente material. Es bueno, sin duda, anhelar tener una vida buena, tener lo necesario, pero a veces lo hacemos con afán desmedido y así dice Jesús: no trabajen por el alimento que se acaba, haciendo a un lado a Dios, o dejando a Dios en un segundo o último lugar, sino por el alimento que dura para la vida eterna.  Jesús nos hace ver que tomemos conciencia de mantener un equilibrio.

 

Centrados en Dios

En otro pasaje nos dice: ‘buscar a Dios, el Reino de Dios y lo demás se te dará por añadidura’. Hay que  estar centrados en Dios, buscar el alimento que nos da Dios que es Dios mismo. Y por eso sigue diciendo san Juan que les dará el Hijo del hombre.

La segunda afirmación que Jesús hace, que es una verdadera revelación, les dice: “Yo soy el Pan de la Vida”. Jesús hace una afirmación importantísima, y sigue diciendo “el que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

¡Qué hermosa e impresionante afirmación!, Jesús es el pan de la vida. Por eso entendemos entonces no afanarnos por el pan del mundo, sino que pongamos nuestra mirada y corazón en Jesús, el hijo de Dios.

Ya Simón Pedro lo confiesa determinantemente ‘Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo’. Hoy podemos decir ‘Tú eres el Pan de la Vida, acudo a ti para que me des tu pan, te acepto a ti, entra en mí,  aliméntame ya que Tú eres el verdadero Pan de la Vida.

Jesús trata de explicarles lo que pasó en el Éxodo, cómo la gente se desaminó en el desierto ‘tenemos hambre, hubiéramos estado mejor en Egipto, ¿para qué nos sacaste?’, y comienza a murmurar. Entonces Dios les manifiesta una vez más su amor y hace llover pan del cielo y codornices que cubren  el campamento. Es el Maná.

 

Verdadero Pan

Pero Jesús ahora en el evangelio dice: “ Yo soy el verdadero Pan del Cielo, es mi Padre, no fue Moisés, es mi padre quien les da el verdadero Pan del Cielo”.

El padre, Dios, nos envía a su Hijo, por eso Jesús nos afirma “yo soy el pan de la vida”, pero esto implica fe. Por eso cuando el sacerdote ya está consagrado el pan en el Cuerpo y la vida  de Jesús, levanta a Jesús y exclama: “este es el misterio de la fe”.

Por eso la importancia de la Eucaristía,  misterio central de nuestra fe, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, el misterio de su Pasión, Muerte y Resurrección, el misterio de nuestra vida, el misterio de nuestra fe. Por eso contestamos, y la respuesta debe ser con fe y con alegría: ‘anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección ¡ven Señor Jesús!’.

Por eso te invito que valores la Eucaristía, que la ames. Es triste en la Eucaristía de semana, de domingo, que no todos comulgan y no siempre comulgan; ya cada uno tendrá que dar una razón a Dios.

 

Sentido de vida

Participar de la Eucaristía es una participación completa, es la escucha de la Palabra, pero también el alimento de Cristo, Pan de Vida, porque realmente creo y amo a Jesús, me alimento de Jesús, necesito de Él. Y por eso la frase tan importante ‘el que viene a mí nunca tendrá hambre y el que viene a mí nunca tendrá sed’.

Querido hermano, acerquémonos a Jesús, acerquémonos a Cristo el pan de la Vida, al mismo tiempo con la conciencia de que alimentándome de Cristo, Él dará sentido a mi vida y por lo tanto, como lo dice la segunda lectura de san Pablo a los Efesios ‘no deben vivir ustedes como los paganos, dejen atrás el viejo yo, déjense guiar por el Espíritu Santo que renueva su mente, revístanse del nuevo yo, a imagen  de Dios.

La Eucaristía es la respuesta, la Eucaristía es la que nos hace nuevos, nos hace vivir en la novedad de Cristo el Señor. Vive en la Eucaristía y transmite la Eucaristía con tu vida, con tu amor, con tu caridad.

Te saludo con afecto y te bendigo. Un abrazo, Dios los cuide y los bendiga siempre.

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