Un estudio realizado a instancias de un organismo de inspiración católica indagó sobre las causas que generan la violencia en la pareja y luego en la familia…se presentaron para impulsar un programa de prevención social en este tema…

 

Ana María Ibarra

El estrés y la victimización de uno de los integrantes de la pareja son los principales factores que generan violencia familiar o en la pareja, además del consumo de alcohol y experiencias de agresión durante la niñez.

A esta conclusiíon llegó el estudio realizado por organizaciones civiles y la UACJ, en conjunto la Comisión de Familia y Seguridad Pública, en un proyecto impulsado por el Centro Familiar para la Integración y crecimiento, organismo de inspiración católica.

En conjunto con otras asociaciones y la Comisión de Familia del gobierno municipal, Cefic solicitó el estudio a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

Fue el doctor en psicología Esteban Eugenio Esquivel, de la UACJ, quien coordió el estudio para detectar los detonantes de la violencia en pareja, cuyos resultados se presentaron apenas este viernes 25 de junio.

Agresión bidireccional

El estudio, iniciado en marzo de 2018, investigó las experiencias de agresión reportadas por los ofensores, así como las experiencias de ofensa y violencia recibida de parte de su pareja en la familia de origen, tomando en cuenta cualquier tipo de violencia (de parte de padres o algún cuidador).

Los expertos entrevistaron a 134 personas canalizadas a la Estación de Policía Babícora por violencia intrafamiliar. La mayoría fueron hombres y sólo una mujer, con un promedio de edad de 34 años.

“Consideramos este estudio como clínico, porque son personas que han sido identificadas por una denuncia de agresión de violencia”, explicó.

El estudio indagó la aceptación y adherencia a los roles tradicionales de género así como la frecuencia del consumo de alcohol. Y la mayoría de los casos reporta violencia o agresión de manera bidireccional.

“Más allá de quién agredió primero o quién agredió más, este patrón es importante porque en este tipo de relaciones tiende a desarrollarse mayor riesgo pues al haber violencia de ambas partes, la violencia tiende a escalar y a ser más grave”, expuso.

 

Alcohol y violencia en la infancia

Uno de los indicadores de violencia que arrojó el estudio fue la presencia de experiencias de agresión que los encuestados sufrieron durante la infancia, particularmente violencia física y psicológica.

“El 45 por ciento de los encuestados reportó haber sufrido agresión psicológica de ambos padres, 60 por ciento reportó haber sufrido violencia física. Estas experiencias previas han sido señaladas como factor de riesgo, uno de los más importantes porque tienden a normalizar el uso de distintos actos de violencia como métodos legítimos para resolver conflictos o diferencias”, dijo el doctor Esquivel.

Agregó que otro factor al descubierto fue el consumo de alcohol, como disparador de agresiones en la pareja.

“No se detectó como un problema de adicción. La media mensual de ingesta es de tres veces. Esto nos dice que más que un problema de dependencia, es un problema de abuso de alcohol”, explicó.

 

Victimización y estrés

En el estudio también se presentaron preguntas sobre roles tradicionales del hombre y la mujer, por ejemplo: ¿es responsabilidad de la mujer evitar el embarazo? .  

“Combinamos roles de género más progresistas como: ¿hombres y mujeres deben compartir tareas del hogar?”, explicó el psicólogo.

También se tomaron en cuenta edad de la pareja y número de hijos como factor de estrés.

“Nos llamó la atención las que se relacionaron de manera directa con las experiencias de ofensa:  el número de hijos de los participantes, es decir, entre más hijos había mayor probabilidad de ofensa”, señaló.

Dijo que es entendible este indicador desde la teoría del estrés, pues todo lo que implica tener hijos, la responsabilidad, la economía, la educación, se convierte en un factor que genera conflicto.

Otro indicador directo, agregó, fueron las experiencias de victimización. Es decir, la agresión que el ofensor recibía de la pareja.

“No me sorprendió porque otros estudios, incluso en otros países, el mayor predictor de ofensa son las experiencias de victimización. Comúnmente se cree que son los roles de género, pero este es el mayor predictor”, resaltó.

De acuerdo al experto, estas dos variables son las que mayor peso tienen en el agresor, y no el alcohol o la violencia en la infancia, como pudiera pensarse.

 

Es necesario atender a los agresores

De acuerdo al doctor Esquivel, el estudio muestra la necesidad de implementar políticas públicas para prevenir las agresiones de pareja, o al interior de las familias. Y con recursos destinados a atender a los agresores con un trabajo multidisciplinario.

“Por una parte, trabajar con el agresor, atender la parte de la masculinidad,  la atención psicológica de desarrollo de habilidades que le permitan al participante resolver conflictos de manera no violenta. Y obviamente atención psicológica para resolver lo que genera las conductas violentas”, dijo el experto.

Para el especialista, la Comisión de Familia y Gobierno Municipal enfrentan un serio compromiso en el impulso a políticas que faciliten la gestión de espacios y recursos para las organizaciones que ya atienden esta problemática.

“Ciertamente la problemática de violencia en la pareja puede ser un problema de género, pero más que nada es un problema de relaciones interpersonales”, expuso.

“Desde todas las instancias se debe enseñar a los niños cómo relacionarse en pareja. Hay que rescatar valores como la tolerancia y todos aquellos que tienen qué ver con las relaciones interpersonales, que son muy importantes”, finalizó.