Ana María Ibarra

Un aproximado de mil 800 personas, 600 de ellos de la Diócesis de El Paso, Texas, asistieron el pasado viernes 7 de septiembre a la conferencia de William Zuluaga, predicador colombiano, fundador de la Comunidad María Mediadora.

Zuluaga compartió con los asistentes,  dos temas: Jesús Sanador y La Fe.

Sanación por la Palabra

Para dar inicio a su charla, William Zuluaga reflexionó cómo desde el libro del Génesis Dios creó cosas buenas para el ser humano.

“La voluntad de Dios es que el hombre viva una vida bendecida. Pero después del pecado, la voluntad de Dios es traer sanidad en nuestra vida y traer bendiciones”, expresó Zuluaga.

Añadió que esa sanación Dios la lleva a cabo por medio de Jesucristo, palabra hecha hombre que trae la liberación y la sanidad.

“El dolor y el sufrimiento son muy valiosos. Jesús mismo nos redimió a través del sufrimiento. Jesús nunca dejó sufriendo a los que se encontró. Dios sana por medio de la Palabra y la Palabra que envía Dios es Jesús. Cuando entra la Palabra en la vida trae liberación y sanidad”, dijo el predicador.

Añadió que si bien Jesús está presente en la Eucaristía el cien por ciento, en su Palabra también está presente el cien por ciento.

Formas de sanación

William resaltó que gran parte de las desdichas de la humanidad obedecen al pecado en la vida de cada persona.

“La muerte de Jesús tiene qué ver con la enfermedad de cada uno de nosotros. La muerte de Jesús tiene qué ver con los dolores de la humanidad”, expresó.

Compartió que las personas reducen la salvación de Jesús a la salvación del alma, que ciertamente tiene que ver con el alma, pero va dirigida también al cuerpo.

“Cuando Jesús salva, también sana. Jesucristo es sanador de nuestras vidas. Existen tres formas de sanación del Señor: sanación del pecado, sanación emocional y sanación de la enfermedad”.

Zuluaga reflexionó que aunque muchos no logran la sanación física, Dios ha escuchado sus oraciones y será en la Resurrección cuando experimenten la sanación prometida.

 

Oraron juntos

Después de su charla, el predicador invitó a los asistentes a cerrar sus ojos para realizar una oración, pidiendo la presencia sanadora de Dios a través de Jesús.

Esa noche, los asistentes, así como la Comunidad María Mediadora, incluso el mismo predicador, experimentaron la sanación, y se retiraron llenos de gozo de saberse escuchados y amados por Dios.

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