Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Muy hermoso y bendecido domingo, día del Señor, día de familia, día de fe en torno a Cristo en la Eucaristía. Les saludo con afecto, cariño y  mucho amor de Padre y Pastor, para a través de este medio, comentar la Palabra de Dios de este domingo XXIV del tiempo ordinario.

Hoy domingo la Palabra de Dios nos ofrece a reflexión dos temas que van de la mano, se implican uno al otro, sobre todo en el evangelio, pero también en la primera lectura de Isaías y la carta del apóstol Santiago, nos ayudan a enriquecer.

Los temas que quiero proponerles a reflexionar son, por una parte la fe, y por otra parte el anuncio de la Pasión; fe, Pasión. Cuando Jesús pregunta a Pedro y a los discípulos, “¿y ustedes quién dicen que soy yo?”, Pedro como siempre en nombre de los demás apóstoles confiesa su fe, que es la fe de la Iglesia: “Tú eres el Mesías”.

San Marcos lo dice muy claro, con cuatro palabras: “Tu eres el Mesías”, es el resumen de la fe: Creo en Jesús,  tengo fe que Jesús es el Mesías, todo lo que implica, Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, el Salvador, nuestro Redentor, es el Señor,  es el Mesías.

Por una parte se nos invita a reforzar nuestra fe para que tengamos una clara conciencia de quién es Jesús y confesar nuestra fe como lo hizo Pedro.

 

Primero, la fe

Quiero invitarles a este primer punto, la fe, tener claridad, afirmar y  confesar nuestra fe en Jesús, que es el Mesías, decirlo, proclamarlo siempre con tu palabra y con tus obras, con tu vida. Dile: “Tú eres el Mesías, creo en tí”.

Pero a partir de esa confesión de Pedro, “Tú eres el Mesías”, Jesús explica lo que va a venir: es necesario que el Hijo del hombre padezca mucho; será rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, será entregado a la muerte y resucitará al tercer día; hace este anuncio, predice la Pasión, predice que va a padecer y muerte, anuncia la Cruz.

La fe nos lleva a la Pasión, a la Cruz, al encuentro con Cristo en la Cruz, debemos contemplar la Pasión,  aceptarla, vivirla, hacerla nuestra. Cristo padece, se entrega, muere en la cruz por mí para salvarme, y eso va junto, fe y Pasión.  Tener una clara conciencia de que padeciste por mí, moriste por mí en la cruz y resucitaste, venciste la muerte para que yo y todos tengamos vida.

Quiero pues, invitarlos en este primer momento, a fortalecer nuestra conciencia de  quién es Jesús, pero también a contemplar, aceptar y asimilar en nuestra vida la Pasión y Muerte de Jesús.

 

Seguir a Jesús

Decía el Papa al inicio de su pontificado, que un verdadero discípulo es aquel que abraza la Cruz. Señor, dame fe, aumenta mi fe, pero también aumenta mi amor a la Cruz.  Por eso enseguida y al final del evangelio dice ya la invitación concreta: “ el que quiere venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”; ¡qué frase tan fuerte, tan clara nos hace Jesús!.  ¿Quiero ir con Jesús?, ¿quiero seguir a Jesús?, ¿quieres seguir a Jesús de verdad o no lo quieres seguir?

La pregunta sería:  ¿Yo quiero seguir a Jesús?, ¿ Qué se requiere? Renunciar a sí mismo. Renunciar al egoísmo, al pecado, a la soberbia,  a nosotros mismos, abrirnos a Cristo que es el Mesías, abrazar la Cruz, la Pasión. Dice el Papa Francisco, abraza la Cruz, únete a la Pasión de Cristo, ama a Jesús en la Cruz, para que luego vivas la vida en la resurrección y me siga, entonces sí seguir a Jesús.  

Y continúa diciendo el evangelio “el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí, por Cristo y por el evangelio, la salvará”.

 

Testimoniar

Esta fe, esta Pasión que hoy nos anuncia Jesús nos debe llevar a un testimonio. Por eso el apóstol Santiago en la segunda lectura, nos habla de la fe; si no se traduce en obras, está completamente muerta. Tú tienes Fe, dice el apóstol, y yo tengo obras, a ver cómo sin obras me demuestras la fe dice Santiago; con mis obras demuestro mi fe. Fe y  Obras; con tu fe, ¿qué proclamas?, ¿qué anuncias, qué celebras?; la fe se lleva a las obras, y las obras son caridad, misericordia.

Y nos da un ejemplo de un hombre pobre, desnudo, hambriento, que dice no le digas “que te vaya bien”. A veces nos quedamos en eso, en buen deseo, ¡no!, la fe nos debe de llevar a darle de comer, darle de vestir. Por eso Jesús en otro pasaje nos dice tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste.

Fe, obras;  cruz, entrega, sacrificio; fé, Pasión.

Reflexionemos, queridos hermanos, esos dos aspectos+ unidos, parece que son dos, pero se relacionan, “Tú eres el Mesías”, exclama Pedro y Jesús anuncia su Pasión; pero luego huimos de la Cruz, el mismo Pedro como que increpa a Jesús diciéndole “no te puede suceder ésto a ti Señor y te vamos a defender, estamos contigo”; ¿qué responde Cristo?: “¡Apártate de mí , Satanás!”.  

 

Ayudar al hermano

No nos opongamos al proyecto de Dios, no  huyamos por conformismo, por comodidad, por egoísmo,  porque quiero salvar mi vida, por lo que sea, ¡no!, Cristo entregó su vida, padeció por amor, y esa fe en Cristo crucificado y resucitado, nos hace crecer en la fe , pero también nos debe llevar a crecer en la Caridad,  en el amor al prójimo, en la fraternidad, y no sólo ayudar al prójimo en cosas materiales, sino consolarlo, aconsejarlo, ayudarle en su formación, claro, darle de vestir o de comer si es necesario, ayudar al hermano.

El Señor los bendiga y los fortalezca. Hoy pidamos con mucha insistencia en la oración, “aumenta mi fe para amarte desde la Cruz y amarte en cada uno de mis hermanos, sobre todo los que sufren, enfermos y pobres”.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, permanezca siempre con ustedes; un abrazo, buen domingo y buena semana a todos.