Luego de que  Fray García de san Francisco logró establecer una misión en lo que hoy se conoce como Ciudad Juárez, nuevos sucesos fortalecieron el nacimiento de la Iglesia católica en esta porción del pueblo de Dios…

Presencia

Los documentos históricos señalan que Fray García de San Francisco decidió traer a esta zona a 10 familias de indios Piros (de la Misión de Senecú) con el fin de que sirvieran de ejemplo para que los indios Mansos vieran las ventajas que tenía el nuevo modo de vida que se les ofrecía.

Ya ubicados en la zona, Fray García de San Francisco encontró un lugar para construir una pequeña capilla, a la cual llamaría “Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte” y cuya acta fundacional está fechada el 8 de diciembre de 1659.

 

Trabajo difícil

El documento “Los primeros pasos de la Iglesia en Ciudad Juárez”, elaborado por sacerdotes de esta diócesis, relata que en 1662 Fray García consiguió otro lugar para edificar un nuevo templo de la Misión de Guadalupe y un convento para los frailes, cuyas obras concluyeron en enero de 1668.

Como parte de la inauguración del nuevo templo, fueron bautizados 100 indios el 15 de enero de ese año.

Luego de 12 años en la zona, Fray García de San Francisco regresó  la Misión de Senecú, donde falleció en 1673.

Pero su trabajo en el Paso del Norte ya había fortalecido la difusión del cristianismo entre los indios, pues para 1665 se habían fundado nuevos centros poblacionales: Misión de San Francisco de los Sumas, Santa Gertrudis de los Sumas y Nuestra Señora de la Soledad (Janos).

 

Rebeliones y nuevas misiones

Para 1680 algunos indios que se encontraban en Nuevo México se rebelaron en contra de las autoridades españolas, rebelión que cundió en 1684, con la destrucción de las misiones de San Francisco, San Pedro Alcántara y Santa Gertrudis.

En 1686 la región fue pacificada y debido a que había mucha población se crearon nuevas misiones y se redistribuyó la población de la siguiente forma:

* Misión de Guadalupe: indios Mansos, Sumas y españoles

* Misión de San Antonio Senecú (Texas) indios Piros

* Misión del Santísimo Sacramento (Corpus Christi de Ysleta): indios Tiguas

* Misión de San Lorenzo El Real: españoles y Tiguas

* Misión de Nuestra Señora del Socorro: indios Sumas no rebeldes, Piros y Tiguas.

También se levantó el Presidio Paso del Norte cerca de la Misión de Guadalupe, así como el Presidio San Lorenzo el Real, con el fin de dar mayor protección a los pueblos.

Tras la pacificación de la zona, su desarrollo se consolidó y la actividad económica se diversificó y aunque la Corona Española decidió llevar el presidio del Paso del Norte a otra parte, la Iglesia permaneció atenta a los fieles de esta zona mediante “visitas canónicas”.

 

De Misión a parroquia

Momento importante en la historia de la Iglesia Católica en Ciudad Juárez, fue cuando el primer esfuerzo evangelizador, ya consolidado como Misión, pasó a tener una nueva constitución eclesial.

De acuerdo al citado documento, el 20 de mayo de 1787 el Rey Carlos III decretó un cambio en la organización política de la Nueva España y debido a que la Misión Paso del Norte era un centro comercial bastante consolidado y principal motor de evangelización para la región, se decidió entregar la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe a la Diócesis de Durango.

Así, tras 139 años de presencia franciscana, el 19 de julio de 1798 se entregó la misión al clero diocesano y se nombró como primer párroco al sacerdote José Ignacio Suárez, quien debía atender los pueblos San Lorenzo, Socorro, Isleta, San Elizario y el Presidio San Fernando el Carrizal.

La Misión de Guadalupe, ya era parroquia.

 

De villa a ciudad… y a diócesis

Con la llegada del ferrocarril a la zona, en 1884, cambió la dimensión de la Villa Paso del Norte, la cual pasó a ser ciudad el 24 de junio de 1888 por un decreto del Congreso, que nombró a la población Ciudad Juárez.

En 1891, se decretó la erección de la Diócesis de Chihuahua, a la cual la iglesia de Ciudad Juárez pertenecería, bajo el mando del primer obispo Don José de Jesús Ortiz.

Para los tiempos de la Revolución Mexicana Francisco Villa decretó la expulsión de extranjeros y sacerdotes de esta ciudad, y entre 1926 y 1929 la Parroquia de Guadalupe permaneció cerrada.

Fue hasta 1929 cuando se permitió el regreso del clero, pero en 1933 de nuevo gobierno e Iglesia se enfrentaron ya que en México se decretó que la educación fuera socialista.

A mediados de 1934 el goberndor Rodrigo M. Quevedo decretó la expulsión de todos los sacerdotes del Estado y pidió que los laicos administraran los templos, en los que además se prohibió el toque de campanas.

El 13 de febrero de 1935 un juez local emitió un fallo en contra de las autoridades, con lo que se permitió el regreso del clero para 1936.

Para entonces la ciudad había crecido mucho más y el espacio en la parroquia de Guadalupe era insuficiente.

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