Esta es la historia de Mario Flores, un mexicano sentenciado a muerte en EU que logró superar obstáculos, ayudar a muchos y ayudarse a sí mismo gracias a que estudió leyes desde la cárcel… 

 

Ana María Ibarra 

Condenado a pena de muerte por un crimen que no cometió, Mario Flores descubrió la mano de Dios guiando su corazón y el de muchas personas que, unidas, lograron no sólo el indulto para el sentenciado, sino su liberación y la de 170 hombres en su misma condición. 

Desde hace tres años, Mario Flores da su testimonio en distintos escenarios y el pasado sábado 04 de mayo visitó Ciudad Juárez invitado por la Fundación del Empresariado Chihuahuense. En entrevista, Mario dijo que su historia no hubiera sido posible sin la unión y la fe de su familia. 

Historia de fe 

Nacido en la Ciudad de México, a los siete años Mario fue llevado por sus padres a Estados Unidos en busca de una mejor vida, instalándose como residentes legales en la Ciudad de Chicago, Illinois, donde nació su hermana menor. 

En un barrio de esa ciudad, Mario creció viendo a sus amigos integrarse a las pandillas más peligrosas, mientras que él destacaba como clavadista, siendo seleccionado para los juegos olímpicos. 

Sin embargo, algo inesperado sucedió. 

Me acusaron de ser uno de los líderes de una pandilla violenta, y del homicidio de un líder de una pandilla rival, con eso me condenaron a muerte”, dijo Mario 

Como clavadista, Mario se convirtió en un joven famoso y respetado en su barrio, incluso por sus amigos de infancia, ya líderes de pandillas. 

“La popularidad como clavadista la policía la interpretó como liderazgo. Por ser respetado en el barrio concluyeron que era el cerebro intelectual de la pandilla”, lamentó quien a los 19 años fue condenado a muerte, a los nueve meses de haber sido detenido. 

Nacido en una familia católica, Mario narró su historia desde la fe, que mantuvo en todo su proceso. 

Cuando me condenaron a muerte una religiosa me dio un libro que se llama Confesiones de san Agustín. No era un libro interesante para mí, a simple vista, pero en el prólogo, subrayé una frase de San Agustín: No sé si la vida es mortal o si la muerte es vital. Se me quedó para siempre porque al ser sentenciado a muerte, empecé a vivir”, dijo convencido 

Veinte años de lucha 

Mario y su familia vivieron una lucha de 20 años “contra el monstruo del sistema penitencial estadounidense”.  

“Fue una lucha contra una policía de Chicago que usó todo su músculo para erradicarme, una lucha contra los demonios que existen dentro de la prisión, dentro de la mente, dentro del corazón”, expresó. 

Convencido de que no hay imposible para el que tiene fe, Mario compartió que su lucha fue también espiritual, y que nunca permitió que su mente, su corazón, ni su fe se perdieran. 

Este proceso lo tuve que interiorizar, agarrarme de la Biblia, especialmente la historia de José el soñador, porque habla de la traición, de la prisión, de la injusticia, del perdón. Esas historias fueron las espadas y escudos que utilicé en el largo viacrucis.  

Mientras Mario luchaba en el interior del penal, su familia hacía lo mismo en el exterior. 

“Buscaron apoyo ante la prensa y el gobierno para salvarme la vida. Sin mi familia tal vez esta historia no se hubiera contado. Somos una familia unida, de fe, y es importante mencionarlo”. 

Salvando a otros 

Con su condena y la muerte de su abogado, Mario sintió la necesidad de obtener conocimientos jurídicos, pues su defensa la llevó un abogado recién egresado y sin experiencia en pena de muerte. 

Recluído en una celda de alta seguridad, Mario recibió un tríptico sobre un instituto en Arizona que otorgaba diplomados en Derecho Penal y, sabiendo que la única manera de abrir la reja era desde lo jurídico, decidió tomar esos cursos. 

“Me quedé con la inquietud de no haber tenido un buen abogado. Mis padres pagaron esos cursos y entré al mundo de las leyes 

Tres años de diplomados cursó Mario y cuando empezó a tener conocimientos decid ayudar a compañeros, condenados a muerte, que no tenían la posibilidad de contratar abogados privados. Personalmente no podía defenderlos, les asesoraba para que se defendieran ellos mismos y yo presentaba todos los escritos a nombre de ellos. Fue así como intervine para demostrar la inocencia de trece personas en el corredor de la muerte, y muchos más en población general con otras condenas”, dijo Mario 

El milagro 

Con el indulto y la libertad de los primeros trece reos, dijo Mario, la mano de Dios comenzó a actuar, pues al salir, hicieron un movimiento para señalar que había 167 condenados a muerte también inocentes, entre ellos Mario. 

“Al salir, agradecidos y empáticos con los que quedamos adentro, empezaron a tocar el corazón de otras personas: jueces, fiscales, abogados”, señaló el entrevistado.  

Ese hecho, conmovió a periodistas e investigadores, que descubrieron grandes injusticias en el interior del penal. Aunado a esto, Mario se convirtió en pintor reconocido en España, por lo que los gobiernos español y mexicano comenzaron a presionar al gobierno estadounidense.   

En la última hora, del ultimo día, llegó el indulto, cuando todos los recursos se habían agotado. Después de la lucha de mis padres, las súplicas de mi madre, mi comportamiento en prisión, mis logros, mis cuadros, de cartas de mucha gente solidaria, el gobierno decidió revisar mi caso 

La fecha de la ejecución de Mario estaba programada para el 16 de marzo 1997. Al ser revisado su caso, el entonces gobernador de Chicago, George Ryan, se compadeció y el 4 de septiembre del 2004, Mario salió libre. 

Mensaje 

Consciente de la situación que vive Ciudad Juárez, Mario invitó a la comunidad a leer la Biblia y regresar a Dios y tener un acercamiento con Él.  

“No traté de cambiar al mundo, busqué cambiar yo. En momentos de tribulación, hay que buscar paz y tranquilidad eDios, y encontrar esa fortaleza. Debemos ser cristianos dignos de admirar, de ir cambiando el entorno con un buen ejemplo. Aplica lo que ya tienes en tu doctrina, manifiéstala, practícala y se una luz que brilla”, motivó. 

 

 

frase… 

Debemos ser cristianos dignos de admirar, de ir cambiando el entorno con un buen ejemplo. Aplica lo que ya tienes en tu doctrina, manifiéstala, practícala y se una luz que brilla 

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