Mario salió hace tres meses de su país en busca de una mejor vida, sin imaginar que al llegar a Estados Unidos sería separado de su hija de 10 años. Aún espera que le entreguen a la niña para poder aclarar su hoy incierto destino.

 

Ana María Ibarra

Buscando refugio para él y su hija de 10 años, Mario salió de Honduras hace tres meses a causa de la violencia que se vive en su país, víctima de amenzas de muerte, sin embargo, nunca pensó que al ingresar a Estados Unidos sería separado de su hija de quien no supo por casi un mes hasta hace unos días. Ahora, con un brazalete de monitoreo en su tobillo espera pronto recuperar a su hija para viajar a Nueva York y ahí continuar su proceso.

 

Separación dolorosa

Después de un trayecto difícil que duró casi dos meses, Mario llegó a la frontera Juárez-El Paso con la ilusión de recibir refugio en Estados Unidos después haberse sentido obligado de dejar su país.

“No es que querámos salir de nuestro país sino que hay cosas que nos hacen salir. Es duro porque se arriesga a todo, arriesgamos la vida y la de nuestros hijos. Gracias a Dios nos guardó y nos cubrió y nos hizo llegar hasta acá”, compartió en entrevista hospedado en Casa Vides.

Mario compartió que él y su hija llegaron a la frontera para entregarse en uno de los cruces internacionales, pero no se los permitieron por lo que tuvo que buscar otra alternativa.

“Vine a entregarme por el puente a migración pidiendo refugio, pero no me lo permitieron, tuve que entregarme en la malla”, compartió Mario.

El emigrante añadió que fue llevado a un centro de detención migratoria y en ese momento se sintió contento de estar en Estados Unidos, pero su alegría se apagó al saber que sería separado de su hija.

“Un agente de migración me habló muy fuerte. Me preguntó porqué venía, que porqué no me quedaba en mi país. A veces uno no quiere decir porque. Me dijo que por haber entrado ilegalmente tenía que recibir un castigo, ir a un condado y ser separado de mi hija para ser entregada a una familia que se hiciera cargo de ella”, agregó Mario.

Mario compartió que fue un golpe muy duro para él y su hija, y a pesar de suplicar que no lo separaran de ella, así sucedió.

“Cuando salimos de mi país le prometí a mi hija no separarme de ella, no dejarla sola. Hablé con mi hija y le comenté lo que estaba pasando. Ella no quería separarse de mí. Le dije que no se preocupara, que todo iba a estar bien, que pronto ibamos a estar juntos. Fue duro ver a mi bebé llorar, desesperada, me la estaban quitando y no podia hacer nada”, expresó.

 

Desesperación en la espera

Junto con Mario, otros padres y madres de familia fueron separados de su hijo, por lo que el entrevistado habló en nombre de ellos al expresar la desesperación que viven ante esta situación.

“Es muy duro que nos separen de nuestros hijos sin saber a dónde se los llevan. La

verdad fue muy desesperante estar preso y no saber nada de mi hija. En el lugar donde me detuvieron me dieron un número para comunicarme con mi hija pero al marcar no funcionaba ese número y fue muy desesperante”, afirmó.

Y agregó: “Estamos muy dañados porque no soy solo yo, hay muchos padres que están separados de sus hijos y que están todavía detenidos en el condado. Uno viene aquí para estar siempre con sus hijos y que nuestros hijos esten seguros, pero es muy difícil. Llevo más del mes sin ver a mi hija, no me la han querido entregar, pero aquí estoy confiando en Dios”.

Al recibir Mario el brazalete de monitoreo fue una oportunidad para quedarse en Estados Unidos y pelear por su hija, pero también a para buscar la manera de permanecer en dicho país, aunque por el momento, recuperar a su hija sea lo primordial para él, pero también algo complicado.

“No puedo regresar a mi país. Llevo más de 10 días que salí pero no me han entregado a mi hija, estoy muy desesperado porque me están pidiendo documentos y esos documenos en migración me los quitaron y no me los devolvieron. Ahora tengo que movilizarme para hablar a mi país y que me manden documentos y así que me entreguen mi hija”, dijo.

 

RECUADRO

Agradecido por el apoyo

Mientras espera que le entreguen a su hija, Mario se encuentra alojado en la Casa Vides, donde le han apoyado con alimento y a encontrar el lugar donde se encuentra su hija, además de los trámites para recuperarla.

“Mi destino es Nueva York, cuando salí del condado me dijeron que allá me entregarían a mi hija pero no puede ser posible, mi hija está aquí en El Paso. Aquí en la casa me ayudaron a saber dónde está y a comunicarme con ella. Estoy peleando para que me la  entreguen aquí y poder viajar con ella al lugar donde voy”, expresó.

Mario añadió que dos veces ha logrado hablar con su hija y ella le manifiesta que se encuentra bien, que le dan de comer y la cuidan, además la llevan a una “escuelita”.

“Me siento tranquilo pero ella está muy desesperada porque ya quiere estar conmigo pero le digo que se aguante un poquito más. Confío en Dios que pronto me la entreguen. Ya llené documentos y fueron enviados, es solo esperar”.

El entrevistado, de 32 años, se dijo agradecido con las personas de Casa Vides que los atienden y con las personas que salen a protestar a favor de los padres que han sido separados de sus hijos.

“Estoy agradecido con Dios porque esas personas se desocupan de su tiempo para darselo a padres separados de sus hijos. Nos sentimos felices porque hay personas que están de nuestro lado”.

Mario pidió a la comunidad que siga saliendo a las calles en favor de los migrantes, pues dijo, también sus países están agradecidos por ese gesto.

“Gracias a ellos que salieron a protestar y a Dios ya quitaron esa ley, eso me hace sentir bien porque hay padres que no van a sufrir lo que hemos sufrido. Salí de mi país porque intentaron quitarme la vida, aquí me siento protegido. Le pido a Dios que bendiga a cada una de estas personas, porque no nos recibieron como migrantes, sino como familia”, finalizó.

 

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