Hay quienes cuestionan si la Iglesia impulsa a la mujer…estos cuatro testimonios responden al estilo del Papa Francisco, quien ha dicho: “el poder es el servicio”…Presentamos historias de mujeres promovidas por la Iglesia

 

Ana María Ibarra

Dirigir una asociación civil como es el Centro Familiar para la Integración y el Crecimiento, es la respuesta a la sanación que Silvia Aguirre recibió de parte de Dios a través de la Iglesia Católica, donde, como mujer, recibió el impulso de servir a la comunidad.

Es en este servicio donde Silvia se siente promovida como mujer, consciente de que ello le viene del Espíritu que la anima a buscar el bienestar común e ir al encuentro de los más pobres, no solo económicamente, sino pobres de cuidado, atención y amor.

 

Llamado en las heridas

Silvia recibió el llamado a servir a través de sus heridas, queriendo encontrar respuestas a la luz del Evangelio y dentro de la Iglesia Católica. Después de que Dios la sanó, ella se sintió impulsada a responder a ese llamado.

“Hace 25 años me encontré con el Señor. Él me fue llevando e inició el grupo Comenzar de Nuevo, para divorciados, esa era mi herida más grande: ser una mujer divorciada. Después vino el grupo de Sanación Interior y luego la asociación civil. Esto se dio a través de la Iglesia Católica”, compartió Silvia.

Silvia agregó que en ese llamado Dios la invitó a compartir lo que recibió de Él, y esto tiene sentido para ella.

“Todo lo que hecho en mi vida lo he hecho dentro de la Iglesia Católica, con el espíritu de servir a Dios a través de mis hermanos. No me imagino haciendo esto si no fuera por vocación, por llamado. Dios me ha preparado, me ha guiado. Mi llamado es consolar al que sufre, como Dios me consoló”, expresó.

 

Acompañamiento y formación

En este proceso, más que sentirse relegada o rechazada, Silvia siente el apoyo de la Iglesia, que la lleva al encuentro con el Señor y la inspira a estar disponible al Espíritu que une, transforma y renueva.

“La Iglesia es la fuente para todo lo que he hecho. Siempre he encontrado un lugar como mujer. Desde mis inicios siempre he estado acompañada espiritualmente por un sacerdote santo, siempre guiada. El padre Carlos Márquez, don  Gerardo de Jesús Rojas con quien iniciamos todo, ahora con el padre Aurelio Saldívar”.

En este aspecto, Silvia compartió que nunca se ha sentido sola, siempre se ha sentido escuchada, guiada, acompañada y preparada por la Iglesia.

“Desde mi retiro de evangelización, los Talleres de Oración y Vida, la escuela de Teología, los Talleres de Integración y Vida, la Iglesia me ha ofrecido todo lo necesario para conocerme, amar a mis hermanos y servirlos”, compartió.

Y agregó: “Es una Iglesia que se preocupa y ocupa por darnos un lugar a las mujeres, donde somos escuchadas, acompañadas, orientadas. El Espíritu Santo me ha unido a otras mujeres y hombres para todos juntos servir al Señor”.

Desde esta experiencia, Silvia resaltó que dentro de la Iglesia todas las mujeres tienen la gran oportunidad estar en constante encuentro Dios, e invitó a todas las mujeres a dejarse tocar por Dios.

“Dejemos que este Dios amoroso, resucitado, victorioso, a través de su Espíritu, nos lleve al encuentro de amor con el más necesitado. Como mujeres tenemos un lugar muy importante en la Iglesia. Las invito a que se acerquen y aprovechen esta época de Cuaresma, tiempo de reflexión, análisis, donde a la luz del evangelio Jesús nos sigue diciendo: ¿por qué lloras mujer?”, finalizó.