En busca del sueño americano, Luis, de 25 años, salió de Nicaragua junto con dos amigos. La causa: la crisis ecónomica que vive su país y el deseo de salir adelante.

Entrevistado en la Casa del Migrante, acompañado por sus compañeros de viaje, Luis narró lo difícil que fue el trayecto de su tierra hasta Ciudad Juárez, donde esperan, no muy pacientes, contactar a sus amigos en Estados Unidos para seguir la ruta y llegar a su destino.

Un trayecto difícil

“Salimos el 17 de diciembre del 2015, nuestra meta es llegar a Estados Unidos porque hay mejores oportunidades.  En nuestra tierra apenas ganamos 4 dolares al día, 100 pesos, o sea nada y trabajamos de 6 de la mañana a 6 de la tarde”, compartió Luis.

Amigos del mismo barrio, Luis y sus compañeros de aventura decidieron emigrar por invitación de otros amigos que ya se encuentran en Estados Unidos.

“Viajamos partes en camión, pero como no traíamos mucho dinero, nos tocó agarrar “la bestia”, ¡cuesta agarrarlo!, una semana para poderlo agarrar”, narró el joven.

Luis contó que en su espera por subir a la “bestia”, tuvieron que quedarse en el monte, sin comer y sin dormir esperando la oportunidad de trepar en el tren.

“Venía como a 80 kilometros por hora, si lo agarrábamos nos arrancaba un pie. No podíamos hacer nada para detenerlo. No traíamos nada, casi nos morimos del frío”, contó el entrevistado.

Cuando finalmente pudieron tomar el tren duraron 15 días viajando, saltando y subiendo de tren en tren para poder llegar a la frontera, incluso hubo momentos en los que tomaron caminos equivocados.

“Uno de mis compañeros se tiró del tren porque no iba para donde nosotros íbamos. Estuvimos en Torreón esperando un tren para Chihuahua, pero como hay muchas vías ellos se fueron para Monterrey, en el camino se devolvieron en otro para tomar el de Chihuahua”, dijo.

Más gente buena

En su trayecto, los jóvenes fueron también víctimas de robo de parte de pandilleros y oficiales, sin embargo también se encontraron con gente buena que les ayudó a llegar a su destino.

“Entrando a México, en un lugar que se llama Tapachula, veníamos caminando sobre unas vías del tren y se nos acercaron tres pandilleros que nos despojaron de todo lo que traíamos”, dijo lamentando el suceso.

En el Distrito Federal, un oficial detuvo a los viajeros y al darse cuenta que no eran mexicanos, les pidió 500 pesos para dejarlos ir.

“En Goméz Palacios también nos detuvieron otros oficiales, pero ellos de buen corazón nos dejaron ir”.

Luis recordó que en Torreón, a las 12 de la noche subieron a un tren rumbo a Chihuahua pero a las dos horas de viaje se detuvo.

“Salimos a la carretera y encontramos a un señor de buen corazón que nos dio un ride hasta Chihuahua. Nos encontramos con personas buenas y malas pero son más las buenas”, dijo el joven recordando a otras personas que les regalaron dinero para seguir su camino por carretera.

Piden oración

Al llegar a Juárez, los jóvenes se dirigieron a la Casa del Migrante y llamaron a sus familias para avisarles que se encuentran con bien, sin embargo su meta sigue siendo llegar a Estados Unidos, por lo que pidieron oración para llegar con bien.

“Primeramente Dios nuestro destino es Estados Unidos. Si no nos quedamos en ese desierto y no nos detiene el grupo Beta, vamos a llegar”, dijo convencido Luis.

Al preguntarles si les gustaría estar presentes en la misa que oficiará el Papa Francisco en Juárez, respondieron: “Falta mucho para que venga el papa, nosotros ya nos vamos. En esa misa ustedes pidan por nosotros para que no nos quedemos en el camino”, dijeron.