Ana María Ibarra

Aunque con caminos de vida distintos, pero con historias similares, Nataly y Luisa han lidiado y padecido el maltrato psicológico y verbal de sus maridos. Aunque ambas se dieron cuenta de ser víctimas de violencia sólo una decidió ponerle fin al sufrimiento.

 

Violencia en aumento

Tanto Nataly como Luisa, reconocieron que el problema de alcoholismo de sus respectivas parejas fue detonante en el maltrato, y no desconocían al principio de la relación.

“Tengo 18 años con mi esposo, hace 4 años nos casamos por el civil. Cuando lo conocí supe que tomaba, pero nunca me imaginé era el grado de su problema”, dijo Nataly.

Por su parte, Luisa compartió que al casarse pensó que su marido cambiaría, pero no fue así.

“Él ya tomaba y yo no tenía conciencia del alcoholismo. Con el tiempo me di cuenta que también utilizaba drogas y eso generaba en él un trastorno”, recordó Luisa.

Ambas mujeres experimentaron distintos tipos de violencia, especialmente el psicológico.

“Nunca le reclamaba para no hacer problemas. Todo me callaba, si él llegaba tarde, llegara como llegara. Cuando tuve mi primer bebé pensé que él cambiaría, pero siguió igual”, compartió Nataly, quien comenzó a sufrir violencia económica, pues su marido le decía que podía gastarse “su” dinero como quisiera.

“Me empecé a dar cuenta que a él no le importaba su familia, para él siempre nada más sus amigos y su tomadera, un tiempo empezó a llegar tarde a la casa y en ocasiones ni llegaba”, dijo Nataly.

Mientras, a Luisa su marido la amedrentaba golpeando los muebles.

“Había manipuleo, chantajes, empezaba a golpear las cosas de la casa, me di cuenta que esa violencia iba escalando”, relató por su parte Luisa.

 

Decisiones

De maneras distintas ambas han buscado tomar una decisión definitiva, pero hasta el momento sólo Luisa ha logrado salir de esa violencia.

“Busqué ayuda en los grupos de iglesia, en terapias porque me la pasaba triste, sola. Nuestro hijo nació después de cuatro años de casados, hubo un momento en que se calmó todo, planeamos a nuestro hijo, y cuando nació volvió todo otra vez. Llegó un momento en que dije: esto no es para mí. Ya era imposible la convivencia”, recordó Luisa.

Nataly por otra parte, ha ido viendo como la violencia y la falta de respeto de parte de su marido ha ido en aumento.

“Un tiempo lo dejé, pero me buscó, yo anduve batallando con mis hijos. Regresé y todo siguió igual o peor. A veces me insulta, me grita, luego se pone amoroso conmigo y me confunde. Recibe mensaje de mujeres, y mi hija se da cuenta. Ella está en el Catecismo y él nunca nos acompaña a misa. A mí ir a la iglesia me da paz y sé que Dios me ayuda”, dijo Nataly.

Luisa decidió definitivamente divorciarse de su marido. Asistió al grupo Comenzar de Nuevo y hoy recibe terapia.

“Cuando me divorcié empecé a trabajar, pero comencé con estrés. Llegué a CFIC y aprendí a ver mi vida diferente”, afirmó Luisa.

Pero Nataly, aunque ya cuenta con un trabajo, no ha logrado dejar a su marido. Sólo espera lograr tener los suficientes medios para adquirir una casa para ella y sus hijos.

“Los problemas cada vez son más grandes. Él no quiere dejar de tomar ni buscar ayuda. A mí me da tristeza porque mi hija dice que no quiere casarse porque no quiere estar así, como yo”, dijo Nataly entre llanto.

 

Buscar ayuda

Luisa motivó a otras mujeres que estén padeciendo cualquier tipo de violencia de parte de su pareja a que identifiquen las señales .

“Te hacen sentir culpables de sus reacciones, pero no es cierto, nadie es responsable más que la persona que actúa. El agresor infunde miedo con amenazas, pero recuerden que el que ama no amenaza”, señaló Luisa.

Para Luisa, es necesario y urgente romper con esa cultura.

“No estamos obligadas a tolerar el alcoholismo de los maridos ni su forma violenta de tratarnos, no nos casamos para eso, sino para ser construcción de un hogar de amor, el amor es otra cosa diferente”, reflexionó.

E invitó a las mujeres a buscar ayuda para recuperar la felicidad y la paz, y a no tener miedo.

“Nosotras mismas decidimos qué hacer. La mujer necesita un compañero. La violencia se vuelve rutina. Aquí hay lugares donde se trabaja con mujeres víctimas de violencia, y a veces van los maridos que se dan cuenta que son generadores de violencia y quieren cambiar. Lo importante es romper el círculo de la violencia”, finalizó.

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