Ana María Ibarra/ Presencia

La comunidad diocesana dio el ultimo adios al sacerdote Raúl Vega Aviña, quien falleció la madrugada del pasado miércoles 19 de diciembre, víctima de un infarto. El sacerdote se encontraba en Nuevo Casas Grandes para atender un evento, cuando murió, a los 47 años de edad.

El viernes 21 de diciembre, el Obispo don J. Guadalupe Torres Campos celebró una misa de cuerpo presente en la parroquia El Señor de la Misericordia, para dar honras fúnebres a quien se desempeñaba como párroco de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Concelebraron la misa sacerdotes del presbiterio de Ciudad Juárez, consternados, pero con la esperanza puesta en la resurrección y acompañando con cariño a doña Dolores, mamá del sacerdote, a sus familiares, y a todos los fieles de la comunidad parroquial.

Su velación

El cuerpo del padre Raúl llegó el miércoles por la noche a la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde fue velado pasada la medianoche y hasta las nueve de la mañana del jueves 20 de diciembre, hora en que el Obispo celebró una misa.

El mismo miércoles a las seis de la tarde, la comunidad participó en una Hora Santa en la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Col. Km 20) para orar por el eterno descanso de su párroco. Fue encabezada por los sacerdores Jesús Salinas y Víctor Vega, quienes habían sido vicarios de la comunidad.

Luego, durante el jueves el cuerpo fue velado en la Funeraria Perches, hasta el viernes 21 de diciembre a las 10 de la mañana, cuando se celebró la misa de despedida en El Señor de la Misericordia.

El cuerpo del padre Raúl fue cremado, y el obispo dio el aviso que en enero se celebrará una misa especial para depositar sus cenizas en la parroquia que el padre Raúl atendía, pues fue su deseo ser colocado en las criptas que ahí se construyeron para el servicio a la comunidad.

Sacerdote feliz

El padre Vega nació el 23 de agosto de 1971 en El Paso, Texas, del matrimonio formado por Raúl Vega (finado) y Dolores Aviña. Descubrió su vocación en la parroquia san Francisco de Asís, donde fue monaguillo.

Además participó en la Acción Católica para Adolescentes y Niños, en grupo de Confirmaciones y luego de un proceso de acompañamiento vocacional decidió ingresar al Seminario, bajo la guía del padre José Merino.

Fue ordenado sacerdote el 8 de septiembre del año 2000, en el aniversario 43 de la Diócesis de Ciudad Juárez.

 

Discípulo de Jesús

En el 2010, el padre Raúl Fue reconocido por Periódico Presencia, como “Discípulo de Jesús”, reconocimiento que se entrega a quienes se distinguen por un apostolado y testimonio de vida a imagen de Cristo.

Sirvió en comunidades como Santo Toribio de Mogrovejo, Santa María Magdalena, fue primer párroco de Corpus Christi (Tierra Nueva) y vicario en Santa Teresa de Jesús.

Luego fue nombrado párroco de la comunidad Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde sirvió hasta su muerte.

Lo despidieron en Hora Santa

Con una Hora Santa celebrada al siguiente día de su fallecimiento, la comunidad del Perpetuo Socorro, así como fieles de otras comunidades y movimientos, agradecieron a Dios por la vida y el ministerio del padre Raúl Vega Aviña, acaecido la madrugada del miércoles 19 de diciembre en la ciudad de Casas Grandes.

Con gran tristeza, pero con la esperanza de la resurrección, la comunidad se reunió la tarde-noche del mismo miércoles para estar frente a Jesús Eucaristía e implorar por el eterno descanso del padre Vega, cuyo cuerpo llegó a la parroquia cerca de la media noche.

 

Agradecidos por su vida

Previo a la llegada del féretro que resguardó los restos del padre Raúl Vega, la comunidad diocesana oró ante el Santísimo Sacramento por el eterno descanso del sacerdote.

Aunque el dolor y la tristeza invadían los corazones de los asistentes, la fe que el padre Vega ayudó a florecer en cada uno de ellos, mantuvo su esperanza.

Poco después de las seis de la tarde, el templo parroquial lució en un lleno total, así como el atrio del templo.

El diácono transitorio Felipe, colaborador del padre Vega en ese momento, invitó a la comunidad a pasar al templo para iniciar con la Hora Santa.

Fue el padre Leonardo García quien dirigió un saludo paz y de fe a los presentes, y los motivó a unirse en oración por el alma del padre Raúl, dando gracias a Dios por el tiempo que permitió tenerlo entre este pueblo de Dios.

“Nos duele la partida de nuestro hermano Raúl. Agradecemos al Señor el tiempo que lo dejó con nosotros. Agradezcamos también los dones que el Señor nos dejó a través del padre Raúl”, dijo condolido el sacerdote.

 

Transformar tristeza

La Hora Santa fue dirigida por los sacerdotes Víctor Vega, quien siendo diacono transitorio fuera colaborador del padre Raúl; y el padre Jesús Salinas, quien fue apadrinado por el padre Vega en su ordenación diaconal.

El padre Víctor, oró a Jesús Eucaristía reconociendo su presencia real en la hostia consagrada, y reconociendo que el amor de Jesús es más grande que la misma muerte.

“Venimos delante de ti, con nuestro corazón triste por la partida de nuestro hermano Raúl, pero en la fe, te damos gracias por su vida, por su sacerdocio. En sus palabras reconocimos las tuyas; en su mirada, tu mirada; con su alegría, eras tú quien venía a poner color a nuestra vida”, expresó el padre Víctor.

En unión con la comunidad, el sacerdote presentó delante del Señor su tristeza y dolor para que fueran transformadas en alegría y fortaleza.

El sacerdote invitó a la comunidad a traer a la mente el recuerdo más agradable y más bello de su convivencia con el padre Raúl.

“No fue casualidad fue encontrarnos con el padre Raúl, porque donde estaba él, estabas tú, Señor. Gracias por la vida y el sacerdocio del padre Raúl”, agradeció el padre Víctor

Por su parte, el padre Jesús Salinas compartió que el padre Raúl fue un profeta, que sabía decir a la gente “sus verdades” de una manera particular.

“Gracias por sus palabras fuertes, pero también por su oído que sabía escuchar. Gracias por su amor sincero, reflejo tuyo, Señor, un buen pastor que se involucraba con sus ovejas. ¡Cuántas anécdotas en nuestros corazones!”, exclamó el padre Salinas.

 

Se queda en los corazones

“Tuve la oportunidad de estar aquí como diácono transitorio. Cinco meses compartiendo la vida, el ministerio con él. Compartiendo muy de cerca experiencias que marcaron mi vida, mi persona, sobre todo su manera tan sencilla, tan alegre, tan cercana, de compartir a Dios, de compartir lo que Dios le regaló por misericordia y por gran amor que le tiene. Me siento profundamente agradecido con nuestro Señor, por haber compartido la amistad, la hermandad con él y haber encontrado en él alguien tan valioso para mi vida, para mi persona”

Pbro. Víctor Vega, formador del Seminario.

 

“Mis últimos años en el Seminario tuve la dicha de apoyar en los kilómetros. El padre Raúl se caracterizó por corregir de una manera muy fuerte, pero siempre con ese deseo de ser mejor. Algo que le agradezco mucho es que nos dejaba la libertad de hacer muchas cosas y nos dejaba equivocarnos y dentro de las equivocaciones no faltaba la palabra sabia, que nos hacía ver nuestros errores. Siempre me inculcó mucho valorar a la gente. Fue muy significativa para mí la última navidad como seminarista porque me regaló un niño Dios que conservo, la homilía prácticamente me la dedicó a mí, y para el primero de enero me regaló una casulla y una estola. Le valoro que se hacía presente en los momentos difíciles de algunos sacerdotes. Era un sacerdote muy preocupado de la salud física y espiritual de los demás sacerdotes. Corregía enérgicamente pero también de manera bondadosa se preocupaba por nosotros. Vamos a extrañar mucho su presencia, pero el goza de estar contemplando a Dios cara a cara”.

Pbro. Jesús Salinas, vicario parroquial San Pedro de Jesús Maldonado

 

“El padre Raúl nos deja una enseñanza como sacerdotes, como hermano y como familia. Él nos ayudó en todos los sentidos, en las buenas y en las malas siempre estuvo con nosotros. Era una persona con sus defectos y sus virtudes. Cuando yo era una persona vaga, él me ayudó a sentir a Dios en su homilía, como él era. Nos involucraba con Jesucristo, con Dios como él lo aceptaba. Aprendimos a ser humildes y compartir, ayudar a los demás, a él le gustaba compartir. Nos dejaba explicarle, hablar. Él nos invitó al Movimiento Familiar Cristiano. Aquí no se acaba el padre Raúl, él se queda en nuestros corazones, en las personas que lo conocimos, que lo queremos”.

Javier Rodríguez y Lorenza Ruíz/ Secretarios del Sector Perpetuo Socorro, MFC

 

“El padre Raúl Vega fue un excelente padre, un gran instructor para mí, en lo espiritual, en lo personal, me impulsó a siempre buscar lo mejor, a siempre darlo todo, y hacer las cosas y dejar una marca para saber que fue esencia mía, esencia del padre Raúl Vega. Fue un excelente padre, pastor, párroco. Ante todos los problemas el jamás dijo que no, él siempre fue la cabeza, estuvo en todo y jamás nos dejó. Cuando uno caía nos ponía nuestras “cachetadas” para levantarnos y seguir adelante”.

Francisco Javier Bonilla, 18 años, Confirmaciones, coro, ministro, coordinador de monaguillos NS del Perpetuo Socorro

 

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