Ana María Ibarra
Con el corazón dispuesto, la comunidad diocesana inició el pasado miércoles 6 de marzo el tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión. Esto con la imposición de ceniza.
Las actividades de Cuaresma iniciaron en Catedral con la presencia del obispo diocesano, don J. Guadalupe Torres Campos, quien presidió la primera misa del miércoles de Ceniza, y estuvo acompañado de los sacerdotes Eduardo Hayen y Rafael Saldívar, párroco y vicario de Catedral, respectivamente.

Llamado a una verdadera conversión
Con la oración colecta de la liturgia del miércoles de ceniza, la Iglesia hace un llamado a los fieles a una conversión verdadera.
Ante esto, en su homilía el obispo resaltó el “tiempo fuerte” de la Cuaresma.
“En este tiempo se nos invita a iniciar el desierto, iniciar un camino espiritual. Este tiempo tiene la fuerza de la conversión y el arrepentimiento”, explicó el obispo.
Agregó que el llamado es una conversión verdadera, “no a medias, no por encimita”.
Monseñor Torres citó la exhortación que el Señor hizo en la primera lectura: “enluten el corazón”.
“Debemos preguntarnos: ¿cómo andamos desde el corazón?, porque de ahí sale todo sentimiento, toda actitud, pero también el pecado. El evangelio nos habla de encontrarnos con el Señor en lo secreto, tú y Dios, Dios y tú. Tener un encuentro con uno mismo”, expresó el obispo.
Ante esto, añadió el obispo, es necesario silenciar el ruido, el ajetreo, el activismo para dar tiempo y oportunidad de entrar en este desierto.
“La Cuaresma es un tiempo de silencio, de gracia, de muerte al pecado, a la maldad, a mí pecado, a mí maldad”, resaltó.

Momentos para la conversión
Don Guadalupe habló de dos momentos de vivir la conversión: individual y como Iglesia.
“El momento de conversión se vive de manera personal: cómo ando, cómo está mi corazón, mi interior, en qué estoy fallando. Entra a tu interior. Un riesgo es ver a los demás, juzgar a los demás, pero primero es encontrarme a mi mismo y revisarme”, explicó monseñor Torres.
El segundo momento en la conversión es como Iglesia, como sociedad, señaló.
“Debemos mirar al corazón de la Iglesia, de la sociedad. ¿Cómo andamos como sociedad? La conversión es un momento de misericordia, volvernos a Dios si ofendí a mi hermano. Como Iglesia hemos pecado, como sociedad hemos pecado. Pidamos al Señor que esta sociedad tenga un corazón puro”, invitó.

Herramientas
Para vivir una verdadera conversión, el obispo dijo, son necesarias tres herramientas: ayuno, oración y caridad.
“El ayuno es una práctica que se piensa está en desuso. El ayuno es un sacrificio corporal que me lleva a otro ayuno: ayunar del pecado, de maldad, de mis actitudes. Debemos también orar con mayor insistencia. Hoy no damos tiempo para la oración. El Señor nos invita, entra en tu cuarto y ora”.
En cuanto a la práctica de la caridad, monseñor Torres dijo que es importante compartir lo que se tiene con los demás, especialmente los pobres y necesitados.
“Se requiere una entrega, no solo material, sino de la persona, la cercanía”.

Pedir gracia
El obispo invitó a los asistentes a vivir el rito de toma de ceniza con devoción y pedir la gracia del Señor.
Después de su reflexión, el obispo bendijo la ceniza, que es señal de penitencia al ser impuesta en la cabeza.
Al ser bendecida la ceniza, el obispo recibió este sacramental y luego junto a los sacerdotes, seminaristas y ministros se dispusio a imponer a los fieles la ceniza mediante la forma: “Arrepiéntete y cree en el evangelio”.

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