La Iglesia reconoce las virtudes heroicas de Alexia, la niña de Madrid, y dos jóvenes italianos

El pasado 5 de julio, el Papa Francisco dio su visto bueno a un decreto de la Congregación de la Causa de los santos que reconoce las virtudes heroicas de laicos del siglo XX, de los cuales dos murieron por enfermedad siendo adolescentes y otro a los 24 años.

Así, al reconocer la Iglesia que han vivido las virtudes cristianas en grado heroico, pasan de ser “siervos de Dios” a ser “venerables”, y de comprobarse un milagro por su intercesión podrían ser declarados beatos.

Alexia González-Barros

Una muchacha de Madrid

Alexia González-Barros (1971-1985) murió a los 14 años por un tumor en la columna vertebral. Era la menor de siete hermanos en una familia del Opus Dei de Madrid. La enfermedad se le declaró a los 13 años y pronto la dejó paralítica. Las operaciones y los procesos de recuperación iban acompañados de grandes dolores. Ella edificaba y dejaba admirados a todos con su paz en la enfermedad. Desde 2004 su cuerpo descansa en la iglesia de San Martín de Tours (en Madrid), sede de la Adoración Nocturna Femenina. También se la recuerda mucho en su colegio, el Jesús Maestro, de las teresianas, en cuya capilla rezó cada día muchos años.

Su hermano Francisco, cuando en 2011 se presentaba el documental “Alexia” de Pedro Delgado, explicaba: “Ella vivía una relación clara, evidente y cercana con Jesús. Allí la humanidad y la divinidad se unían. La fuerza del caso de Alexia se reduce a esto: ella creyó y no tuvo dudas”.

Pedro Delgado, al estudiar su figura, la descubrió “como una persona alegre, extrovertida y muy curiosa. Acudía con regularidad a los conciertos del Teatro Real, pero también le interesaba el flamenco, disfrutaba con Eurovisión”. Su humor y fortaleza frente a la enfermedad han inspirado a muchos otros enfermos.

 

Carlo Acutis

Amor por la Eucaristía

Carlo Acutis (1991-2006) murió ya en nuestro siglo, a los 15 años, de leucemia, y es el venerable de vida más reciente. Destacaba por su amor a la Eucaristía: nunca faltaba a la misa diaria desde que hizo su Primera Comunión. A los 11 años dejó escrito esto: “¡Cuantas más eucaristías recibamos más nos pareceremos a Jesús y ya en esta tierra disfrutaremos del Paraíso!”.

Además, era un entusiasta de los milagros eucarísticos y creó una exposición sobre éstos que aún hoy se puede visitar en la web www.miracolieucaristici.org.

Su madre, Antonia Acutis, recuerda que “era un muchacho experto con las computadoras, leía textos de ingeniería informática y dejaba a todos estupefactos, pero este don lo ponía al servicio del voluntariado y lo utilizaba para ayudar a sus amigos. Su gran generosidad lo hacía interesarse en todos: los extranjeros, los discapacitados, los niños, los mendigos. Estar cerca de Carlo era estar cerca de una fuente de agua fresca”.

Durante la enfermedad ofrecía sus sufrimientos por la Iglesia y por el Papa. Tras su muerte, su fama creció, con documentales y libros como “Eucaristía. Mi autopista para el cielo: Biografía de Carlo Acutis” y “Un genio de la informática en el cielo: biografía de Carlo Acutis”.

 

Pietro di Vitale

Alegría franciscana en la enfermedad

Pietro di Vitale (1916-1940) es el más antiguo de los nuevos venerables, ya que murió con 23 años hace casi ocho décadas. Era de familia campesina pobre de Sicilia, el sexto de ocho hijos. Era inteligente y buen estudiante y trató de ser sacerdote, pero su mala salud le dificultó los estudios. Murió en su casa como terciario franciscano. Su alegría de estilo franciscano la vivía en el servicio a los demás (especialmente le gustaba acompañar a los niños necesitados) y en la sonrisa y el ánimo durante la enfermedad, dolorosa y lenta.

En su diario había escrito: “El Señor me ha dado una mente abierta y una fuerte voluntad, es necesario que haga un buen uso de ellas para hacerme santo y aprender para su gloria”. En Sicilia cuentan de él muchas cosas maravillosas: por ejemplo, que en sus éxtasis de oración en la sacristía de Castronovo flotaba sobre el suelo, o que su cadáver no tenía rigor mortis y que en su funeral cayeron pétalos del cielo. Su causa de beatificación se abrió en 1987.

Compartir