Kobe Bryant: cinco lecciones de vida

P. Eduardo Hayen Cuarón 

 

El impacto de la muerte de Kobe Bryant fue tan fuerte en Estados Unidos que llegó a superar, en los medios, el impeachment de Donald Trump. Aquella mañana del 26 de enero el famoso jugador de baloncesto murió al desplomarse el helicóptero en el que viajaba con su hija Gianna y otras cinco personas. Su muerte, que ha dejado tanto dolor y desconcierto nos deja, al mismo tiempo, luz para vivir la vida.

Primera lección: «cuídate de la mujer fácil». Los jugadores de la NBA ganan millones de dólares y, con esas cantidades, no es extraño perder el piso e incurrir en el sexo casual. A las estrellas del basquetbol muchas mujeres se les ofrecen y los hacen caer en relaciones adúlteras. Kobe Bryant tuvo sexo consensuado con una mujer que luego lo acusó de violación, lo que casi le hizo perder su matrimonio y dañó severamente su carrera. La mujer fácil es semejante a Dalila, mujer pérfida de la Biblia de la cual Sansón se enamoró; ella cortó su cabellera haciéndole perder toda su fuerza hasta que, finalmente, quedó ciego. Enredarse con una mujer fácil puede dejar a un hombre sin esposa, sin hijos… y sin ojos.

Segunda lección: «si cometiste un error, lucha por tu matrimonio». Tras la acusación de violación que le hizo aquella mujer, Kobe, avergonzado, admitió enseguida que había tenido sexo con ella y que había cometido adulterio contra Vanessa, su esposa. Además declaró públicamente que pedía perdón a su familia. La humildad de reconocer los errores y pedir perdón es cualidad de los hombres grandes. Kobe se dio cuenta que era más importante en su vida su matrimonio y su familia que los éxitos deportivos que pudiera cosechar. Con decisión se lanzó a reconquistar la confianza de su esposa y a recuperar la misión divina de ser el hombre que sabe custodiar y hacer crecer a su familia.

Tercera lección: «pide ayuda a un sacerdote». En medio de aquella crisis, Kobe no recurrió a curanderos ni adivinos para que le leyeran las cartas o a brujos que le espantaran una maldición. La estrella de la NBA era un devoto católico que tenía el sacramento del matrimonio y decidió ser coherente con su fe; por eso recurrió a un sacerdote para recibir orientación y apoyo moral. La dirección espiritual es un recurso querido por Dios para su Iglesia; hoy podríamos llamarla «coaching espiritual». Tantas veces en la vida se hacen nudos que no podemos desatar solos, y necesitamos que alguien, con sabiduría divina, nos ayude y nos oriente para salir del túnel y volver a ver la luz.

Cuarta lección: «conviértete en un hombre de Dios». Bryant decidió alimentar su vida espiritual con la Palabra de Dios y los sacramentos. Con su esposa Vanessa asistía habitualmente a su parroquia en Orange County, en California; pero además tenía una fundación dedicada a hacer más digna la vida de jóvenes y familias necesitadas, sobre todo de las personas sin techo. La caridad es la consecuencia natural de la evangelización.

Quinta lección: «prepárate para una buena muerte». El último día de su vida, Kobe Bryant escuchó la Palabra de Dios y recibió el Cuerpo de Cristo en la sagrada Hostia. Así se encontró con Jesús sacramentado al que pudo contemplar cara a cara, horas más tarde, después del accidente. Una buena muerte no es morir acostado en una cama o quedar libres de accidentes o desastres naturales. La buena muerte es morir en la gracia de Dios, reconciliados y en amistad con Él, sin importar el género de muerte que Dios permita que tengamos.

Oremos por el alma de Kobe Bryant, admirado por sus fans como leyenda del baloncesto, pero que también aprendió a encestar admirablemente durante su juego en la cancha de la vida cristiana.

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