Ramón Enrique Rodríguez/ Lic. en filosfía

Durante el año secular 2016 la sociedad civil se movilizó en distintos países con la finalidad de que se legislará a favor de la familia. A estas manifestaciones nos unimos una gran cantidad de católicos en todo el mundo ya que se trata de la institución base de la sociedad, la cual debe ser protegida y definitivamente fortalecida.

La tan desagradable ideología de género promovida por instituciones a nivel mundial, durante el año antes mencionado, pretendió dar un fuerte golpe a la familia. Estas instituciones de carácter internacional forzaron a gobiernos locales a implementar políticas en contra de la familia, a violentar los derechos de los niños, a redefinir el matrimonio, a impulsar el desprestigio de la maternidad, etc. obteniendo como resultado una derrota en lo legal en la mayoría de los casos, pero un gran triunfo en lo cultural.

El tema de la familia surge con ocasión de las fiestas que celebramos durante esta época atendiendo al calendario litúrgico: la Navidad (25 de diciembre, con dos semanas de duración), la Sagrada Familia (en esta ocasión el 30 de diciembre) y María Madre de Dios (el 1 de enero).  Como se puede apreciar estas tres fiestas tienen algunos elementos en común: la maternidad, la paternidad, la filiación y por supuesto el matrimonio y la familia.

Estas fiestas, que encierran un gran misterio, deben de hacernos reflexionar y actuar sobre el valor que encierran estos estados de vida y dichas instituciones. Contemplar el misterio puede ayudarnos a todos los católicos a promover las bondades que encierran cada uno de estos estados y estas instituciones, no podemos dejarnos llevar por las ideologías de moda que atienden a la cerrazón; es decir, que carecen de fundamentos razonables, por ello son ideologías.

En la Tradición, en la Biblia y el Magisterio podemos encontrar una extensa enseñanza sobre estos estados de vida, sobre el matrimonio y la familia. En la exhortación apostólica más reciente, Amorís Laetitia, SS Francisco señala con preocupación los desafíos que actualmente enfrentan ante el cambio antropológico-cultural (n. 32) y cómo debemos actuar los católicos frente a las ideologías que intentan denigrara estas instituciones fundamentales.

En la misma exhortación apostólica el Papa nos invita a analizar las propuestas culturales con criterio y para ello es necesario recurrir a la formación: “en el fondo, hoy es fácil confundir la genuina libertad con la idea de que cada uno juzga como le parece, como si más allá de los individuos no hubiera verdades, valores, principios que nos orienten, como si todo fuera igual y cualquier cosa debiera permitirse” (34).

Contemplemos con el corazón estas importantes fiestas litúrgicas que nos invitan a promover, pero sobre todo dar testimonio de las verdades, los valores y los principios que encontramos en la familia, en el matrimonio y en los estados de vida que hemos mencionado para fortalecerlos y de este modo repercutir en el bien de la sociedad.