En Agosto, el Papa Francisco ha pedido orar por el “tesoro” de la familia, “para que las grandes opciones económicas y políticas protejan la familia como el tesoro de la humanidad”…Por eso te presentamos algunas reflexiones y consejos sobre la familia.

 

Pbro. Eduardo Hayen Cuarón/ Lic. en Matrimonio y Familia

En la actualidad se habla de muchas ideas y soluciones sobre lo que es una familia, ideas que pueden ser muy atractivas, pero que nublan, en diversos grados, la verdad y la dignidad de la persona humana. Hoy, por ejemplo, se dice que una familia pueden ser dos personas del mismo sexo con sus hijos adoptivos, o un grupo de amigos que viven juntos; incluso una persona con sus mascotas se hacen llamar familia. Todas estas pueden ser formas de convivencia, pero alejadas de lo que es una familia: la comunidad de personas unidas alrededor de la alianza del matrimonio entre el varón y la mujer.

 

Identificando el peligro actual

En la Iglesia de los primeros siglos, los peligros para la salvación provenían de las herejías que surgían en torno a la persona de Jesucristo. Al Señor se le comprendía de manera equivocada por diversos grupos, y así también se entendía la salvación de manera errónea. Hoy los errores más peligrosos no son en torno a la persona de Cristo, sino en torno a lo que es el hombre.

Una de las ideologías actuales, especialmente dañinas, es la ideología de género, que trata de imponer una visión deformada de la realidad sobre la sexualidad humana. Mira al hombre y a la mujer como seres iguales, comprende el cuerpo humano y las relaciones sexuales como meros instrumentos que se pueden modificar a gusto personal. En contraste con ello está el plan de Dios que se basa en la Revelación de las Escrituras y en el respeto a la naturaleza humana.

 

Lo que está de fondo

En el fondo de la ideología de género está una falsa noción de la libertad. El papa Juan Pablo II, al hablar de lo que está de fondo en las prácticas como el aborto, el divorcio, la anticoncepción y otras actuales como las prácticas homosexuales o el transgenderismo, está la corrupción de la idea y la experiencia de la libertad. Esta se concibe como un poder autónomo para afirmarse, a menudo en contra de otras personas, para el propio bienestar egoísta. Para muchos es fácil dejarse seducir por esta idea y rechazar la obediencia a Dios. Al principio puede parecer algo liberador, sin embargo termina aislando a la persona y haciéndola prisionera del mal. El hombre es libre sólo en la medida en que es fiel a su naturaleza creada.

La Iglesia está convencida de que solamente en la aceptación del Evangelio la persona puede descubrir su verdadero yo, así como sacar lo mejor de sí misma para vivir el plan de Dios sobre la persona, el matrimonio y la familia. El Evangelio libera la persona mientras que las ideologías acaban por hacerla cautiva del mal y del error. Estamos llamados a ser fieles al proyecto de Dios, y no a las conveniencias políticas del momento.

 

Consejos para algunas situaciones familiares

 

Vivir con los suegros

Las familias de origen son parte de la vida de los esposos, y el aceptar en la propia vida al cónyuge implica aceptar también a su familia. En un matrimonio se es, primeramente, marido o mujer pero, al mismo tiempo, se sigue siendo hijo y hermano. Hoy por razones, sobre todo económicas, es costumbre que muchas parejas decidan vivir en la casa de los suegros, lo que no siempre es fácil.

 

1.- Estar de paso. Los esposos deben darse cuenta de que la casa de los suegros no es su propia casa, y que lo más conveniente y saludable para el matrimonio es que ellos vivan aparte.

 

2.- Evitar comparaciones. Es común la tendencia a comparar la familia política con la propia familia, y consecuentemente a hacer críticas. No es una sana actitud. Es necesario evitar creer que la familia propia es mejor que la del cónyuge, sino pensar que simplemente son diferentes.

 

3.- Hacer de tripas corazón. Si queremos tener familias unidas la tolerancia es necesaria. Las diferencias y los defectos de las personas parecen ser más grandes cuando se trata de familia política. Si queremos tener familias unidas es preciso ejercitarse en la prudencia y el respeto.

 

4.- No hablar mal. A veces uno de los esposos estalla con su cónyuge por problemas con la familia de él. Si estos existen quizá sea necesario tomar un poco de distancia de los suegros, pero no romper con ellos, ni tampoco poner al cónyuge contra la pared hablándole mal de sus padres.

 

5.- Dar al cónyuge su espacio. Aunque una persona casada es, principalmente, marido o mujer, también sigue siendo hijo y hermano. Aunque el otro cónyuge merece el primer lugar de su atención, es necesario no querer abarcar todas las esferas de su vida y darle espacio de convivencia con su propia familia.

 

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