Mensaje de nuestro señor Obispo para el Domingo de Resurrección

 

Mons. J. Guadalupe Torres Campos

¡Aleluya, aleluya! ¡Cristo ha resucitado! ¡Felices pascuas de resurrección! Les saludo con mucho cariño con mucho amor de padre y pastor. Que la gracia y la paz de Cristo resucitado llene sus corazones de luz, gracia y bendición.

Hemos celebrado la Semana Santa , por cierto con gran asistencia de fieles en todas las parroquias. En particular presencié muchos fieles en Catedral para llegar a esta celebración de la Vigilia Pascual de la resurrección del Señor. Esta ceremonia de vigilia hoy Domingo de Pascua realmente hermosa, ese misterio central de nuestra fe: Cristo murió y resucitó. Nos dice San Pablo: si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe.

Quiero compartir con ustedes en primer lugar la lectura primera de Hechos de los Apóstoles.

 

Centro de nuestra fe

En palabras de Pedro, el apóstol, se nos dice primero: ya saben ustedes lo que sucedió en toda Judea. Es importante reflexionar, en boca de Pedro, lo que hoy sucedió: Cristo resucitó. El hecho salvífico: Cristo ayer, hoy y siempre, Cristo vive. Celebramos a Cristo que venció la muerte, que vive para que nosotros tengamos vida en abundancia.

Segundo, dice Pedro nosotros somos testigos de cuanto Él hizo, somos testigos al haber participado en la Semana Santa. Somos testigos del amor de Dios, de la victoria de Cristo y por eso la ceremonia de la luz, la liturgia de la palabra, la renovación de nuestras promesas bautismales, el cirio. Somos testigos también del resucitado.

Tercero, dice Pedro: Él nos mandó predicar a el pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido Juez de vivos y muertos.  Él nos mandó predicar, ser testigos del resucitado y vivir la Pasión, Muerte y Resurrección. Nos lanza al testimonio de la predicación. El cristiano debe predicar de corazón, con su alma y vida que Cristo murió y resucitó, el centro de nuestra fe.

 

Predicar a Cristo

También a ti y a mí a la Iglesia nos manda ir a predicar a Cristo muerto y resucitado. Por eso hemos vivido la noche de vigilia con gran gozo y hemos cantado en el salmo responsorial de este domingo de resurrección: “Este es el día del triunfo del Señor,  Aleluya”.

En toda la Cuaresma no se cantó  el Aleluya hasta la Vigilia Pascual ¡Aleluya, aleluya!, es el día del triunfo del Señor y es nuestro día. Hemos triunfado por que Cristo triunfó, Cristo resucitó y nosotros con Él porque estamos íntimamente unidos a Jesús por el bautismo , y unidos a su muerte y resurrección.

Eso implica un compromiso, una respuesta de corazón con nuestra vida. Vivir como resucitados, con la luz, con la vida, con la gracia. Vivir nuestro Bautismo.

Por eso Pablo en la Carta a los Colosenses nos dice claramente, “puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, buscar a Dios, a Cristo, buscar la santidad y la vida que se nos ha dado en Cristo.

La Pascua, la luz que se nos ha dado para buscar los bienes de arriba, buscar a Dios, a Cristo, y ello significa ese amor, entrega y donación.

 

Los que estuvieron ahí

Escuchamos hermosamente en los evangelios opciones que se nos presentan  para este Domingo de Resurrección el testimonio de los que estuvieron ahí. En el evangelio de San Juan se habla que María Magdalena fue al sepulcro y vio removida la piedra, se echó a correr para dar la noticia a Pedro, a los discípulos, quienes corrieron para ver cómo estaba el sepulcro. Llegan al sepulcro y miraron los lienzos puestos en el suelo, vieron el sudario ahí colocado en la tumba. Son la señales del resucitado, fueron los primeros testigos de la resurrección del Señor.

En el evangelio de San Lucas cómo también llegan las mujeres al sepulcro para ver el lugar donde sepultaron a el Maestro, pero no hallaron el cuerpo del Señor, entonces les dan la noticia: ‘¿por qué buscan entre los muertos al que está vivo?, ¡no está aquí, ha resucitado! es la gran noticia, vayan díganlo a los discípulos.

Vayamos tú y yo a correr al mundo, a correr a las calles , a los ambientes, a la familia, al trabajo, a la escuela, a dar la noticia… ¡Cristo vive!

El Papa nos ha regalado esta exhortación apostólica “Cristo Vive”, tenemos que hacer de la Iglesia hombres y mujeres de fe que vivamos la resurrección, que anunciemos con el testimonio de nuestra vida la resurrección del Señor.

Iniciamos la Pascua, cincuenta días. Vivamos la alegría del resucitado, que se nos note con nuestra alegría, gestos, sonrisas, con nuestra vida diaria. Eso implica dejar de odiar, dejar de maldecir,  dejar rencores, mentiras.

Cristo ha vencido a la muerte y hay que cambiar a la luz, a la vida. Vivamos esos cincuenta días con grande gozo la resurrección y vivamos con gozo la fe desde la propia familia. Que en tu familia se viva la propia alegría del resucitado.

Les abrazo con gran cariño. La bendición de Dios Todopoderoso Padre hijo y Espíritu Santo permanezcan siempre con ustedes.

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