La Iglesia en México llama a cuidar y proteger “nuestro propio Amazonas”

Vida Nueva Digital

 

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) destacó la importancia del Sínodo de la Amazonía que se realiza en estos días en Roma, por considerar que es un asunto que involucra a todo el mundo, ya que “esta región es un espacio donde la Creación se expresa como Dios la pensó”.

Además, frente a algunos cuestionamientos en el sentido de que la Iglesia católica no debe meterse en cuestiones ecológicas, la CEM dejó en claro que el hombre tiene la misión de custodiar la Creación, “porque al haber sido dotado de una inteligencia específica, es el responsable de cuidar que la casa común se conserve bella y al servicio de toda la humanidad, la de esta generación y la de mañana”.

A través de un mensaje firmado por el presidente del organismo, el arzobispo Rogelio Cabrera; el secretario general, el obispo Alfonso Miranda, y el responsable de la Dimensión Episcopal para el Cuidado Integral de la Creación, Engelberto Polino Sánchez, la Iglesia mexicana consideró que por ello, la Amazonas ameritaba un sínodo.

“Los Sínodos responden a la necesidad de la Iglesia de ‘caminar juntos’, un espacio donde varias voces se escuchen y que, a través del Espíritu Santo, se encuentre el mejor camino para que el Reino de Dios se haga presente en todas las realidades y en todas las personas”, apunta.

La vida del planeta está en riesgo

Geográficamente el Amazonas es un espacio con una diversidad de vida que tiene importancia más allá del mismo territorio. Como ejemplo –explica la CEM– el Río Amazonas proporciona aproximadamente 20% de agua dulce en el planeta, “lo que implica que de cada cinco vasos de agua que consume el ser humano en el planeta, uno de ellos venga del Amazonas”.

Del mismo modo, por los aires del Amazonas circulan otro tanto de agua igual o mayor que por el suelo, lo que dota de lluvia parte de Sudamérica, ofreciendo agua para sus campos y cosechas cada año.

Por si fuera poco –agrega– la Amazonía alberga alrededor del 15% de la biodiversidad terrestre, almacena entre 150 mil y 200 mil millones de toneladas de carbono cada año. Pero también habitan en ella entre 110 y 130 distintos pueblos indígenas en aislamiento voluntario, diversidad de culturas y tradiciones.

Por ello, la Iglesia lamenta que toda esta riqueza que la Amazonía aporta al mundo sea una tentación para un modelo de vida depredador y oportunista, pues en esta región se registra, entre otras cosas, apropiación y privatización de bienes de la naturaleza; explotación excesiva de madereras; caza y pesca predatorias; megaproyectos no sustentables; narcotráfico, violencia, tráfico de personas; pobreza y pérdida de la cultura y la identidad de aquellos pueblos originarios.

Una triple relación

Sin embargo, precisa la CEM que las graves problemáticas que aborda este sínodo no se limitan a aquella zona geográfica, “sino que revela un modelo de vida consumista e irresponsable que se ha globalizado, y que nos cuestiona a todos, especialmente a los cristianos, conscientes de ser custodios de la casa común”.

“Hacer presente el Evangelio de Jesús en la Amazonía para reconocer a Dios creador que nos invita a estar en armonía en esta triple relación de Dios, el hombre y toda la Creación”.

Destacó también la importancia de escuchar los clamores de quienes habitan el Amazonas y construir con ellos, los caminos necesarios para proteger su cultura, su biodiversidad, su historia y este gran pulmón del mundo. Y “animar la evangelización de los pueblos, no en lógica de imposición y arrebato de lo propio”.

Hacia una ecología integral

La Iglesia mexicana hizo votos para que el cuidado de la casa común, desde la perspectiva de una ecología integral, sea una constante en todo el mundo “porque lo que sucede en el Amazonas es solo el reflejo de lo que sucede en todo nuestro planeta”.

E hizo un llamado a fomentar la creatividad para cuidar y proteger “nuestro propio Amazonas”, nuestro entorno natural más cercano: “Los árboles, las plantas y flores del parque de nuestra colonia; las lagunas y ríos de nuestra zona; los animales y nuestras relaciones personales y comunitarias, eso también es ecología integral”.

“Necesitamos volver a la tierra en un sentido literal y trascendente, dejar de ser solo consumidores para ser `prosumidores’, producir y consumir con un sentido de protección. Cuidemos “nuestra propia Amazonía”, concluyó.

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