Sigamos reflexionado esta semana sobre el evangelio del pasado domingo 19 de agosto, en el 20 domingo ordinario, hy el cuarto domingo de esta serie en la que el Evangelio nos habla sobre la Eucaristía, la Comunión.

 

Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Muy buen domingo. Les saludo con alegría en este domingo  XX del tiempo Ordinario. Seguimos meditando en estos cinco domingos sobre el tema en torno a la Eucaristía. Hoy es el cuarto domingo de esta serie de reflexiones donde Jesús nos ha venido revelando progresivamente que Él es el Pan de la Vida y nos dice ‘el que me come, tendrá vida la eterna’.

Hoy nuevamente en el evangelio de San Juan nos dice: ‘Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre’. Una vez más Jesús nos revela esto.                                      

 

Sangre de Cristo

Pero en este domingo, en este trozo del evangelio, hay un elemento nuevo; hasta ahora se ha hablado del pan, es decir, de la carne, de la comida.  El elemento nuevo de este domingo es la Bebida, la sangre de Cristo. Por eso más adelante nos dice Jesús: ‘yo les aseguro, si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes’. Normalmente decimos “el Cuerpo de Cristo” cuando comulgamos, pero realmente deberíamos decir ‘el Cuerpo y la Sangre de Cristo, porque en la hostia consagrada, está el Cuerpo y la Sangre  de Cristo. O si bebiéramos la sangre, también está todo Cristo ahí. Es más, lo más recomendable litúrgicamente hablando, es que en la Comunión demos a comulgar el “Cuerpo y la Sangre de Jesús”; no lo hacemos, no es costumbre entre nosotros, se hace sólo de manera extraordinaria, cuando se hace la primera Comunión o a quienes reciben un sacramento como el matrimonio, quinceañeras, en fin. Pero el hecho es que en este domingo del tiempo ordinario, en esta serie de temáticas sobre la Eucaristía, Jesús nos enseña algo nuevo: ‘si no beben mi sangre, no podrán tener vida en ustedes’.                         

La sangre es importante, decíamos, la carne, la comida es importante, es signo de convivencia, de  trabajo, de esfuerzo, de estar todos a la mesa; la sangre es la vida misma, bíblicamente hablando, la sangre es la Vida, lo que da vida al ser.  

Jesús derrama su sangre, derrama su vida,  entrega su sangre por nosotros, y quien no come el cuerpo de Cristo y no bebe su Sangre, no podrá tener vida.

 

Una vida de gracia

He aquí la importancia, la necesidad hermanos, de Comulgar el alimento del Cuerpo y la Sangre de Jesús para crear vida, vida de Gracia,  vida de Dios, que Dios habite en nosotros, que esté presente en nosotros, que nos fortalezca y nos dé vida eterna y nos resucite el ultimo día.   

Jesús afirma claramente a todos los que le escuchan:  ‘mi Carne es verdadera comida, mi Sangre es verdadera bebida; es muy claro Jesús y esto desconcierta a muchos; el próximo domingo tocaremos este punto del desconcierto. Por ahora seguimos reflexionando en esta verdad del cuerpo y la sangre de Jesús.

Para tomar conciencia de la importancia, de la necesidad para mi vida de gracia y santidad en mi vida cristiana, en el libro de los Proverbios se presentan dos aspectos muy importantes que hay que pedir a  Dios: un Don y una Virtud; el don de la Sabiduría y la Virtud de la Prudencia.

La Sabiduría, dice, se ha manifestado, ha preparado un banquete para nosotros, necesitamos el don de la sabiduría, ‘concédeme la sabiduría’, que me ilumine, me fortalezca , me de el conocimiento y te acepte a ti Jesús como el Pan de la vida, como verdadera comida y verdadera bebida; y  la Prudencia: ‘concédeme la virtud de la prudencia’, para poder actuar y vivir conforme a lo recibido: recibo la Eucaristía, al mismísimo Jesús, dame la prudencia para actuar, para vivir eucarísticamente conforme a lo que recibo (el Cuerpo y la Sangre de Cristo).

 

Alimento que se asimila

Nuevamente el alimento ordinario lo como y  lo asimilo, mi organismo tiene la capacidad de asimilar la sustancia del pan, la carne de los alimentos. En el caso de la Eucaristía no, es un don, es Dios, es Cristo que me fortalece, me transforma, y es que con su gracia lo asimilo, es El. Por eso le pedimos “prudencia y sabiduría” para entender y amar la Eucaristía y vivir de acuerdo a la Eucaristía.

Por eso Pablo, en la segunda lectura, en la Carta a los Efesios, es como un compromiso de cómo hacer producir la virtud de la prudencia. Nos dice: “tengan cuidado de portarse, no como hijos insensatos, sino como prudentes”. Nuevamente aparece la prudencia: ‘No sean irreflexivos, déjense llevar por la sabiduría’. San Pablo nos invita para entender cuál es la voluntad de Dios. Llénense más bien del Espíritu Santo.

Por eso le pido al Señor, dame prudencia, dame sabiduría para llenarme a través de ti, de tu Cuerpo y de tu Sangre,  del Espíritu Santo, para vivir la caridad, en el amor, en la fe, conforme a Cristo que me alimenta y yo a su vez ser Eucaristía (valga la expresión) hacia los demás, amándolos, respetándolos, haciendo el bien, cuidando a mi prójimo, ayudándole.         Es la caridad, el efecto de misericordia que al recibir a Cristo, su cuerpo y su sangre, da en mí hacia los demás.

Termino nuevamente con el mismo salmo que este domingos se ha estado proclamando, “Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor”. ¡Qué hermosas palabras de confianza! Acerquémonos a la Eucaristía, comulga, Él es la verdadera comida, la verdadera bebida, el Cuerpo y la Sangre de Jesús. También acércate a la Eucaristía en la contemplación, dedícale un tiempo a la semana a orar, ve al Sagrario, al jueves eucarístico y póstrate ante Cristo para orar.  La Eucaristía como centro y fuente de vida y de amor para ti, para mí, para todos.

 

Pide oraciones

Finalmente les digo que este lunes salgo a Dublín, como se anunció, al Encuentro Mundial de las Familias. Me encomiendo a sus oraciones para que a mí y al resto de obispos que vayamos nos vaya bien y aprendamos mucho para que compartamos con todos y cada uno de ustedes.

La bendición de Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes.