Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Les saludo con amor de padre y pastor, como cada domingo, en diálogo con ustedes a través de este mensaje semanal que les transmito.

Estamos en tiempo de vacaciones. Se respira un ambiente tranquilo en las iglesias, en la misma ciudad, donde los niños y jóvenes están en casa, en familia, haciendo otras actividades de verano. Pero también sigue la actividad del trabajo de las parroquias. Es un mes de julio muy particular y los invito a vivir este tiempo de descanso, de vacaciones, cerca de Dios, con espiritualidad. Ya hemos dicho muchas veces que el hecho de estar de vacaciones no es ausentarse de Dios, sino siempre tenerlo presente en nuestras vidas.

Por una parte quiero comentarles que tuvimos la dicha de participar en la peregrinación diocesana en este año 2017 en estos días pasados. A Cristo Rey el jueves, a la Basílica de Guadalupe este viernes, con una muy buena participación de fieles de nuestra diócesis que asistieron. Me informan que aproximadamente fueron 17 autobuses que participaron, es una buena presencia del peregrinar de nuestra diócesis a estos lugares significativos,  un santuario, Cristo Rey, y laa Basílica de Santa María de Guadalupe.

En ambos lugares hice referencia a los 60 años que como diócesis vamos a cumplir el próximo mes de septiembre. En Cristo Rey agradecí a Dios, a Cristo Rey, su amor y presencia: ese Rey de paz, ese Rey de amor, ese Rey de verdad, ese Rey de unidad que en nuestra diócesis se ha manifestado, se ha hecho presente durante todos estos años 60 años de nuestra diócesis.

Fue una acción de gracias, y en la Basílica también, ya que nuestra diócesis está dedicada a la Virgen de Guadalupe, puse a los pies de nuestra Madre, nuestra diócesis. Y también agradecida con ella por esos 60 años de presencia de Santa María de Guadalupe en la diócesis.

Ambos días, en Cristo Rey, en el Cubilete y en la Basílica de Guadalupe, ofrecimos a Dios y a María Santísima nuestra diócesis y pedimos su ayuda, su intercesión, su presencia, para que Cristo Rey reine entre nosotros, que reine la paz, la armonía, la vida, el respeto, y que nosotros como diócesis aceptemos a Cristo como nuestro Rey y pedirle a nuestra Madre Santísima que nos siga bendiciendo, acompañando y abrazando con ese abrazo maternal que siempre nos regala.

 

Peregrinos felices

La gente participó muy contenta, estuvo feliz, realmente se manifestó de una manera muy gozosa en ambos lugares, con la Basílica llena de tantísimos otros fieles que siempre acuden a los pies de nuestra Madre. Fue una experiencia de peregrinar extraordinaria. Yo agradezco a todos  los que peregrinaron en estos 17 autobuses, a los sacerdotes que, en buen número, nos acompañaron y también al padre encargado de la peregrinación diocesana al padre Freud y también los padres que también llevan autobuses de Mater Dolorosa, en fin, a todos, su presencia, su fe, la expresión de comunidad.

En esta ocasión también tuvimos el gozo de la participación del Coro Diocesano en la Basílica de Guadalupe y muy solemnemente entonamos cantos marianos, de la liturgia del día, y la gente respondió muy hermoso, muy agradecidos con el Coro Diocesano por su presencia en esta peregrinación.

Que Cristo Rey siga reinando entre nosotros y que Santa María de Guadalupe nos siga cubriendo con su manto.

No hacer caso a la cizaña

Los invito para que este domingo día de hoy sigamos contemplando la Palabra de Dios y encarnándola en nuestra vida. Hoy, en este domingo, la parábola de la semilla que se siembra, que es buena, que da frutos, pero que también aparece la cizaña. Dios permite que ahí esté la cizaña, como estorbando, como dañando, como queriendo impedir que la buena semilla dé frutos.

Preguntaban los discípulos ¿qué hacemos maestro? arrancamos la cizaña? ¡no!, dice Jesús ¡déjenla!, que crezcan juntas para no dañar la buena semilla, y entonces simplemente no hacer caso de la cizaña.

Hermanos, que  nosotros nos dejemos enamorar de la Palabra de Dios, de la buena semilla, que es Dios de la Palabra, que es el Hijo de Dios. Que de veras sea sembrada en nuestros corazones y dé frutos abundantes por los 60 años de la diócesis y cada día, en lo personal, en las parroquias, en los decanatos, en toda la diócesis, la cizaña ahí está.

¡Cuánta cizaña hay en el mundo! ¡cuánta cizaña hay en todos los niveles, en toda la sociedad¡, incluso en la Iglesia, a nivel personal, ahí está la cizaña que quiere dañarnos. La recomendación es no hacer caso. Ahí está, pero no dejarnos atrapar, no dejarnos envenenar por la cizaña y por eso se nos recomienda, dice el papa Francisco, la oración, la reconciliación, la Eucaristía…

La oración y los sacramentos para que la semilla que Cristo siembra en nosotros siga dando frutos abundantes en nuestra diócesis, que nos alegremos y le respondamos siempre a ejemplo de María, con un sí generoso.

Dios me los cuide, los proteja. Disfruten los que anden de vacaciones o vayan a salir, disfruten en familia su descanso, pero no se olviden de su oración, no se olviden de su misa, no se olviden de estar siempre cerca de Dios.

Les mando mi abrazo y mi bendición. La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con ustedes.