A propósito de la controversia en la ciudad por el mensaje inscrito en el Cerro Bola, sacerdote biblista nos ayuda a reflexionar sobre el mensaje en sí mismo: ¿Qué significa cuando afirmamos que la Biblia nos comunica la verdad para nuestra vida y qué tipo de verdad nos ofrece?

 

Pbro. Lic. Héctor Xavier Villa/ Licenciado en Teología Bíblica

Algo que distingue a nuestra ciudad es la leyenda que desde hace años se puso en el cerro bola: “la Biblia es la verdad, léela”. Este mensaje fue creado por una iglesia cristiana, pero en realidad ¿qué significa dicho mensaje?.

El mensaje ayuda a recordar el valor de la Sagrada Escritura, el mismo Jesús afirma “yo soy el camino, la verdad y la vida”, y es verdad que la Biblia nos conduce a Jesús, que nos revela la verdad de Dios y de los hombres, pero este mensaje también presenta cierta ambigüedad porque hemos de considerar qué  tipo de verdad es la que nos ofrece la Biblia. ¿Se refiere a la verdad científica? ¿Filosófica? ¿Histórica? Hemos de precisar considerando lo que la Iglesia afirma cuando habla de “la verdad en orden a nuestra salvación” (DV 11)

 

Qué es la verdad

No es sencilla la cuestión porque en torno a la verdad se han suscitado diferentes situaciones dolorosas y difíciles a largo de la historia. Bastaría pensar en el caso de Galileo a quien la iglesia condenó porque él se atrevió a decir que la tierra no era el centro del universo, sino que la tierra giraba en torno al sol y más bien era el sol el centro del sistema solar (cf. ver Josué 10,12-13).  Afortunadamente el Papa Juan Pablo II pidió perdón por los errores cometidos por la Iglesia muchas veces consciente o inconscientemente y concretamente en aquel momento hizo referencia al caso de Galileo.

Desde los primeros siglos, algunos Santos Padres trataron de aclarar esto, buscando explicar qué tipo de verdad nos quiere comunicar la Biblia. San Agustín ilumina al escribir: “El Espíritu de Dios que nos ha hablado a través de los autores sagrados, no quiso enseñar a los hombres cosas que no sean de ninguna utilidad para su salvación…No se lee jamás en el Evangelio que el Señor haya dicho: “Yo les enviaré el Paráclito que les enseñará cómo van el sol y la luna. El quería formar cristianos, no matemáticos (o físicos)”.  

Sin embargo con el avance de las ciencias muchos temas han sido cuestionados en relación con la Biblia: la creación, la evolución, el sentido de la vida, etc.  Ante esto la Iglesia intentó responder aunque no siempre de manera adecuada. Por ejemplo por el camino del “concordismo”, es decir, se buscó hacer concordar la Biblia y la ciencia: si el Génesis habla de seis días de la creación, se dice que esto se refiere a las seis épocas geológicas de las que nos habla la ciencia. Algunos intentaron seguir los rastros y encontrar huellas del “Arca de Noé.

 

Nuevos caminos

Otro camino que se buscó para resolver el problema de la verdad fue mezclar las cuestiones sobre la inspiración y la inerrancia (sin error) con lamentables confusiones. Se restringió o limitó el campo de la inspiración y por tanto el de la inerrancia, a algunos aspectos de la Escritura.

Por ejemplo algunos decían que la inspiración y la inerrancia se entendían sólo en cuestiones relacionadas con la fe y moral (en 1893 un señor llamado D’Hulst decía esto pero la Iglesia lo rechazó con un documento llamado “Providentissimus Deus”). Su error más notable estaba en considerar prácticamente la Biblia como un libro de proposiciones o teorías, donde se podían separar el campo religioso del profano. Aún con todo, este Señor ayudó a la Iglesia a reflexionar y a ir definiendo mejor su doctrina que presentaría mas reflexionada en el Vaticano II.

El Vaticano II nos dice: “…Como todo  lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los Libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para nuestra salvación. Por tanto, toda Escritura, inspirada por Dios, es útil para enseñar, reprender, corregir, instruir en la justicia; para que el hombre de Dios esté en forma, equipado para toda obra buena (2Tim 3, 16-17s)” DV 11.

Un punto importante en el Vaticano  II es que en lugar de “inerrancia” nos habla de “verdad”, es decir que se sitúa en una actitud diferente y propone de manera positiva la verdad que contiene la Biblia (y no tanto lo que no contiene la Biblia –error-).

 

Verdad salvadora

Por otra parte se especifica el tipo de verdad: de “verdad” a “verdad…en orden a nuestra salvación”. Es decir que no se trata ni de las verdades, aún religiosas (en plural), sino de la verdad (singular) en orden a nuestra salvación presente en toda la S. Escritura. Tampoco se trata de la verdad filosófica. Ni tampoco de la verdad histórica (exactitudes; la realidad en cuanto conocimiento del pasado), o de la verdad lógica. Ni mucho menos se refiere a la información de costumbres y concepciones de la época, que son sólo un medio para expresar la verdad específica.

Lo que el Vaticano II nos aporta es que se trata de la verdad de la revelación y de la salvación. Ciertamente Dios se ha revelado en la historia, pero esta historia ha sido narrada no para instruimos sobre los sucesos en sí, sino sobre el sentido que guardan en la historia de la salvación.

“La verdad en orden a nuestra salvación” quiere decir también que en la Biblia podremos encontrar inexactitudes o errores geográficos, históricos, científicos (¡¡de hecho los hay!!), pero no habrá ningún error en lo que se refiere a nuestra salvación.  

 

Géneros literarios

Además algo que nos ayuda a entender la Sagrada Escritura y a ubicarla mejor es lo que afirma la Dei Verbum: “Para descubrir la intención del autor, hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los “géneros literarios”, pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios. El intérprete indagará lo que el autor sagrado intenta decir, y dice según su tiempo y cultura, por medio de los géneros literarios propios de su época. Para comprender exactamente lo que el autor quiere afirmar en sus escritos, hay que tener muy en cuenta los modos de pensar, de expresarse, de narrar que se usaban en tiempo del escritor, y también las expresiones que entonces se solían emplear más en la conversación ordinaria” (DV 12).

Conviene pues estar atentos. La Sagrada Escritura nos ofrece la verdad, pero no de manera general como si toda afirmación hubiera que tomarla tal cual, sino en función de nuestra salvación. Una verdad más desde el sentido teológico que nos revela la grandeza de Dios y la riqueza de su proyecto salvador que en su Hijo Jesucristo nos revela lo que somos y estamos llamados a vivir en Él, por Él y para Él.