Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

 

Les saludo con mucho amor de padre y pastor deseándoles vivan este domingo en unidad familiar, en la Eucaristía del Señor.

Nos vamos acercando al final del Año Litúrgico. En este domingo tanto la primera lectura del Deuteronomio, como el Evangelio de San Marcos, tocan un punto fundamental en nuestra fe ante la pregunta que le hace a Jesús un escriba: “Maestro , cual es el mandamiento principal?”; Jesús hace referencia a la Ley. Él cumple y conoce la Ley y la pone en práctica como buen judío y toca las palabras que escuchamos en el libro del Deuteronomio: “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda las fuerza”.  

Jesús parte de este, digámosle así, mandamiento, para el pueblo de Israel, que lo menciona, lo reza, lo recita siempre, incluso varias veces al día; se llama el “Shemá Israel”, “Escucha Israel”.

Jesús responde ante la pregunta del escriba “amarás al Señor nuestro  Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con todo tu ser”. Aquí quiero subrayar dos calificativos “todo” y “tu” (tu corazón, tu amor, tu mente, tu ser) Con todo. Ese es el primero de los mandamientos, hacerlo nuestro con toda la mente y corazón.

Pero Jesús añade un segundo, y es éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Hermanos,  hoy Jesús está tocando lo más fundamental, las piedras angulares de nuestra fe que hay que vivir y poner en práctica, hacerlo vida siempre.

 

¿Cómo andamos?

Hay una anécdota de un profesor que delante de sus alumnos hace un experimento, quizás ya ustedes lo han escuchado: les muestra a sus alumnos una gran copa grande y comienza a llenarla de piedras. Ya cuando está llena de piedras pregunta a sus alumnos: ¿la copa está llena? Y todos responden “sí, está llena”. Pero el profesor dice “no”, saca un costal de grava y comienza a llenar más la copa con grava entre los huecos que dejaron las piedras. Y vuelve a preguntar ¿ya está llena? entonces los alumnos como que empezaron a dudar. Y saca otro saquito con arena, y comienza a vaciar arena, moviendo la copa y la arena se va filtrando entre los espacios de la piedra y la grava. Y vuelve a preguntar si ya está llena, y saca un jarrón de agua y la empieza a vaciar. Todavía absorbe el agua la copa.

¿Cuál es la enseñanza? Los alumnos contestan: “Cuando hay voluntad todavía podemos poner aún más de nuestra parte” y dice el maestro, “no”, la enseñanza es que primero hay que poner lo más importante y después lo demás. Y entonces la reflexión es ¿Qué es lo más importante en nuestra vida?, ¿cuáles son nuestras piedras fundamentales?. Hay cosas importantes y cosas urgentes, ¿ponemos en primer lugar las cosas realmente importantes?

Por eso la respuesta de Jesús sobre las piedras fundamentales para vivir como hijos de Dios, y vivir nuestra fe. Jesús nos dice que las piedras importantes para el cristiano son: ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todo tu ser. Y ama a tu prójimo como a ti mismo. En la medida que pongamos lo más importante en  nuestra copa de la vida, como iglesia personal y familiar, en esa medida estaremos siendo felices, realizándonos como personas, como cristianos.

¿Cómo andamos? El Señor invita a reflexionar ¿a que le doy más importancia, a las cosas urgentes o a las secundarias, o a lo realmente importante, que es el amor a Dios y al prójimo?  

Dice la primera lectura del  Deuteronomio: “Teme al Señor, tú, tus hijos y tus nietos  y serás feliz, Dios te bendecirá”. El temor es uno de los dones del Espíritu Santo, el Santo Temor que es agradar a Dios, amarlo. Entonces la piedra importante en mi vida es el amor al prójimo. Ama a tu hermano, a tu familia, a tu esposo, hijos, padres, al pobre, al necesitado, al vecino, al migrante, al enfermo, incluso Jesús nos llega a decir, ama a tu enemigo. ¿Cómo andamos pues en ese amor, en esas piedras de nuestra vida tan importantes?

 

Nuestra fortaleza

Por eso cantamos y recitamos, y los invito a reflexionar y a vivir lo que  hemos cantado este domingo en el salmo responsorial: “Yo te amo Señor, tú eres mi fortaleza” ¡Qué hermoso! Reflexiona y medita cada frase de este salmo y que esa fortaleza fundamentada en el amor a Dios nos haga fuertes también en el amor al prójimo, a imitación de Cristo, el Señor. Aquel escriba le dio la razón a Jesús: “dices bien maestro” y Jesús le dice: “No estás lejos del Reino de Dios”, le da esperanza y confianza, pero podríamos interpretar también, “no estás cerca”. El Señor nos quiere cerca del Reino de Dios, dentro, y lo fundamental en el Reino de Dios, que es Cristo, es el amor, amar a Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo.

¿Qué buscamos?, ¿En dónde tenemos nuestra mente y nuestras prioridades?. Busca lo esencial, el amor a Dios y al prójimo, es lo que el Señor nos invita a vivir.

Por eso san Agustín después de haber buscado el amor por muchos caminos, llega a esta conclusión:  “Tú nos has hecho para ti Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Hay que aprender a amar a Dios y con Él, amar al prójimo. Eso significa haber encontrado finalmente el lugar del propio descanso, la fuente misma de la felicidad.

Vamos pedirle a Dios nos conceda el don del amor y que lo pongamos en práctica en nuestra vida diaria. La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo, permanezca siempre con ustedes. Buena semana.