Papás y padrinos de Primera Comunión: tienen una gran tarea por delante..aquí algunos consejos para realizarla. 

 

Pbro. Francisco Galo Sánchez/ párroco de Nuestra Señora del Carmen  

En este tiempo empiezan a crecer el número de niños que se acercan a recibir el Cuerpo del Señor por primera vez. Momento muy importante para ellos y ante el cual no podemos pasar desapercibidos y considerarlo como cualquier cosa, o simplemente como una ceremonia religiosa 

Consejos 

Parto de esta verdad en la que no siempre estamos de acuerdo y muchas veces olvidamos: descubrir la vocación que ustedes recibieron en el Sacramento del Matrimonio (incluso aunque no lo hayan recibido, aunque vivan en Unión Libre o Matrimonio Civil, su vida es respuesta a la vocación que el Señor les da, la diferencia está en que no han querido hacerlo comprometiéndose públicamente ante la Iglesia para poder vivirlo) 

Vivir la vocación del matrimonio y con los hijos cuando se acercan a la Eucaristía requiere ayuda, pues no lo pueden hacer todo los padres. Es la razón de que haya padrinos, pues son precisamente quienes junto con los papás, están cumpliendo con esta misión. 

Los padrinos no son personas que nada más se presentan el día en que reciben un sacramento. Esto requiere tomar muy en serio todo lo que se desencadena y no sólo asistir a la ceremonia.  

La mayoría de las veces no lo pensamos y creemos que una vez hecha la Primera Comunión, todo se acabó, sobre todo con la Iglesia. Los invito a reflexionar en estos cinco pasos a seguir cuando los hijos se acercan a la Eucaristía.  

 

1.- Primer paso: Pasar de un proyecto individual a la vocación familiar.  

Hasta ese momento los niños asistían al Catecismo tal vez enviados por los papás y en realidad iban por obediencia, pero ¿acaso se acaba esa responsabilidad después de la Comunión? ¡Claro que no! Tenemos el peligro de la auto-suficiencia que termina por dominar nuestros pensamientos y deseosEn muchos lugares una vez acabado el Catecismo, también los niños y sus papás acaban por dejar de asistir, ya no continúan en la formación, creen que ya cumplieron e incluso los catequistas tampoco nos disponemos a prepararles un acompañamiento, porque creemos que ya no es obligatorio. 

¿Qué es obligatorio? ¿Aguantarse un año?, ¿Aparentar y soportar todo para que después se deje? Quienes piensan así están equivocados. Hay que pasar a un compromiso familiar, es decir, la familia se compromete a continuar con la formación, a que el niño siga educándose, a que la Iniciación Cristiana siga adelante. Los padrinos deben vigilar que así sea. No es Primera y última Comunión, es el inicio de muchas más. De ahí la necesidad de planear y continuar con la formación. Sólo cuando vivamos la vocación familiar podremos asegurar un futuro mejor. 

 

2.- Segundo Paso: Pasar de una obligatoriedad a un compromiso 

Cuando hacemos las cosas por obligación en realidad no las queremos hacer, simplemente pretendemos cumplir con requisitos, pero no queremos asumir una responsabilidad. Aprendí de un hermano sacerdote esto: cuando hacemos las cosas por cumplimiento en realidad decimos: cumplo, luego miento. Es muy importante que los papás platiquen con sus hijos y les hagan ver eso. ¿Por qué quisiste hacer la Primera Comunión?, ¿Para qué fuiste? Pero también lo deberían hacer los padrinos. Es muy importante hacer ver que debemos realizar nuestras actividades porque son parte de nuestra responsabilidad y expresión de la seriedad de la palabra que tenemos. Recibir a Cristo no es recibir cualquier alimento. Hay un compromiso con Él muy serio, porque es dejarlo que habite en nosotros ¡ni más ni menos! Así como en el proceso digestivo de la asimilación, transformamos los alimentos en sustancias nutritivas y aprovechables para nuestro organismo, de igual modo, en la Comunión hacemos que el Cuerpo de Cristo penetre en todas nuestras células y todo se encuentre inundado con su presencia. No recibirlo es lo mismo que no comer. Por lo tantola Comunión es un compromiso muy grande en donde ya no lo hacemos por presión o para quedar bien, sino porque queremos que Cristo esté en nosotros. 

 

3.- Tercer Paso: Pasar a sentirse miembro de la Iglesia 

Los sacramentos no son un fin, son medios. Todos los sacramentos tienen ese propósito. Los recibimos para acrecentar nuestra conciencia y participación en la Iglesia. No se trata de tener un papel o un documento más, porque sea necesario. Se trata de ir tomando conciencia de que participamos en una familia mucho más amplia que es la familia de Dios. Así como un hijo sin familia no crece normal, de igual manera, un cristiano sin Iglesia no es un seguidor de Jesucristo. El que reciban al Señor es para que con mayor razón busquen la manera de perseverar, de integrarse, de participar en la Iglesia, en la Parroquia en donde se formaron. ¿Cuándo deja uno de ser hijo?, de igual manera ¿Cuándo debe uno dejar de ir a la Iglesia? No por requisito, sino porque es nuestra familia, es el grupo en donde me comprometí a seguir a Jesús hasta el final. 

 

4.- Cuarto Paso: Pasar a una Comunión frecuente 

Que equivocados estamos cuando nos olvidamos de continuar alimentándonos. Hay muchas personas que iban a la Iglesia cuando eran niños, pero a partir de la adolescencia y más en la juventud, la abandonaron, ya no se volvieron a presentar, y si lo hicieron, fue muy a la retirada. Entonces ¿Para qué hicieron la Primera Comunión? Aquí es muy importante la presencia y acompañamiento de los padrinos también ¿Cuándo necesita más un adolescente el acompañamiento de un adulto?, ¿Para qué son los padrinos?, ¿Cuándo se presentan? Yo creo que el testimonio y su cercanía es fundamental en esta etapa, sobre todo después de haber hecho la Primera Comunión. Los padrinos pueden llevar a sus ahijados a platicar, a misa, a confesarse, a eventos, para velar por la educación cristiana que se comprometieron custodiar. 

 

5.- Quinto Paso: Pasar de una indiferencia a un servicio 

Muchos asistimos a la Iglesia por deber. Cuando se dan los avisos en la misa, muchos oyen pero hasta ahí, no siempre nos mueve a buscar algo. Una pregunta muy sencilla nos podemos hacer: ¿Sirvo en la Iglesia o me sirvo de ella?, Mi fe ¿me lleva a servir o más bien a otra cosa? Jesucristo vino a servir, no a que le sirvieran; ocupó el último lugar, se hizo el último de la cola. Nosotros, ¿en qué plan vamos a la Iglesia?  

¿Cuánta gente ha recibido las pláticas pre-bautismales?, ¿Cuántos han hecho la Primera Comunión?… ¿En dónde están?, ¿Qué han hecho con los sacramentos recibidos?, ¿Los han llevado a servir o a que les sirvan? Creo muy importante enseñar esto. Papás y padrinos tienen una gran tarea por delante: ¿Cómo hacer que los hijos sirvan si ustedes no quieren servir? Hacen falta servidores dispuestos a cumplir con el compromiso contraído con el Señor. 

 

Ojalá estos cinco pasos les ayuden a reflexionar y hacer sus propios planes, para que, pidiendo al Señor su Espíritu Santo, podamos llegar hasta el final. 

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