Migración no es invasión:

obispos Tex-Mex

No se debe aceptar que la llegada masiva de migrantes sea un invasión, pues de ser así, entonces el muro significaría protección, y no lo es, aseguraron obispos reunidos en El Paso, Texas…

Ana María Ibarra

Con el objetivo de dar respuesta a la crisis que enfrenta la frontera México – Estados Unidos por la llegada de miles de migrantes y las medidas drásticas del gobierno estadounidense, aproximadamente 15 obispos de ambos lados de la frontera se reunieron durante los días 25, 26 y 27 de febrero en la Diócesis de El Paso, Texas.

Jornada de oración

El martes 26 de febrero, los obispos, grupos católicos y no católicos, se reunieron en ambos lados de la división fronteriza a la altura del área de Anapra, en una celebración interreligiosa por la Justicia y la Paz en la Frontera.

El evento inició con el testimonio de una mujer, quien desde el lado norte del muro fronterizo narró su experiencia como inmigrante y su estancia de 20 años en Estados Unidos.

Enseguida, se realizó un canto de petición de posada con las coplas haciendo referencia al peregrinar de los migrantes. Esto llevó a ambas comunidades fronterizas a un acto de contrición, reconociendo que, como lo refirió el canto, la solicitud de “posada” de los migrantes se recibe con indiferente silencio.

“Reflexionamos en silencio sobre la complicidad de nuestras comunidades y sobre nuestra falta de atención”, se escuchó.

En su reflexión, el obispo de El Paso Mark Seitz, agradeció la presencia de los obispos y meditó que la situación que se vive con la llegada de miles de migrantes no se debe aceptar como una invasión, pues así el muro significaría protección.

“Son gente que está huyendo de la violencia en su país. Entendamos que somos dos comunidades con mucho en común, que somos una familia de verdad”, expresó el obispo.

Mensaje de esperanza

“En el pasado podemos escuchar el grito de la tierra diciendo que nuestras políticas tienen consecuencias”, dijo el obispo Mark con la mira en sus connacionales.

En su reflexión, monseñor Seitz pidió orar por los migrantes y evitar más muertes, como las de los niños Jaqueline y Felipe, dos pequeños centroamericanos que murieron al cruzar el desierto. Con las fotografías de los pequeños en su mano, el obispo de El Paso exclamó: «No podemos permitir más tragedias como esta”.

“Hermanos, para quienes como nosotros que tenemos fe, nos habla nuestra esperanza. Que los huesos que han caído sobre la tierra van a estar reconstituidos”, dijo lleno de fe.

Dirigiéndose al lado mexicano, el obispo dijo: “Hermanos de Anapra, quiero decir que sentimos una culpabilidad porque los representantes que tenemos en nuestro país no han hecho una diferencia”.

Al lado americano motivó: “Debemos trabajar para mostrar nuestro arrepentimiento para que un día cambie esta situación. Debemos rezar para que el Señor nos de la fuerza para trabajar”.

Bendición del desierto

Bendición del Desierto

Luego, en un emotivo momento, de ambos lados del muro los obispos y sacerdotes esparcieron agua bendita sobre la gente y la tierra, mientras que los asistentes dejaron caer sobre el desierto pétalos de rosas.

El padre Guillermo Morton, párroco de Corpus Christi en Anapra, invitó del lado mexicano a levantar la mano derecha en dirección a los hermanos del lado estadounidense.

“Pidamos que el Espíritu Santo toque sus corazones, abra su mente. Que el Señor los bendiga con amor, misericordia, justicia y paz”, pidió el sacerdote.

Para concluir, se llevó a cabo un signo de paz entre las comunidades hermanas.

Con las fotografías de dos niños en su mano, el obispo de El Paso exclamó: «No podemos permitir más tragedias como esta”.

Responder cristianamente a desafío mundial

Como un desafío mundial definió el padre Guillermo Morton la situación actual que vive la frontera en el tema de migrantes, dado que a Ciudad Juárez llegan miles de centroamericanos y cubano en busca de asilo en Estados Unidos.

“Estamos en el principio de una crisis y creemos si Trump pone en práctica los cambios de la ley sobre el asilo, la frontera del lado mexicano va a quedar como una sala de espera no solamente por dos o tres días, sino por dos o tres meses, o un año”, señaló el sacerdote.

Ante dicha situación, el padre Morton motivó a las comunidades parroquiales a hacer realidad la pastoral de movilidad humana y organizarse como voluntarios en Casa del Migrante o en otros albergues en la ciudad.

“Si queremos arrepentirnos y cambiar nuestra vida, es una oportunidad para poner en practica la enseñanza de Jesucristo en Mateo 25, para acoger al forastero”, dijo.

Sobre alambrado

Sobre las medidas que está utilizando Estados Unidos al instalar alambrado en la frontera, el sacerdote dijo que es una desgracia y los mismos estadounidenses están enojados por ello.

“En el lado de Arizona hay una protesta, hay una demanda en la corte porque es una ofensa. Esta no es una zona de guerra. La única ventaja del muro es que los americanos tienen la sombra en la tarde. Es una desgracia, da mucha pena verlo”.

Y finalizó diciendo: “Los migrantes no están llegando aquí por una diversión, no son criminales, son personas huyendo de la violencia. Estas personas están llegando aquí por necesidad y tenemos que abrir nuestros corazones, recibirlos sin discriminación. Todos en Juárez somos migrantes”.

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