No tenemos derecho a 
destruir el medio ambiente

Ricardo Mier Ayala/ activista ecológico

 

En su magistral Encíclica Laudato si’ el Papa Francisco alude directamente a la problemática de la Cuenca Amazónica, resaltando la importancia que ésta tiene para la totalidad del planeta y para el futuro de la humanidad.

Además de su importancia global en términos de producción de oxígeno (que constituye el tema central que manejan los medios de comunicación) el Papa pone de relieve, asimismo, que estos ecosistemas de las selvas tropicales tienen una biodiversidad tan compleja que es “casi imposible” de reconocer integralmente, pero cuando estas selvas son quemadas o arrasadas para desarrollar cultivos, en pocos años se pierden innumerables especies, o se convierten en desiertos.

Aquí, precisamente, viene a colación una declaración categórica del propio Papa Francisco en lo tocante al tema de la pérdida de biodiversidad:

“No basta con pensar en las distintas especies sólo como eventuales ‘recursos explotables’, olvidando que tienen un valor en sí mismas: cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver”.

La inmensa mayoría se extingue por razones que tienen que ver con alguna acción humana. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios, con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho.

Con relación a esta afirmación del Papa Francisco, en el sentido de que no tenemos derecho a extinguir la vida silvestre (con la que debemos compartir con equidad el planeta), es pertinente mencionar una coincidencia sorprendente que existe en la legislación de la materia en nuestro país.

En efecto, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, desde su publicación en el año de 1988, señala indubitablemente que las especies de animales y vegetales silvestres, en general, tienen pleno derecho a existir (¡ahora y siempre!) y que nosotros, en consecuencia, tenemos la obligación, humanamente también establecida, de respetar sus derechos de origen y de orden claramente natural.

Veamos lo que textualmente dispone el citado artículo 83 de la Ley en referencia:

“El aprovechamiento de los recursos naturales, en áreas que sean el hábitat de especies de flora o fauna silvestres, especialmente de las endémicas, amenazadas o en peligro de extinción, deberá hacerse de manera que no se alteren las condiciones necesarias para (garantizar) la subsistencia, el desarrollo y la evolución de dichas especies” y, por ende, nosotros no tenemos (de acuerdo a nuestra propia normatividad en la materia)  el derecho a extinguirlas y ni siquiera el derecho a alterar sus condiciones básicas de existencia.

 

Una advertencia contundente

Si bien la Amazonia requiere de un cuidado especial, dada su enorme importancia para el equilibrio ecológico del planeta, cabe tener muy presentes las advertencias que al respecto nos hace el Papa Francisco, que lo reafirman como el Pontífice más sensible a los problemas ecológico/ambientales del planeta; los que tan admirablemente se compendian  en su multicitada encíclica Laudato si’:

“Un delicado equilibrio se impone a la hora de de hablar sobre estos lugares, porque tampoco se pueden ignorar los enormes intereses económicos internacionales que, bajo el pretexto de cuidarlos, pueden atentar contra las soberanías nacionales (implicadas). De hecho, existen propuestas de internacionalización de la Amazonia, que sólo sirven a los intereses económicos de las corporaciones transnacionales”.

Por ello, concluye el Papa Francisco, “es loable la tarea de organizaciones internacionales y de la sociedad civil que sensibilizan a las poblaciones y cooperan, críticamente, también utilizando legítimos mecanismos de presión, para que cada gobierno cumpla con su propio deber de preservar el ambiente y los recursos naturales en su país, sin venderse a intereses internacionales”.

Por todo lo anterior, inspirado en las acciones y reflexiones del Papa, auguramos gran éxito conceptual para el Sínodo sobre la Amazonia, que se está llevando a cabo precisamente en estas fechas en la propia Ciudad del Vaticano, con el lema Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral y una definición que lo dice todo: Ecología integral: el clamor de la tierra y de los pobres.

El autor es socio fundador de Bioconservación A.C., y su órgano de difusión la revista Supervivencia, coautor de anteproyectos de ley y titular de la Medalla Monterrey al Mérito Ecológico 2002.

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