Mons. J. Guadalupe Torres Campos/ Obispo de Ciudad Juárez

Queridos hermanos, les saludo con mucho afecto y cariño de padre y pastor. Nuevamente domingo, día del Señor, día en que nos reunimos todos para alabarlo, bendecirlo, escuchar su Palabra y alimentarnos de Él en comunidad, como Iglesia, como familia, y eso nos fortalece nuestra fe para seguir caminando en la semana, construyendo juntos el Reino de Dios.

Este domingo, ya desde la Oración Colecta se nos dice: ‘Señor, concédenos vivir siempre en el amor y respeto a tu Santo Nombre. Esta petición que hacemos en la oración, debe ser tomada muy en serio por todos y cada uno de nosotros. Concédenos vivir siempre en el amor maravilloso. Vivir la dimensión del amor es tener a Dios en nosotros, dejar habitar a Dios en nosotros, pero también en el respeto de tu Santo Nombre.

Invocamos a Dios, lo invocamos todos los días, siempre. Y a veces lo hacemos tal vez por inercia, de memoria, como algo rutinario. Debe ser siempre con respeto, invocar el nombre del Señor. Y al invocarlo es reconocerlo, es hacer un acto de fe, es pedirle su ayuda, su protección.

Por eso este domingo quiero invitarlos a que siempre vivamos en esa dimensión del amor de Dios en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestras comunidades y tener un respeto profundo al Santo Nombre de Dios.

 

Confiar en Dios

Comentando un poco sobre las lecturas de este domingo, quiero resaltar primero la figura del profeta Jeremías. No es fácil ejercer su misión de profeta. Aquí en este pasaje se revela que Jeremías, como todos los profetas, tiene obstáculos: quien los critica, quien los quiere callar. Por eso escuchamos ‘yo oía el cuchicheo de la gente que decía, ahí viene el profeta’… terror por todas partes, ‘denunciémoslo’…  todo con la intención de callarlo. ¿Cuántas veces para el cristiano que vive y proclama su fe, que se esfuerza por ser coherente, por anunciar su fe con la vida, con el ejemplo, con los valores de la verdad, de la justicia, de la honestidad, va a tener choques, va a tener gente que va a chocar, que lo va a criticar, que lo va a querer callar e insultar, ignorar de muchas maneras.

¡Tú eres profeta! ¡Nosotros somos profetas! Por eso ante esta, como queja del profeta ante Dios,  Dios le responde que no está solo. Y hoy nos dice a ti y a mí: ¡no estás solo! …El Señor, guerrero poderoso, está a mi lado, está a tu lado. ¡Confía!

Aquí se nos pide una plena y total confianza en que Dios está a nuestro lado, y no sólo a nuestro lado, está dentro de ti, en tu corazón, en tu vida. Su amor está. Dios está contigo.

Que caminemos en la vida, en el trabajo, que caminemos en el testimonio con una confianza plena de la presencia del Señor que nos auxilia, nos sostiene.

Por eso ante esta primera lectura de Jeremías, la respuesta del Salmo responsorial, hermosísima también, ‘Escúchame Señor porque eres bueno’. Él es bueno, es misericordioso, es clemente. Y entonces ofrecerle, como el salmista, todo lo que somos: las alegrías, las satisfacciones, los momentos hermosos, que sin duda alguna, estoy seguro, son los más.

 

En momentos difíciles

Pero también en los momentos difíciles pidamos su presencia, porque Él es bueno.

Por ti, dice el salmo, ‘por ti he sufrido oprobios y la vergüenza cubre mi semblante… a ti Señor elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto, escúchame conforme a tu clemencia’…esto es manifestar pues la petición de Dios que esté con nosotros, que nos dé su gracia, su amor, que nos bendiga y nos proteja, que nos sostenga en las alegrías, que nos dé muchas alegrías. Y en los momentos de tristeza, desaliento o de adversidad, por lo que sea, saber que Él está a nuestro lado, que Él viene a nuestro auxilio. Porque el Señor es bueno con nosotros.

 

Sólo Dios basta

Comentando una palabra también del Evangelio de san Mateo que este domingo se proclama, va en la misma línea del profeta. Dice Jesús, como para advertirnos de las futuras posibles dificultades, y sobre todo entre los hombres, ‘no teman a los hombres, no tengan miedo a los que matan el cuerpo’. Dos expresiones muy propias de Jesús: ‘no teman al hombre malvado, al egoísta o soberbio, al hombre que nada más está poniéndonos trabas, la ‘zancadilla’ como luego se dice. ¡No temas, yo estoy contigo!… y esa frase de Cristo, pero que también el papa san Juan Pablo II y ahora el papa Francisco siempre nos la repite: ‘no tengan miedo’. No tener miedo.

El cristiano debe tener una gran confianza en el Señor. Poner toda su confianza en el Señor es decir: yo soy débil, frágil, pero Dios me hace fuerte porque es bueno, porque está conmigo y nada temo. Por tanto, no tener miedo, tener confianza en el Señor en su Palabra, en su gracia, en su amor tan infinito.

Como nos dice también la segunda lectura de san Pablo a los Romanos: cuánto más es importante para nosotros la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, que en Él se derraman sus gracias sobre todos y cada uno de nosotros. No debemos tener miedo, Dios está con nosotros, Dios nos ama. así es que ¡adelante! sigamos con mucha confianza en el Señor, con mucho empeño y dedicación, que la fe esté bien sólida, como nos dice santa Teresa: que nada nos turbe que nada nos espante, sólo Dios basta, porque es bueno y está con nosotros.

 

Me despido siempre con gran alegría, dándoles la bendición de Dios Todopoderoso  Padre, Hijo y Espíritu Santo, permanezca siempre con ustedes. Amén.