Mons. J. Guadalupe Torres Campos

Les saludo con mucho cariño, con grande amor de padre y pastor, empezando con una recomendación dado el calor que está haciendo tan fuerte y apenas vendrá el verano. Los invito a cuidarse, a tomar mucho agua, mucho líquido, para que no se deshidraten y procurar no exponerse tanto al sol. Aprovecho  esta cápsula de salud para que todos tengamos atención y procuremos no exponernos.

Hoy en este domingo décimo primero del tiempo ordinario, la Palabra de Dios nos invita a reflexionar la figura del Reino de Dios. En el evangelio de san Marcos, Cristo hace dos parábolas sencillas, dos ejemplos, dos imágenes explicando el Reino de Dios. Dice una imagen: el reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra, y la otra es: el Reino de Dios se parece a una semilla de mostaza. Dos figuras muy importantes, bastante comprensibles para aplicar a nuestra vida.

En la primera parábola del Reino bajo la figura de la semilla en la tierra, hay  tres aspectos muy importantes: la siembra, el crecimiento y la cosecha, la siega al final.

Es importante la siembra. Dios siembra la semilla, Jesucristo es el sembrador, él siembra la semilla, siembra su Palabra, siembra el Reino de Dios, el amor, siembra todo. Cristo es el sembrador, la semilla buena en cada corazón, en todos los hombres, una semilla hermosísima, la mejor, la más rica, la más nutriente, la excelente. Ese aspecto de la siembra es sembrado en ti. Dios siembra su amor en ti, en tu corazón. ¡Ábrele!, dispón tu tierra, tu corazón para que el Señor siembre cada día la semilla del reino en tu vida. Esa semilla va creciendo y Dios cuida que crezca a través de muchas manifestaciones que Él, como Padre, nos da a través de la Iglesia, de la familia, de personas y de circunstancias, pero sobre todo a través de los sacramentos, el Bautismo, la Confirmación, la Reconciliación, la Eucaristía y los demás sacramentos. Dios nos da su gracia para hacer crecer esa semilla.

Dice el texto, primero el tallo, luego las espigas, los granos hasta dar frutos abundantes. Lo importante es hacer crecer y Dios hace crecer, pero tú también tienes que poner tu empeño, tu dedicación, tu oración, tu estudio, tu formación en la fe, tu compromiso cristiano para hacer crecer, para no sofocar -dirá otra parábola- la semilla.

No dejarnos atrapar por el mundo, de tal manera que eche a perder la semilla y no crezca

 

Crecimiento y cosecha

El crecimiento: esto es que vaya creciendo hasta ser un árbol fuerte y dando frutos abundantes. Eso espera el Señor: crecer en la fe, en la paciencia, en la caridad, en la oración, en la verdad, en la santidad, crecer como hijos de Dios.

Pero el tercer aspecto es muy importante y a veces es duro pensar en ese tercer momento: la siega.  Una vez que da frutos, así lo veríamos por una parte, se corta para volver a sembrar la semilla, pero tener esa alusión al final, al juicio final: llegará el Señor, el que corta, y vendrá el juicio.

Algunos pintores como Miguel Ángel en su famosa escena del juicio final, pone en alto a los que dan frutos buenos, los santos y abajo los malos. Fra Angélico, otro pintor, lo hace lateralmente: a la derecha a los buenos y a la izquierda a los malos, el hecho es que al final vendrá un juicio: ¿qué hiciste?¿cuáles son tus frutos? te sembré la semilla de mi vida, de mi amor en tu corazón.  

La Palabra de Dios nos invita a pensar de alguna manera en ese momento final, duro, pero real, que va a suceder y nos lo hace pensar la palabra de Dios para que nos anime a comportarnos bien, trabajar mucho, dar frutos abundantes, tomar conciencia de la semilla que el sembrador Cristo ha sembrado en nosotros y trabajar.

El cristiano tiene que trabajar, trabajar con humildad, con sencillez, alegría y entrega. Por eso en el Aleluya decimos: “la semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo, todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre”.

Reflexión

Otro ejemplo, la otra más sencilla parábola sobre la pequeña la semilla de mostaza sembrada, pero que se convierte en el arbusto más grande que pueda existir, así debe ser nuestra fe. No limitarnos. Es tan grande, tan potente, tan fuerte la semilla que nos da Dios, que nosotros tenemos que crecer mucho y dar muchos frutos abundantes.

Por eso hoy te invito a reflexionar cómo estás viviendo, qué frutos estás dando en tu familia, en el trabajo, en el estudio, ahora que terminaron los chicos de estudiar y están de vacaciones o van a empezar las vacaciones, ¿cómo andamos? en nuestra fe, en nuestro crecimiento y respuesta a Dios.

Por eso dice como recomendación san Pablo en la segunda lectura, “procuremos agradarte Señor, porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida. Entonces procuremos agradar siempre al Señor ¿cómo? Haciendo el bien, siendo buenos, amando a Dios con todo el corazón, amando a nuestro prójimo, siendo generosos, ayudando al necesitado.

Que este texto nos anime sobre todo en la parte positiva, en la parte esperanzadora de que Dios me ama, me da la semilla y espera de mi frutos abundantes.

 

Feliz Día del padre

Por otra parte aprovecho para compartirles que estamos en pleno Mundial, acaba de empezar esta fiebre del Mundial, ojalá que a nuestra selección le vaya bien, que se desempeñen bien y también den frutos como deportistas para nuestro pueblo de  México.

Pero sobre todo hoy quiero felicitar a los papás hoy en su día, que celebramos el Día del padre. Los felicito papás. Dios siembra en ustedes una semilla especial, Dios, que engendra la vida a través de ustedes, papás

Sean buenos papás, quieran a sus hijos, dénles buen ejemplo, platiquen con ellos, dedíquenles tiempo a ejemplo de nuestro padre Dios. Ustedes son figuras reencarnadas de nuestro padre Dios misericordioso y justo, que busca el bien. Dios siembra en los hijos amor a través de ustedes papás, por lo tanto cuiden de sus hijos, siembren ustedes amor, cariño, trabajo, responsabilidad, siembren los valores de la fe y del amor a Dios y al prójimo para que sus hijos, conforme crezcan, den frutos abundantes. Los abrazo con todo cariño, los felicito y les bendigo siempre a todos.