En clave cristiana y en clave social, estos elementos juntos ayudarían a lograr la reconciliación ( y pacificación) que tanto se anhela para México. Aquí las reflexiones que comparte sobre este tema, sacerdote que acompaña a madres de mujeres desaparecidas…

 

Ana María Ibarra

El padre Francisco García, licenciado en filosofía, párroco de San Juan  Apóstol y Evangelista y quien acompaña a madres de jóvenes desaparecidas, habló en entrevista con Presencia sobre el tema del perdón, luego del foro de pacificación realizado en Ciudad Juárez, donde el presidente electo de México lanzó la frase “perdón sí, olvido no”, que ha causado gran polémica.

Desde la figura de Cristo, el sacerdote ayuda a comprender el perdón con un sentido amplio que incluya justicia y sanación para las víctimas, en un ámbito social como el que se vive en esta frontera.

Aquí la entrevista.

 

¿Por qué es importante perdonar, para qué nos ayuda el perdón?

R- Se ha trabajado mucho sobre el tema del perdón en muchos ámbitos y el perdón es la condición primera para establecer una reconciliación. No existen reconciliaciones si no se presume ya un perdón, y el perdón como tal es un regalo que se ofrece gratuitamente, es decir, es aceptar al otro aún cuando ese otro me ha afectado, me ha hecho el mal. En ese sentido Cristo insistía en perdonar siempre, aceptar al otro, porque entonces el perdón es una condición constante de reconciliación. Pero también el perdonador es el que es capaz de dar algo aún cuando ha padecido, el perdonador es una persona que se dispone siempre a la reconciliación. Sin perdón no existe reconciliación, por lo tanto, sin perdón no existe reconstrucción de las relaciones, no existe reconstrucción de la familia, no existe inclusive reconstrucción de la propia persona, no existe reconstrucción de la sociedad y en ese sentido es totalmente urgente, necesario e indispensable. Por lo tanto, no podríamos vivir en una sociedad incapaz de perdonar. Aunque aquí en el contexto en el que se está utilizando el término se tendrían que hacer algunas clarificaciones.

 

¿Es posible perdonar sin Dios de por medio?

R- Si es posible. Definitivamente sí se puede. Una persona no creyente, o una pareja no creyente que se ofende pueden ellos restablecerse a partir de una acción de perdón, de un regalo que se da al otro en la medida en que se disponen los dos a la reconciliación. Sin embargo, creo que Cristo lleva a un límite muy amplio el tema del perdón, inclusive hablar del perdón a los enemigos, a los que te hacen el mal, a los que te persiguen, y en ese sentido esos perdones de los que Jesús habla solamente se podrán asumir, creo yo, desde Dios y desde la fe.

 

A propósito de los foros de pacificación y los reclamos acerca del planteamiento “olvido no, perdón sí”, ¿Es esto posible? ¿Cómo se relaciona el perdón con el olvido?

R- Con los debidos cuidados de lenguaje, creo que se está utilizando de manera ambigua el concepto de perdón porque nosotros entendemos de una manera específica el perdón como ya lo hemos dicho, el perdón moral. Recordamos cuando el Papa Juan Pablo II fue atentado en la Plaza de San Pedro, su agresor fue a la cárcel, el papa lo visita y lo perdona. Ahí estamos hablando del perdón moral, es esta intención de reconciliación. Sin embargo el hombre permanece en la cárcel porque hay un delito. Entonces tendríamos que establecer, y creo es la ambigüedad en la que se ha movido el discurso del perdón del actual presidente electo, es una ambigüedad sobre el concepto perdón entre tres niveles: el perdón moral; el perdón político (que eso no sé qué sea pero que se está manejando de alguna forma); y el perdón judicial. Aquí en este caso, la fe nos invita siempre al perdón y a la reconciliación, sin embargo el Estado tiene que garantizar la justicia de frente a los delitos, y cuando él (AMLO) habla de perdón, la frase que manejó en Ciudad Juárez “olvido no, perdón sí”, se me hace una frase sumamente ambigua.

Perdonar no significa olvidar, significa ejercer una acción de libertad y de generosidad. La persona ofendida, aún en su ofensa, ejerce una acción de generosidad, de libertad, de voluntad y decide entonces perdonar al otro, pero no por eso se le olvida el daño que sufrió. De tal manera que perdonar sí cura las heridas, porque el que perdona también asume una actitud y una disposición de sanación. Solamente el perdonador se va sanando.

Sin embargo, las víctimas de la violencia se lo hacían saber, “perdón sí, olvido no”, y no se están haciendo renuentes al perdón o a perdonar. Las víctimas lo que quieren decir es “perdón y justicia”. Esta es una parte fundamental. En el tema de la victimización, en el tema de los desaparecidos, de los muertos, de los feminicidios, etcétera, se tendrían que juntar varios elementos: el perdón, la justicia y la curación de la víctima. Iniciaría con el perdón moral, el perdón espiritual. Se continúa con la consecución de la justicia, esa es labor propiamente del Estado, el Estado debe garantizar que se haga justicia a las víctimas. Luego entrarían otras instituciones a la curación de las víctimas. En ese sentido una madre de una joven o un joven desaparecido te dice: “ni perdón, ni olvido”, porque si no hay justicia, no hay curación. En una situación como la nuestra tendríamos que involucrarnos en la reconciliación, pero que el concepto se coloque en su debido lugar y no se maneje de manera tan ambigua. En la frase del presidente electo: “olvido no, perdón sí”, no encuentro su sentido.

 

En el caso específico de las madres de mujeres desaparecidas que usted acompaña, ¿cómo es viable en ellas el perdón para avanzar socialmente?

R- He encontrado dos títulos que los grupos de madres se han ido poniendo ellas misma y que son muy interesantes. Por ejemplo hay un grupo que se llama Madres de Fe, ya el título te dice que hay una disposición. En las celebraciones que hemos tenido, en las misas, hemos escuchado a madres de jóvenes desaparecidas, a madres de feminicidios, hablar del perdón de los agresores de sus hijas. Hay una disposición profunda moral, espiritual, de perdonar, pero eso no quita una exigencia también profunda de que se haga justicia ante un delito. No se contraponen perdón y justicia. Las madres en lo general están muy disponibles a este perdón moral y espiritual propio del cristianismo, pero también a esta búsqueda de la justicia también propia del cristianismo.

 

¿Hay un perdón social, o el perdón es personal? Y en todo caso ¿cómo ayuda a la sociedad?

R- La misma Iglesia ha hablado de pecados sociales. El Papa Francisco en su documento sobre “La Alegría el evangelio”, él mismo, por la estructura del documento, establece como unos pasos de una reconciliación social. Si analizamos el esquema de los capítulos, aparece, inclusive un esquema de examen de conciencia social, por lo tanto existe un perdón social, un  perdón comunitario que no tiene que ser de la sociedad entera, que bueno que fuera así, pero sí pueden ser perdones familiares, perdones de grupo, de comunidades, esto definitivamente existe. Sin embargo tendrá que pasar también por un examen de conciencia comunitaria, por una revisión social de las faltas, porque existen pecados y existen delitos que son sociales (como) la indiferencia del Estado ante los hechos de violencia, la indiferencia de la sociedad ante estos hechos; nada menos, el asesinato de este niño de seis años, Rafael. La sociedad entera se tiene que reconciliar porque no pueden estar surgiendo estos eventos y la sociedad permanecer indiferente. Necesariamente tiene que surgir un perdón social.

 

Algunas claves para el perdón

 

¿Puede darnos algunos consejos para perdonar?

R- La fuente del perdón definitivamente es Jesucristo, el Crucificado, Él mismo en la cruz pide al padre Perdón para sus agresores y lo pide en gran libertad y en gran dolor. Por lo tanto, no es más que el encuentro con Cristo crucificado y resucitado que se puede dar una reconciliación plena. Jesús ofrece la vida por la reconciliación del mundo, por la fraternización del mundo. Mi consejo sería ese, no hay perdón, no hay reconciliación si no hay un sereno, sencillo, humilde retorno al encuentro con Cristo; de otra forma los perdones serán siempre condicionados y serán perdones que se asuman en desventaja porque de pronto el perdonador puede pensar que al que perdona puede quedar en una desventaja moral frente a él, en un desnivel, y no. Para Jesucristo el perdón es reconciliación, es ponernos todos al mismo nivel. En ese sentido, la fuente es Cristo. La vida que Jesucristo vive y luego la búsqueda de la fraternidad donde no haya desniveles ni morales, ni políticos, ni sociales. Solamente así, creo, que se puede lograr la reconciliación.