Pokemon Go, la fiebre

La obsesión con ‘Pókemon go’ es la locura en Estados Unidos y está llegando a México. Se trata de un videojuego a través de un teléfono celular con acceso a internet. Los jugadores caminan por sus colonias, parques y vecindarios utilizando los mapas contenidos en el juego. Estos mapas son reales gracias a Google Maps. En el mapa aparecen monstruos virtuales llamados Pókemon (el nombre significa ‘pocket monster’ o monstruo de bolsillo). Los jugadores deben de caminar en el mundo real hacia donde el mapa indica que se encuentran estos pequeños engendros, y una vez que la pantalla los detecta, hay que dispararles con una pelota virtual.13654238_10201676957763423_7918727949633457232_n

El juego está basado en las caricaturas japonesas ‘Pókemon’ de los años 90, y atrae a
jugadores que crecieron con ese juego cuando eran niños. ‘Pókemon go’ está hoy superando al número de usuarios de Twitter. En promedio los jugadores pasan 45 minutos al día entretenidos atrapando los monstruitos. Como se trata de un juego al aire libre, los pókemons aparecen en monumentos, sitios históricos de las ciudades y hasta en las iglesias. No será raro que pronto alguna persona entre a misa, no por devoción, sino por atrapar con su teléfono celular un pókemon ubicado en algún sitio del templo.

Algunos católicos se preguntan si tiene algo de malo jugar Pókemon go. Hagamos algunas observaciones: lo positivo, lo neutro y lo negativo. Lo positivo es que se trata de un juego al aire libre para que los jugadores caminen. Caminar es generalmente una actividad saludable para chicos y grandes. El juego ha sido causa de que las personas se reúnan en calles, parques y monumentos. Estas reuniones pueden ser buenas porque permiten conocer gente con intereses similares y hacer nuevos amigos.

Screen Shot 2016-07-31 at 9.43.44 PMHay otras personas que se inquietan por saber si ‘Pókemon go’ es un juego relacionado con espíritus malignos o demonios, y por tanto, se preguntan si puede existir el riesgo de un daño espiritual. El juego no tiene nada que ver con la magia o la brujería, aunque algunos de los pokemones tienen habilidades psíquicas. Son criaturas animadas que no existen en el mundo real. Son mera fantasía y la fantasía no es algo condenable. Y aunque ‘Pókemon go’ nada tiene que ver con la fe católica, parece que tampoco la afecta. Por ello es un juego, en sí mismo, inofensivo, neutral.

Lo negativo de este videojuego es que muchas personas lo están jugando durante períodos de tiempo muy extensos. Mientras que la mayoría juegan un promedio de 45 minutos, otros se obsesionan durante horas. Con la mirada puesta en sus teléfonos, y no en el mundo real que los rodea, hay un riesgo de ser atropellados por un coche, tropezar en un bache o de tener algún accidente por distracción. Si el juego interfiere con el cumplimiento de responsabilidades en la escuela, en casa o en el trabajo, evidentemente jugar ‘Pókemon go’ se vuelve una actividad dañina a la persona.

Hay que observar que en este juego se mezclan el mundo real con el mundo virtual. El mundo real pasa a segundo plano porque se vuelve un escenario del juego. El jugador entra al escenario del juego en su pantalla e involuntariamente está en la realidad. Se abre una distancia que aleja al jugador de la realidad que lo rodea. ¿Qué pasa cuando una persona que atrapa pokemones, su pantalla lo lleva hasta un barrio muy pobre de la ciudad, lleno de hambre y miseria, indicándole que ahí, entre niños de la calle y prostitutas, están escondidos los monstruos? El dramático mundo real pasa a segundo plano mientras que satisfacer una fantasía se vuelve lo más importante. La realidad, entonces, es distorsionada.

Los videojuegos son parte de nuestro mundo actual y lo seguirán siendo. Para utilizarlos con sabiduría son útiles los consejos de san Francisco de Sales. En la Introducción a la Vida Devota, el santo obispo nos ofrece tres criterios para nuestras recreaciones. Primero, éstas son necesarias para rejuvenecer el cuerpo y la mente. Segundo, la recreación en forma de juegos y competencias requiere tener habilidades. Tercero, la recreación debe de ser moderada para no convertirse en ocupación. Los videojuegos deben, entonces, ser sana diversión y no ocupación.

San Francisco de Sales no conoció los videojuegos ni los pokemones. Si los hubiera conocido, quizá hubiera agregado un cuarto criterio para utilizarlos: que no nos hagan insensibles al mundo real donde hay tanto sufrimiento que remediar, y donde está esperándonos, entre luces y sombras, la presencia de Dios. Esa sí vale la pena atrapar.

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